Insatisfacciones en La Herradura

Como «imposiciones y violaciones» nombra el lector Yoel Vega González el estilo con que se trata a los trabajadores por cuenta propia del área de comercialización de La Herradura, en el municipio capitalino de Boyeros.

Yoel, quien reside en avenida 26 de Julio, edificio 12, apto. 10, entre 247 y 249, reparto Abel Santamaría, es estudiante universitario y a su vez trabajador por cuenta propia. Sostiene que «desde que comenzamos en el área de La Herradura, tanto la administración de la misma como los directivos de la Empresa Municipal de Comercio y Gastronomía han sufrido cambios en reiteradas ocasiones, y cada vez que asume el cargo otro funcionario se aplican nuevas reestructuraciones, reordenamientos, directivas, las cuales afectan siempre al trabajador por cuenta propia».

Precisa que ellos cumplen con la obligación de pagar su licencia y el diez por ciento sobre las ventas mensuales, como lo establece la Ley Tributaria, además de la seguridad social y la declaración jurada anual. A eso se añade el pago por el área ocupada, que se abona a la Empresa Municipal de Comercio y Gastronomía, por constituir un arrendamiento de espacio estatal. Por esta razón, se cobra a diez CUP el metro cuadrado, y 2,50 CUP por cada metro adicional que se utilice.

Yoel comprende que el trabajador no estatal deba contribuir al erario público, pero le preocupa que todas esas erogaciones los obligan a mantener altos los precios y tarifas de lo que ofertan, con la consiguiente afectación al consumidor, pues de lo contrario, ellos no obtendrían ganancia.

Nunca se ha hecho un estudio de factibilidad en esa área —señala— teniendo en cuenta la falta total de condiciones como baños, agua, desagüe y recogida de basura y escombros, la baja comercialización y la insuficiente afluencia de clientes. Además, según lo establecido, del dinero recaudado en el área se emplearía el 40 por ciento en el desarrollo y mejoramiento de la misma. Llevan tiempo —precisa— pagándole a la Empresa, «y nunca se ha invertido un centavo en esa área».

Afirma que hace más de un año hicieron una reclamación a la misma y al Gobierno municipal, y la respuesta fue una carta con palabras bonitas, pero tras la cual no se produjeron acciones concretas para beneficio del área.

Lo más preocupante —según Yoel— es que en el nuevo contrato con la Empresa se les imponen ciertas cláusulas: «Nos obligan a trabajar seis días a la semana —apunta—, más que lo establecido para un trabajador estatal ¿Somos o no una vía no estatal de trabajo? Si lo somos, nuestra obligación es pagar mensualmente nuestros tributos al Estado, como lo establece la Ley Tributaria.

«¿Cómo es posible que nos quieran controlar los días de trabajo y descanso, los días de elaborar mercancías para la venta o los días de salir a comprar mercancías? También se nos dice en el contrato que tenemos derecho a coger vacaciones dos veces al año por períodos de 15 días. Si yo soy mi propio empleador, si yo me pago mis vacaciones y mi seguridad social, si aun estando de vacaciones sigo con mi obligación de pagar la licencia, los tributos y la seguridad social, entonces ¿qué derechos se arroga la Empresa para decirme cuándo, de qué forma y en qué período puedo coger vacaciones?»

Yoel considera que se ha perdido la noción de que la Empresa de Comercio es solo la arrendataria; su función es situar precio al área que les arrienda y dejarlos trabajar. Pero —afirma— solo les pone trabas y obstáculos con el fin de obtener más ingresos.

Buena parte de los trabajadores por cuenta propia allí se han retirado, y los pocos que quedan —añade— son los que han invertido su dinero en un quiosco, «ilusionados con la idea de trabajar honradamente, ayudar a nuestra sociedad y economía, según lo pidió la Revolución».

Sería saludable que no solo se respondieran las inquietudes concretas de Yoel con respecto a La Herradura, sino también las que podrían reflejar realidades similares a lo largo y ancho del país. Una cosa es la política favorecedora del Gobierno hacia el trabajo no estatal, y otra la aplicación concreta de ella en la base, por los seres humanos que deciden esto y aquello.

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