Respeto para el maestro cubano

Horas después de que se revelaran públicamente los fraudes con las pruebas de ingreso de Matemática para la Educación Superior en la capital, Daisy Torriente, profesora de la Escuela Formadora de Maestros Fulgencio Oroz, de La Habana, era agredida en su integridad pedagógica en la cola para comprar medicamentos en una farmacia.

Las personas comentaban el deleznable suceso, y una de las empleadas de la farmacia espetó: «Menos mal que yo estudié cuando los maestros tenían vergüenza», a lo cual otra agregaba: «Son unos descarados, y los primeros en pedir dinero…».

Daisy se sintió atacada en su decencia profesoral. Les aclaró que esos inescrupulosos profesores que vendieron de antemano la prueba, siempre serán minoría, y nadie tiene el derecho de denigrar al maestro cubano de esa manera tan superficial.

«Los maestros —señala— somos de los sectores más sacrificados de la sociedad. Tenemos que dedicar muchas horas, incluso de nuestra vida privada, a la profesión que ejercemos. Un verdadero maestro siempre se preocupa por llevar lo mejor y más novedoso a sus grupos, además de que todo el mundo sabe que nuestro trabajo no se limita al aula. Tenemos que visitar a los alumnos, discutir con los padres, y a veces hasta hacer lo que le toca a la familia.

«Hace tiempo que no tenemos el reconocimiento social que merecemos (...)».

Daisy no acepta que alguien justifique a esos inmorales profesores, partícipes de un lucrativo fraude, con el pretexto de la difícil situación económica del país. «Esta maestra que escribe —afirma—, se vio en pleno período especial sin apenas tener qué comer, viendo a su hija ir al preuniversitario con los zapatos rotos. Y nunca pasó por su mente vender una nota.

«Y como yo hay miles de maestros que pasaron por lo mismo, con tremenda dignidad. Por eso, les pido a las autoridades competentes que apliquen sanciones ejemplarizantes a esos ciudadanos; a ver si a nadie más se le ocurre seguir desprestigiando esta profesión. Y el que no pueda comportarse con dignidad, que se vaya a otro lado, que quienes estamos aquí cubriremos sus puestos, como siempre lo hemos hecho», concluye Daisy.

Isora en el recuerdo

Luego de salir conmovido por el filme cubano Conducta, que estremeció ética y sentimentalmente a este país, Welner Abrahantes confiesa desde su domicilio en Calixto García No. 1-A, en Ranchuelo, Villa Clara, que él tuvo también una Carmela de profesora, en el Instituto Preuniversitario en el Campo Felipe Torres Trujillo, en el poblado villaclareño de Manacas.

Su Carmela es la profesora de Historia Isora Valido, «una persona maravillosa a la cual respeto y admiro mucho. Gran parte de lo que soy hoy en día, como hombre y como profesional, se lo debo a ella. No tengo más que ese nombre y apellido, que nunca olvidaré, pero estoy seguro de que en su pueblo natal, Santo Domingo, muchos de los que estuvieron sentados en su clase de Historia la recordarán al ver el filme Conducta».

Welner desata el ovillo de los recuerdos sobre aquellos tiempos duros de su pre rural, por la lejanía de la familia y el trabajo en el campo junto a la actividad docente. Y rememora una larga lista de entrañables profesores, exigentes y cascarrabias pero, ante todo, grandes seres humanos y entrañables amigos.

«Solo espero —señala— que si algún día se publica esta carta, y mi querida Isora Valido la lee, o si alguien que la conoce la lee, le diga que uno de sus alumnos, quizá no el mejor, se ha convertido en un hombre mejor gracias a ella. Y que por cosas del destino desde hace 12 años o más no he podido hablar con ella, ya que su teléfono se me extravió.

«Si este mensaje llega a sus manos, profe Isora, mi teléfono es 45-1780, y mi correo es dagmar@uclv.edu.cu. Escríbame cuando quiera».

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