Excursión al disgusto

No sospechaban lo que sobrevendría, cuando Jesús Rivero  y familia (calle 1ra., No. 4815, entre Cuarta y Sexta, reparto Ciudamar, San Miguel del Padrón, La Habana) hicieron una reservación el 4 de agosto en el Buró de Turismo del hotel Meliá Habana, para Villa Cuba, de Cubanacán, en Varadero, del 15 al 17 de ese mes, incluida la transportación de ida y vuelta.

Según la reservación, debían estar con anticipación el día 15 en la sala polivalente Ramón Fonst, pues los recogerían allí los ómnibus a las 10:00 a.m., con destino hacia Varadero. Llegaron ese día al punto a las 8:20 a.m. Sobre las 9:00 a.m., comenzaron a arribar los ómnibus de las agencias Cubatur, Habanatur y Cubanacán; las dos primeras con su representación, hasta que recogieron el último de sus clientes. En el caso de Cubanacán, estaban los guías de cada ómnibus, sin expedidor o representación alguna.

A las 10:00 a.m., partió el último carro de Cubanacán, cuya guía les había dicho que había más ómnibus de esa agencia en La Cecilia (punto de recogida primario), que pasarían a recogerlos. Ya a las 11:00 a.m., comenzaron a llamar a Información (113) para comunicarse con el Meliá Habana y quejarse, pues además de no estar en el lugar ningún representante, en los comprobantes tampoco había un teléfono o algún recurso que amparara al cliente. Solo deberes se enunciaban en el boleto, nada de derechos.

Comunicaron con el Meliá vía móvil, les atendieron y dijeron que contactarían con el transportista para darle solución al problema, que también sufría otra familia de tres personas con destino a Mar del Sur y tampoco la habían recogido. En total eran diez personas que no aparecían en ningún listado de los carros.

Al fin, sobre las 11:40 a.m., se comunicó con ellos un representante de Cubanacán Habana, el coordinador para esos viajes. Les pidió que se trasladaran por sus medios al Hotel Parque Central. Allí esperaba un ómnibus que los transportaría. Tras mediar con el funcionario, fue que cambió de plan y decidió enviarles un taxi, que, en dos viajes, llevó a las dos familias al Parque Central.

Ya allí todos, sobre las 12:20 p.m. preguntaron y les dijeron que no sabían del carro que los recogería. Entonces llamaron de nuevo al representante, quien les dijo que el ómnibus pasaría por el hotel a las 2:00 p.m.

«Todo esto, refiere Jesús, con dos niñas de cuatro y siete años, información que dimos desde el principio. Al final, la señora que debía viajar a Mar del Sur se fue con sus dos hijos en un taxi y nosotros en el ómnibus de marras, donde fuimos bien atendidos tanto por la guía como por los choferes».

Llegaron al hotel pasadas las 5:30 p.m. Perdieron tiempo del disfrute. Y volvieron a llamar al coordinador para confirmar el regreso, asunto que, según él, estaba solucionado.

El miércoles 17, la víspera de la partida, Jesús envió un mensaje al representante, recordándole que la salida era el jueves 18, a las 4:00 p.m., de Villa Cuba, y el número de comprobante, a nombre de su hija, con siete pasajes. Ese día, Jesús volvió a llamarlo y le recordó que le había dado los datos para que no sucediera lo mismo que en la ida. El funcionario le respondió: «Tranquilo, todo está visto, no va a tener problemas…».

El jueves 18, a las 4:00 p.m., esperaban. Pasaban ómnibus, y ellos no aparecían en ninguna lista. Ya sobre las 5:00 p.m. Jesús volvió a llamar al funcionario por móvil, quien le dijo que no había problemas, que los recogerían. A las cinco y tanto, pasó el último carro de Cubanacán, que por suerte se había retrasado en el viaje de ida Habana-Varadero. Y al bajar su guía Dayna, Jesús le explicó lo sucedido.

Dayna le dijo: «Vengo a recoger a Fernando Díaz»; y le solicitó el comprobante, que estaba a nombre de la hija de Jesús. Era el mismo número, pero en manos de la guía estaba a nombre de un tal Fernando Díaz.

«Entonces, dice Jesús, concluí que nadie nunca se ocupó del tema, que consumí casi 11 CUC de mi saldo telefónico particular por gusto, que las llamadas y el mensaje con los datos, con 24 horas de anticipación a la salida, no fueron revisados, ya que me informaron que 24 horas antes arman cada viaje de este tipo.

«Concluí también que la solidaridad con el prójimo tampoco funcionó, como también importó poco que en el grupo había dos niñas. Que no se respetó el derecho de un cliente cubano, que todos sabemos cuánto hay que sacrificarse para hacer uno de estos viajes.

«Solo me queda agradecer a Dayna, que gracias a su ingenio pudimos viajar de regreso, ya que enterada de nuestro caso, corroboró el comprobante como debían haber hecho las personas encargadas de este tema. Y lo pensé mucho para escribirle, sobre todo porque son cubanos los responsables de tamaños maltratos. Pero fue mi familia, sobre todo mis nietas e hija, quienes tuvieron que mezclar el placer del descanso con la falta de sensibilidad de otros», expresa Jesús.

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