No veo los espejuelos

Hace alrededor de un año el mayabequense Raúl Herrera Reytor (calle 34, No. 3711, e/ 37 y 39, Jaruco) acudió a la consulta de Oftalmología en el policlínico de Jaruco. Allí, entre otras cosas, le debían medir la vista y dar la orden para sus espejuelos.

En el mes de marzo de 2014 se dirigió a la óptica del municipio. La recepcionista le hizo el trámite correspondiente y le explicó que el periodo de entrega era de 90 días, lo que comenzó a alarmar un tanto al paciente, pues él había escuchado a directivos del ramo afirmar en espacios televisivos que el lapso era de dos meses, narra el lector.

A partir de ese momento —evoca— mes tras mes se ha encaminado Raúl a la óptica para intentar recoger los «segundos ojos», sin los cuales no puede siquiera leer las indicaciones de los medicamentos que toma.

«En una ocasión, hace ya cuatro meses, me dijeron que habían llegado, pero no se correspondían con los que yo necesitaba, por lo que fueron devueltos a San José, que es donde radica el taller. Posteriormente me informaron que ese taller había cerrado y los pedidos habían sido enviados a La Habana unos y otros a Artemisa. No sé adonde irían los míos. Haciendo gestiones por mi cuenta, me dirigí al taller de Artemisa y me sorprendí bastante cuando me dijeron (…) que allí los espejuelos se hacían con rapidez, solo que San José no tenía transporte para recogerlos».

Ante las dilaciones y la poca información, la esposa de Raúl se dirigió a las autoridades de la provincia. Y fue derivando desde el Departamento de Atención a la población del Consejo de la Administración Provincial, a la instancia homóloga a nivel municipal y de allí, nuevamente, a la óptica, apunta el remitente.

A esa última entidad su queja llegó y, al momento de escribirnos (10 de noviembre) ya casi se cumplía el mes de su recibo, mientras Raúl continuaba «sin respuesta y sin espejuelos».

Se trata de un paciente diabético, de 68 años, con gran afectación visual. «No sé ni adonde habrán ido a parar, si a Artemisa o a La Habana, aunque adonde haya sido no importa, pues no los han hecho», señala con angustia. «Y me temo que cuando lleguen, tanto habrá sido el tiempo transcurrido que ya necesitaré otros». Además de los perjuicios que ello le causa desde el punto de vista de su salud, el lector se lamenta pues, «yo pagué por ellos», reflexiona.

Y la ineficiencia, y la falta de transparencia en las informaciones al público, y las lagunas de coordinación entre instancias que deberían trabajar unidas, todo ello, insisto, de acuerdo con lo narrado se ve clarito clarito, sin necesidad de espejuelos.

Del otro lado de la línea

El capitalino Idonir Ramírez Pagés (calle 3ra, No. 23710, e/ 4ta y Lindero, reparto Cuervo, municipio de Boyeros) es cliente de Etecsa desde 2009, y según cuenta nunca se ha atrasado en un pago a la empresa. Sin embargo, él siente que del otro lado de la línea las cosas no han funcionado igual.

Y para fundamentarlo, asevera: «No recuerdo la de veces que he tenido que reportar en este año al 114 la solicitud a la compañía para que revisen las líneas, pues la mayor parte del tiempo el teléfono está sin corriente, y en las visitas que realizan a la casa me solucionan el problema, pero solo por pocos días».

Por otra parte, apunta el remitente, «pago en CUC el detector de llamadas y no se descuenta el tiempo de rotura», por lo que piensa que además de las deficiencias señaladas en el servicio, está pagando periodos de una prestación que no disfruta.

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