El cliente paga la culpa

Hernán Rodríguez Gámez (San Carlos 74, entre General Rabí y Santiago, Santiago de Cuba) cuenta que su esposa, de misión en Mozambique como médico, envió el 26 de noviembre de 2015 una carga en un contenedor, conjuntamente con otros dos colaboradores que concluían su misión allí.

El 7 de marzo pasado avisaron que el contenedor estaba en puerto desde el cuatro. Fueron el 8 a la Naviera en Santiago, y allí el funcionario Luis Carlos les informó que debían pagar 1 500 CUC como garantía, por si demoraban en recoger la carga. Para recibirla tenían hasta 15 días a partir del 4 de marzo. Ya tenían tres días en desventaja.

«(...) Se dio ese dinero más 25 CUC por el derecho a confeccionar los documentos».

Se hizo el trámite con Transcargo en Santiago de Cuba, para que se pasara a tiempo a la Aduana y se procediera a la entrega de la carga. El 10 de marzo, ya todo listo, le informaron a Hernán en Aduana que no se podía dar la carga porque no había condiciones idóneas en el puerto de contenedores para que esta realizara el trabajo de entrega.

El 11 de marzo Hernán planteó en la Naviera que ya no era responsabilidad de él, que si se pasaba de los 15 días quién iba a pagar los 15 CUC diarios por estadía. Y Luis Carlos respondió que lo pagaban los clientes, aunque no fueran responsables.

«¿Para qué existen esas empresas, dice, si son incapaces sus administrativos de determinar quién es realmente responsable y quién no? ¿Dónde está la justicia? ¿Por qué el cliente siempre tiene la de perder?».

Al fin, el 30 de marzo entregaron la carga. Ese mismo día, el colaborador Abel Tobías, a nombre de quién estaba, llamó a Luis Carlos. Y se le informó que ya el contenedor estaba libre. Habían pasado 11 días tras los 15 que tenían para recoger la carga. «Debemos pagar 165 CUC por estadía en puerto, añade, sin responsabilidad alguna, lo que no entiendo y nadie me ha esclarecido. Hoy 12 de abril, 13 días después de sacada la carga, nadie sabe de los 1 500 CUC que deben reintegrarnos. Tras hablar con Luis Carlos todo sigue como si nada».

Tantos nombres, y sin agua…

Raisa Dávalos Rodríguez (Hospital 253 e/ San Lázaro y Jovellar, Centro Habana, La Habana) cuenta que ¡llevan 62 días sin agua! los residentes en ese edificio, que tiene dos entradas: una por Jovellar y la otra por Hospital.

Dice que en diciembre de 2015 detectaron una contaminación en la cisterna, que fue resuelta el pasado 20 de enero. Desde entonces, y hasta el 3 de febrero no hubo problemas con el agua. Pero ese día se anunció un paro y estuvieron sin ella hasta el 8. Ya desde el 10 de febrero y hasta ahora no ha vuelto a entrar, con la excepción del 25 y el 26 de marzo que sí tuvieron.

Han informado a Clarita, de Aguas de La Habana en el parque Trillo, desde el 12 de febrero. En la madrugada del 14 de ese mes se presentó en la cisterna el inspector Pedro y así lo hizo durante tres días consecutivos. Comprobó que no estaba entrando agua. Así continúan hasta hoy.

El 9 de marzo se entrevistaron con Dulce, quien envió una brigada que cambió la tubería de entrada, de media pulgada, por otra de una. El inspector Pedro estuvo allí hasta las 2:30 a.m. y de nuevo comprobó que no entra agua.

Apelaron al Centro de Incidencias con Mabel, quien los encomendó a Alina. Y les dijeron que la solución está en manos de Dulce, directora de Aguas de La Habana en Centro Habana, para que los incluyan en el Plan de pipas.

Se ha aludido a que la calle Vapor estuvo un año sin agua, y que a partir de solucionar el problema, es que se ha visto afectada Hospital. También les dicen que hay bajas presiones, que los motores de la Cuenca Sur han tenido problemas, y otros argumentos…

El 6 de abril, Lisandra, del Centro de Incidencias, les concertó cita con el director, que no se pudo dar. Fue con Dulce, «y de nuevo escucharon los mismos argumentos: que el territorio está deprimido, la sequía…, y no hay solución, salvo incluirnos en el Plan de pipas. Pero tal servicio es pésimo. Entre una y otra pipa pasan hasta nueve días. Y nuestra cisterna es pequeña», afirma.

Ahora dicen que ya no depende de Aguas de La Habana, sino del Centro de Operaciones. «Es triste ver, acota, cómo se derrama el agua en la esquina de la bodega de Hospital y Jovellar, a escasos metros de nuestro edificio».

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