Con respeto, la Zoonosis

El pasado 20 de noviembre la doctora Valia Rodríguez Rodríguez denunciaba aquí, desde la capital, un video que anda circulando por Internet, en el cual se muestra un carro de Zoonosis que recoge un perro callejero en la intersección de 23 y 2, en el Vedado.

La remitente, a todas luces una mujer sensible y humanitaria, describía la escena del video, que calificaba de «perturbador y alarmante». En ella, el trabajador de Zoonosis recoge al animal, lo transporta de cabeza, colgado por las patas traseras, y lo tira con violencia contra la apertura posterior del carro, en medio de los gemidos del perro, la mirada impávida de otro trabajador de Zoonosis y el audio de las protestas de algún público que presenció el hecho.

Preguntaba la doctora Valia si la acción de Zoonosis es controlada por un comité de ética que vele por la correcta manipulación, transporte y el posterior sacrificio de esos animales callejeros. Afirmaba que el maltrato a los animales en Cuba se favorece porque no existen leyes o reglamentos que protejan a esas criaturas y exijan el funcionamiento real de las comisiones de ética en aquellas instituciones que trabajan con ellos.

Al respecto, responde el doctor Reinol Delfín García Moreira, director provincial de Salud en La Habana, que la comisión creada al efecto se entrevistó con la doctora Valia y le explicó que se realizan acciones sistemáticas de información a las personas por los medios de prensa, relacionadas con la tenencia de animales.

«Existen evidencias —afirma— de que cuando surge alguna contradicción para mantenerlos, entonces la solución es deshacerse de ellos. La mayoría de las veces son echados a la calle. Y esa conducta es nociva, pues implica propagación de enfermedades zoonóticas, las cuales son transmitidas de animales a personas».

Precisa que ello genera gran cantidad de quejas y solicitudes para que sean recogidos esos animales abandonados a su suerte; quejas que se reciben en el Departamento de Epidemiología del Centro Provincial de Higiene, Epidemiología y Microbiología.

El programa de control y prevención de rabia y leptospirosis, apunta, es desarrollado por especialistas, técnicos y obreros para que no ocurran fallecimientos por esa causa. Pero ello «no justifica la mala manipulación de los animales ni su maltrato, elementos que se reiteran en los encuentros de trabajo con ese personal».

Refiere que, como parte de las acciones para perfeccionar el trabajo de los capturadores, se les capacita en cuanto a las buenas prácticas en la recogida de perros callejeros. Y ese personal es acompañado por los jefes del programa de Zoonosis de cada municipio, los responsables del cumplimiento de los procederes establecidos en la captura de esos animales.

También se garantizan los medios de protección al personal que recoge a los perros callejeros, se promueve la elaboración de un registro de mascotas y el desarrollo de un programa de esterilización. Deben incrementarse las actividades de promoción de salud y educación comunitarias, con vistas a mejorar la conducta de las personas hacia sus mascotas.

«La solución de este problema —remarca— no compete solo a Salud Pública; debe realizarse un trabajo multidisciplinario e intersectorial que involucre a organismos con relación directa con los animales, como el Instituto de Medicina Veterinaria y las propias sociedades protectoras de animales, entre otros».

Agradezco la respuesta, y también la denuncia de la doctora Valia, quien, una vez más, sitúa un tema de alta sensibilidad en el candelero público. Es evidente que el país necesita una Ley de protección a los animales, que  contenga a los maltratadores de esas criaturas y obligue a los amos de mascotas a responsabilizarse con estas. Pero mientras tanto, hay que exigir por que la necesaria actividad de Zoonosis se haga con la mayor integridad y respeto a los animales callejeros.

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