Si contribuyo, merezco…

Ángel Agüero Cuza (avenida 101, No. 2 807, entre 28 y 30, Cotorro, La Habana) cuenta en su carta que tanto él como su hija Aixa Agüero Rodríguez son trabajadores por cuenta propia en ese municipio y cumplen con sus deberes tributarios; por eso esperan también atención del Estado.

Precisa él que Aixa labora en la Feria de la  calle 18 y avenida 101, que no tiene las mínimas condiciones: los trabajadores por cuenta propia agrupados allí están al sol, expuestos al agua y al fango cuando llueve. Y no tienen ni siquiera un baño. «Lo más triste, señala, es que pagan su espacio a 20 pesos diarios, y en los cinco años que llevan muchos allí, no les han creado ninguna condición».

Refiere que a fines de diciembre de 2014 el especialista de la Empresa de Comercio municipal informó que estaban reparando un local para concentrar a los trabajadores por cuenta propia de la Feria, lo que les ratificó también un funcionario del Gobierno municipal.

Pero al concluirse el local, agrega, les dijeron entonces que Comercio lo iba a emplear para situar allí un mercado Ideal. Y los cuentapropistas siguen en la calle, a la intemperie. «Han pasado tres meses, y dicho local sigue vacío y lleno de polvo», manifiesta.

Cinco años pagándole al Gobierno, precisa Ángel, es para que se ocupen de las condiciones en que allí se trabaja. Y  tiene razón. Por cuenta propia, pero son trabajadores como el que más, y brindan servicios valiosos a la comunidad, al tiempo que contribuyen a la riqueza pública.

Sugerencia

Jorge Luis Rodríguez Valdés (calle 9na.,  No. 2, Los Arabos, Matanzas) refiere que su esposa es trabajadora por cuenta propia. Y al realizar las compras de insumos en las tiendas en divisa, para mantener su negocio, rara vez puede recoger la factura que le respalda, pues los empleados plantean no tener modelos con ese fin. Y así, no puede justificar sus gastos ante la Oficina Nacional de Administración Tributaria (ONAT).

«Al analizar el modelo que se emite por la máquina registradora, apunta, encuentro que recoge el nombre del punto de venta, el del empleado, el total de los productos y su precio. Y me pregunto: ¿Por qué no se agrega a este el número de licencia del trabajador por cuenta propia y la firma del empleado que realiza la venta?».

Añade Jorge Luis que si existe carencia de modelos por las entidades que rectorean esas unidades, bien pudiera coordinarse con la ONAT para aprobar la validez del vale de compra, con el respectivo agrego de la licencia del trabajador al dorso.

Las apariencias engañan

La mínima decencia recomienda que, aun cuando una entidad no pueda resolver por el momento el problema de un ciudadano, al menos se le trate con cordialidad y esmero, y se le expliquen las razones, siempre sopesando que esa persona merece todo el respeto del mundo.

Eso fue lo que sintió Yennier Felipe (calle 2da., No. 391, entre Línea y Río, Barrio Azul, Bayamo) cuando el pasado 1ro. de abril visitó la Sucursal de Etecsa de Capotico 123, en esa ciudad, para realizar un trámite.

Relata él que estaba esperando allí a la persona responsabilizada con Atención a la Población, para aclarar algunas dudas. Y resultó ser el jefe principal de la sucursal. Mientras el hombre atendía a otros, Yennier desde lejos se adelantaba en conjeturas, pensando que, por las características del rostro del funcionario, seguramente era una persona de carácter fuerte. Me vino a la mente, confiesa, que era tremendo «cuadrao».

«Y me equivoqué, reconoce, ya que cuando llegó mi turno y comencé a intercambiar con Juan Carlos, que así se llama, sentí pena. Sí, porque mostró sensibilidad, respeto y buen trato en todo momento. Así es como queremos los cubanos que se nos trate.

«Y aunque espero porque se le dé solución a mi necesidad, ya que depende de disponibilidad técnica, quisiera que a Juan Carlos y a todo su equipo de trabajo llegue el más sincero reconocimiento por su profesionalidad y por prestar un servicio de calidad, eficiencia, cortesía y respeto hacia los clientes», concluye.

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