¿No es tan fiero como lo pintan?

Al matancero Pedro Lima Hernández no le gusta el reguetón. Sin embargo, confiesa haberse sorprendido a sí mismo tarareando la letra del bacalao mentiroso y estafador. «Junto a mis nietos he aprendido a escucharlo, y digo más: ¡no es tan fiero como lo pintan! Hace algún tiempo quemé mis naves y he asumido su defensa, me niego a ser conservador y acepto los cambios como un proceso natural de la vida. Escuché decir a una personalidad de nuestra cultura: “¡Eso no es música!”. ¡Dios mío, pero mis nietos la prefieren!

«Dejemos mejor las poses hipócritas y culteranas y aceptemos el reguetón como lo que es: una realidad psicosocial que merece ser estudiada. Por suerte el mundo es bien grande y sobra espacio para todos. Imagino los días angustiosos de Failde cuando sus danzones eran acusados de lujuriosos y de mal gusto. El arte solo es validado por el tiempo. Muy feliz en saber que no estoy solo. ¡Juntos nos lleven a la hoguera!». Así finalizaba este hombre, vecino del municipio de Colón, su mensaje de apoyo al artículo titulado Mala cabeza que, firmado por Rufo Caballero, salió publicado en Juventud Rebelde el pasado 15 de febrero.

Del otro lado escribe Evelin Salgado: «El comentario de Rufo Caballero me parece apasionado; pero válido. Y es que los comentarios se hicieron para eso, para opinar, para colocar las ideas en blanco y negro; pero ojo. A la avalancha de reguetón que nos golpea la cara todos los días, no le hace falta ningún empujón como este, o una mano solidaria que venga a salvar el género del anonimato. Sin sumarme al grupo de los censores, es útil recordar que el mismo grupo al cual Rufo hace un panegírico, entona letras como estas: “la, ‘palestina’, tiene dinero ya no es cualquiera, la, ‘palestina’, luchó una visa y se va pa’ fuera”. Un defensor a ultranza del reguetón podría decir que es cuestión de verle manchas al sol; pero no. Este sol tiene la enorme mancha de defender la idea de que solo el dinero te “hace persona”. O sea, según Gente de Zona, los profesionales cubanos que vivimos de nuestro salario somos “cualquiera”, los habitantes de la región oriental del país están en la lista de “cualquiera”, quien nunca haya obtenido una visa es “cualquiera”. No niego la necesidad del dinero —¡faltaría más!—, pero ¿¿¿¡¡¡¡la “palestina” tiene dinero ya no es cualquiera!!!!????.

«Eso, sin mencionar que nos han llenado los oídos con los conflictos entre grupos de reguetoneros, que luego tienen su expresión en el público adolescente y que, por lo general, termina, mal, muy mal. Creo, Rufo, que es bueno ver el lado bueno en un género sobre el cual la mayoría de los periódicos y revistas emite críticas; pero no podemos ser ingenuos. “No todo es oro” significa que desde sus letras están entronizando en nuestra juventud ideas y actitudes que no necesitan más combustible».

Mala cabeza ha provocado un aluvión de correos electrónicos que avivan la polémica, pues las opiniones de nuestros lectores están francamente divididas: unos a favor, como Pedro Lima y el villaclareño José Miguel, de 46 años, que no se sonroja «ni me muero de pudor tampoco. Gracias por su valentía porque ese, su criterio, debió sonar bien fuerte en algunos oídos zurdos o, mejor, absurdos»; pero también otros completamente contrarios.

Están, además, aquellos que han escrito verdaderamente indignados. Ese es el caso de un joven que por su dirección de correo parece llamarse Eggie, quien menciona y enumera «cosas inherentes a esta manifestación: ¿borra-chos y muchachos vociferando canciones de reguetón en plena madrugada en un barrio cualquiera? Check ¿Jóvenes “pudientes” y fiesteros en autos con la música “a tabla” más o menos a la misma hora, sin importarles si alguien no puede dormir, simplemente porque “pueden”? Check ¿Género musical invasivo y estridente, aunque esté en su casa (¡Su casa, espacio legalmente personal e inviolable!)? Check ¿Manifestaciones dañinas en las generaciones más jóvenes, tales como lenguaje vulgar/soez, querer parecerse a sus ídolos a cualquier precio, incluso el del asalto y el robo, y la alarmante disminución del nivel cultural de esta audiencia? Check ¿Ostentación de los “artistas” por tener más que los demás? Check, una vez más».

Después de los ejemplos, Eggie se pregunta: «¿Y quién les explica a los “chamas” que la vida es más que eso, que no todo es fiesta y pachanga, que existe la responsabilidad y el deber, por ejemplo, que nada de eso es así como lo pintan? ¿Mhm? Eso pensé. Probablemente se pregunte qué edad tengo. Casi 26. Yo no voy al teatro, ni me “espanto” películas solo porque son controvertidas y aclamadas por la crítica. Nada de eso. Solo soy un joven estudiante con un poco de sentido común.

«(...) es prácticamente idiotizante el que se ponga en boga un género como este, que parece matar la inteligencia de cualquiera que lo escucha asiduamente».

El norte de la brújula

«Defensor y admirador de nuestra hermosa y rica cultura», se reconoce el joven Rainer González Pichardo, ingeniero informático y docente en la Facultad de Informática de la Universidad de Camagüey, quien entiende que no todo tiene que ser poesía, pero «¿qué me puede decir de Calle 13, que una de sus últimas canciones dice algo así como: “Este es el tiempo de ni p...” y se pasan toda la canción citando el miembro viril masculino de la forma más vulgar?».

El también miembro del Conjunto Artístico Maraguán se pregunta si los niños y los adolescentes deben identificarse «con esta depravación». Y continúa: «están circulando muchos videoclips de manufactura callejera, varios filmados por personas en fiestas privadas, donde participan algunas de estas agrupaciones, y le digo algo: ¿es esto lo que queremos para el futuro de nuestra sociedad? Le confieso que al igual que a usted me gusta el reguetón, tiene un ritmo altamente contagioso, y ¿a qué buen cubano no se le mueven los pies cuando escucha sonar una lata?, pero me parece que debemos ser cuidadosos. No se trata en ninguna forma de ser extremistas, solo de saber delimitar entre lo que sirve y lo que no sirve».

De Camagüey también es Mirelys, quien está a punto de graduarse de Ciencias Alimentarias a sus 22 años. Esta muchacha aboga por la existencia de diferentes espacios donde todos se sientan a gusto y no agredidos por una mayoría o minoría según la posición, «pero si vamos a defender el futuro de la música, no creo que sea el reguetón el norte de la brújula. No quiero hacer campaña y no me opongo al reguetón, tampoco quiero generalizar (...). Me opongo a la superficialidad, a que quieras darle o pasarle la mano al facilismo, a lo banal y lerdo de esas composiciones. Me deprime que encuentres bello el opening del hit El Animal y, discúlpame, pero aun viviendo en un barrio humilde, caminando por esas mismas u otras calles, y relacionándome con todo tipo de gente, no quiero ser como Gente de Zona. No quiero ser ostentosa, no quiero ganarme la vida fácil, quiero ser una mujer respetada y quiero tener a mi lado un hombre que me respete.

«Lo que sucede es que no me incluyen en la gente, yo soy una rarita porque escucho a Carlos Varela, Polito Ibáñez, Joaquín Sabina, bailo con los Van Van, Pupi, Paulo FG y disfruto mucho el punto cubano y lo nuevo de David Blanco. No me considero un censor del buen gusto y disfruto el Castígala de Maraca, pero ojalá esos jóvenes fans del reguetón reconozcan la belleza de estos compositores, ojalá les quede espacio y quieran utilizarlo en Neruda o Gabriela Mistral, ojalá al menos te lean en el Juventud Rebelde.

«¿Por qué lo cubano-popular tiene que ser vulgar? Te convido a escribir y promocionar a esos que no salen en Piso 6, a esos que no necesitan cadenas de oro, carros lujosos y celulares para sentirse cubanos, a los que cantan madrigales de vez en cuando como yo, y también por obra y gracia de la homogeneidad, tienen mala cabeza».

Aunque es economista, a Alain, un joven de 31 años, le gustan mucho las artes en general, pero, muy en particular, la música. Así se presenta este muchacho que asegura que se lee casi todo lo que Rufo escribe. «Entiendo tus posiciones, trato de identificarme casi siempre con las que asumes, y la valentía y originalidad con que lo haces, pero: esta última guerrita con el reguetón no la estoy compartiendo mucho, especialmente con el artículo Mala Cabeza. Aunque creo sacar del artículo que algo importante es no descalificar sin entender, o al menos ser objetivo ante un fenómeno, creo que puedo decirte algo (esto lo disfruto mucho, o sea, el hecho de Yo poder aclararte o aportarte algo), mi hermano, Gente de Zona no es la gente, es parte de ella pero no representa a lo mejor de la gente. Ellos representan a la parte ostentosa, avariciosa y marginal (y no en el mejor sentido de la palabra).

«Sé que el videoclip como género tiene códigos, el cantante de reguetón tiene códigos, pero no creo, de hecho no es así, que la mayoría de la gente que ellos dicen que también son, anden en supercarros, con el ropaje supercomercial con el que andan, con la mentalidad hipermachista, especuladora y callejera (de la mala) con la que se proyectan.

«Yo no soy un tipo de la calle, pero me muevo por ella, y sé lo que te digo. Ojalá todos supiéramos darle el valor que realmente tiene a cada cosa con la que nos encontramos en esta vida y, por supuesto, en la música. (...) Que una expresión sea popular o muy popular, no quiere decir que sea lo correcto; no sé, esos textos tienen cosas muy cubanas y originales, pero tienen muchísimo de vulgar y ofensivo, y promueven valores o, mejor dicho, no-valores que desgraciadamente tiene cierta gente demasiado materialista para mi gusto. Déjalos que existan, estúdialos, analízalos, resalta sus verdaderos valores, baila, goza y sé frívolo de vez en cuando, como también hago yo, pero, mi herma, se te fue el avión. Sigue trabajando mucho, los jóvenes y la gente te necesitamos. ¡Y que viva la pluralidad de criterios!».

¿El dedo en la llaga?

La santiaguera Herminia Casas ve este asunto quizá sin muchas complicaciones: «A mí el reguetón no me gusta pero a los más jóvenes sí, este es su tiempo, que lo disfruten a su manera. Las escuelas, las familias, somos los que educamos el gusto de nuestros jóvenes dándole la oportunidad de disfrutar lo que a ellos, pensamos, les resultaría más beneficioso, pero al final ellos son los que eligen si lo que le damos o lo que encuentran en la red, la calle, la escuela, en fin en la vida diaria, es lo que ellos prefieren».

Mientras, el capitalino Jesús Manuel López Grueiro piensa que sería bueno averiguar cómo surge el reguetón en Cuba. «Imagino que no fue precisamente en las discotecas en cuc, sino más bien en los barrios y en grabaciones en dvd, que se pueden conseguir por 30 pesos cubanos en cualquier esquina, algo que las disqueras no han podido solucionar para tener acceso a la música cubana.

«Como coincidencia, en la misma edición de Juventud Rebelde, el escritor Ciro Bianchi, en su artículo Todo el mundo baila, menciona la cantidad de lugares que existían para bailar en el país desde la época de la Colonia y menciona las críticas realizadas a partir de 1879 cuando surge el danzón (...). ¿Se repite la historia? Pienso que debía de buscarse una solución para que en cada municipio se pueda bailar con algún grupo y a precios accesibles a los bolsillos de los adultos y jóvenes, estos últimos los más necesitados».

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