«Galletazo» a la calidad

El pasado 15 de marzo, Alfredo Sánchez Lara contaba aquí que había adquirido en el Mercado de 23 y 10, en el Vedado capitalino, un paquete de galletas de sal que estaban crudas, filosas, difíciles y peligrosas de masticar.

Alfredo daba los datos de la etiqueta: producidas en el Turno 1 de la fábrica de galletas Billy, del Cotorro, perteneciente a la Empresa Provincial de la Industria Alimentaria (EPIA) de La Habana. Y cuestionaba: «¿Nadie probó esas galletas en la fábrica antes de envasarlas y lanzarlas al comercio?»

Al respecto, responde Lisandra Alcalá Ortiz, especialista de Comunicación y Marketing del Centro Provincial de Tecnología y Calidad (Cepteca), adscrito a la EPIA. Y afirma que representantes de Cepteca, junto al consejo de dirección de la Panificadora, revisaron y analizaron la muestra testigo correspondiente.

Se realizaron muestras sensoriales (olor, sabor y textura), afirma, y se comprobó que el producto no reúne en su totalidad la calidad requerida para su comercialización. Y denota los problemas tecnológicos del equipamiento de la industria, «lo que provoca a la salida de la estera las galletas crudas o semicrudas, muy finas o quemadas, apareadas y dobladas».

En tal sentido, manifiesta que «se hace necesaria una selección del producto antes de ser envasado, por el personal indicado en ese punto del proceso, con la previa supervisión del tecnólogo y el administrador». Y añade que se dirigieron al Mercado de 23 y 10, «donde no existían otras quejas sobre la mala calidad de ese producto».

Refiere que, en visita a Alfredo por parte del Consejo de Dirección de la EPIA, se le repuso al consumidor el producto, «y reafirmamos el compromiso de velar con más rigurosidad que se cumpla el procedimiento técnico, sin violar ninguno de los procesos establecidos».

Finalmente, informa que «con las personas responsables de que las galletas que estaban comercializando no cumplieran los requisitos necesarios para su venta, se realizaron los análisis correspondientes y se aplicaron las medidas disciplinarias pertinentes».

Agradezco la respuesta brindada, pero no se precisa quienes son las «personas responsables» del asunto: ¿Trabajadores y/o directivos? ¿Cuáles fueron las medidas?

Se asume el problema como si fuera una dejadez puntual en el proceso productivo y no un fenómeno recurrente. Y al propio tiempo se explica que las galletas sin calidad, están condicionadas por «problemas tecnológicos del equipamiento».

Eso hace pensar que, aún cuando se reforzara el control de la calidad a la salida de la producción, esa industria de seguro deteriora sus costos de producción y eleva sus pérdidas. Y si, como hicieron esta vez, comercializan la producción defectuosa, ¿no hay un contrato con la empresa comercial, de manera que esta última pueda rechazar tales violaciones. Al final, el consumidor es quien paga los platos rotos, más bien las galletas duras, crudas y quemadas…

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