Desilusión profesional

Como cualquier madre, Middrey Reyes León está muy preocupada por el futuro profesional de su hijo Yaumel Tamayo Reyes, de 23 años, allá en Unión Primera 19 C, entre Coronel Bringas y Sociedad Patriótica, en la ciudad de Camagüey.

Cuenta Middrey que el joven se graduó como Licenciado en Psicología de la Salud este año, después de muchos sacrificios y desvelos en la carrera universitaria, y en la confección y defensa de su tesis de grado. Y en septiembre pasado fue ubicado en el policlínico Este, de esa ciudad, para hacer su adiestramiento mediante el servicio social.

Lo primero, según Middrey, fue que le dijeron al egresado que «estaba en exceso en la institución y en la provincia». Con razón, Middrey se pregunta cómo un profesional egresado puede ser ubicado oficialmente en una entidad, para que le digan que sobra.

A Yaumel, después de haberse quemado las pestañas en su especialidad durante cinco años, lo movilizaron en la campaña contra el mosquito vector del dengue. Su función era de aviso en las viviendas para la posterior fumigación.

Luego de unas semanas, Yaumel enfermó de dengue y estuvo en cama durante unos diez días. Y al reincorporarse al trabajo, la directora del policlínico le indicó que debía realizar las labores de fumigador con una mochila, algo que el joven no menosprecia en ningún sentido, pero que no fue para lo que estudió una carrera universitaria.

Yaumel no estuvo de acuerdo con la decisión, y se negó a realizar la tarea, aduciendo que él no había estudiado la carrera para eso. Pensó en pedir la baja y buscar empleo en otra institución de la salud.

Y al fin, a los diez días, el egresado encontró trabajo en Educación como psicopedagogo. Solicitó la baja en el policlínico, y la directora del mismo le informó dos días después que le iba a aplicar una medida disciplinaria por su negativa a incorporarse a la campaña: separación definitiva del centro.

«Es una medida que mancha el expediente de trabajo de mi hijo —refiere Middrey— y que le puede afectar toda su vida laboral. ¿Cómo puede ser esto, si el Servicio Social es para que le enseñen, lo guíen y lo preparen para su vida laboral.

«Mi hijo lleva ya un mes, y no sabe lo que es un paciente de verdad. No tiene un plan de trabajo, solo la tarjeta de entrada y salida, que se la dieron para que la tuviera en su poder, y se la recogieron el día del cierre para el pago.

«Mi hijo está desilusionado profesionalmente. Todos sus sueños y deseos están en el piso. ¿Para eso se gradúan los psicólogos en esta provincia? ¿Fue necesario que la directora le pusiera una medida disciplinaria por no querer fumigar, y con ella mancharle el expediente a un recién graduado que está en adiestramiento?», cuestiona Middrey.

No es la primera vez que irrumpe en esta columna el drama de los jóvenes egresados que, luego de una preparación integral como universitarios, son mal utilizados y no se les permite aprovechar su adiestramiento, en labores que no se corresponden con su perfil. Si bien tienen el deber de cumplir su Servicio Social, también las direcciones y administraciones que los acogen están obligadas a respetar sus años de estudio. ¿Cuántas frustraciones se anidan así?

Alerta contra hostigadores

Rosa Margarita Casanueva Patiño (Calle Oeste 10110, entre Perla y Avenida Los Pinos, reparto Los Pinos, La Habana) es otra madre que alerta sobre un fenómeno bochornoso que está lacerando a su hija y a otras estudiantes del Instituto Superior Pedagógico Enrique José Varona, en Ciudad Libertad, municipio capitalino de Marianao.

Refiere la remitente que tanto su hija como otras condiscípulas están muy asustadas y alarmadas porque en los alrededores de las dos entradas que tiene Ciudad Libertad, por calle 76, se parapetan hombres masturbándose y otros que asaltan a las personas.

«A esta realidad hay que ponerle freno —afirma—. No debemos esperar a que ocurra un hecho lamentable para tomar medidas. Alumnos, familiares y trabajadores que transitan por esas calles, algunas bastante apartadas, necesitan tranquilidad y seguridad.

«Es hora de que los directivos de los centros educacionales que conviven en esa gran Ciudad Escolar, contacten con la Policía Nacional Revolucionaria, para que tome cartas en el asunto», concluye Rosa Margarita.

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