Pagos impuntuales

Anda por ahí un brote de irregularidad en ciertos centros estatales con el pago, que quebrantan algo tan sagrado como la puntualidad y exactitud en el día de cobro de los trabajadores.

Idania Febles (calle 10 No. 369, entre Concepción y Dolores, Lawton, Diez de Octubre, La Habana) cuenta que es trabajadora de la Residencia Estudiantil Los Laureles, sita en el municipio capitalino del Cotorro. Y precisa que dicho centro pertenece a la Unidad Presupuestada Residencias, adscrita a la Dirección Provincial de Educación.

Tradicionalmente —añade— allí se ha cobrado el día 10 de cada mes. Pero en febrero les pagaron el 12, y a un grupo de trabajadores no les salió el salario ese día. En abril, situaron el dinero el día 11, pero en el caso de Idania todavía el 14 no le habían pagado.

Afirma la trabajadora que, preocupada por este asunto, llamó a la Dirección Provincial de Educación, a la persona que atiende Asuntos Laborales. Esta quedó en darle respuesta, y aún la estaba esperando Idania cuando nos escribió el pasado 16 de abril.

La lectora también llamó al Sindicato Provincial de Trabajadores de Educación y habló con una compañera llamada Ana María, quien le dijo que le respondería, pero tampoco había cumplido ese compromiso cuando la trabajadora escribió a esta sección.

«De la Unidad Presupuestada Residencias —señala—, nadie de los que tienen que ver con mi problema han tenido la delicadeza de darme una explicación. Y yo pregunto: ¿Hasta cuándo los trabajadores vamos a seguir permitiendo esa irresponsabilidad de quienes nos dirigen? ¿Cómo es posible que tenga que esperar más de cuatro días después de la fecha de cobro, por ineficiencia de alguien?».

Especial la escuela, pobre el transporte

La educación especial goza de una gran atención docente y humana en Cuba, pero lamentablemente el servicio de transporte que en ocasiones se brinda a esos niños vulnerables, debido a limitaciones con que trabajan ciertas escuelas, no está a la altura de la grandeza de esas instituciones.

Lisandra Alcántara, quien reside en calle Patrocinio No. 358, entre Destrampes y Figueroa, en Víbora, tiene una hija con dificultades visuales que asiste a la  escuela especial 28 de Enero, que radica en el reparto El Roble, del municipio capitalino de Guanabacoa.

Cuenta Lisandra que en octubre y noviembre de 2013 comenzaron a presentarse serias dificultades con el traslado de esos pequeños, pues los ómnibus escolares que los transportan se rompen con frecuencia. Muchas veces hay que fusionar dos recorridos, que son extremadamente largos, y en consecuencia, los niños llegan muy tarde a sus aulas (nueve y diez de la mañana), y al final vuelven a su casa a las ocho y nueve de la noche.

En las reuniones con los padres ese es el plato fuerte, no solo por las molestias sino por el perjuicio que ello ocasiona al proceso docente-educativo. Y la Dirección de la escuela ha planteado el asunto a instancias superiores. La respuesta es que se va a resolver, pero ¿cuándo?

La Base de Transporte Escolar No. 4, de Guanabacoa, que tiene contrato con la escuela, alega que el parque de ómnibus es viejo y faltan las piezas. Los choferes muchas veces tienen que costear de sus bolsillos los arreglos.

Los padres —refiere Lisandra— tienen  temor, ya que los ómnibus están muy viejos y deteriorados, con la chapistería pésima, incluido el piso. Una instructora va al frente de los niños, los recoge y los cuida, pero la situación de los ómnibus es preocupante.

«Lo ideal sería —apunta— disponer de una base de transporte que responda solamente a esas necesidades (...) Habría que buscarle alguna solución.

«En esas escuelas especiales los niños, además de recibir el contenido docente, hacen diariamente tratamiento para poder recuperar o mejorar sus capacidades. Surgieron precisamente para que estos pequeños no perdieran clases yendo diariamente a un centro de salud a atenderse. Mi intención es que se profundice en el tema», concluye Lisandra.

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