Javier Dueñas

Frente al espejo

Tributo

«Todos los cubanos conocemos la riqueza patrimonial que guarda la Necrópolis de Santa Ifigenia, en la Ciudad Héroe (Custodiar la grandeza, Odalis Riquenes Cutiño, 17 de enero). Es verdaderamente un camposanto donde reposan gigantes a los que la patria rinde eterno tributo. Pero a los nacidos allí, y que por largos años nos desprendimos involuntariamente de ella, al leer este trabajo nos invade la nostalgia y recordamos nuestra niñez y adolescencia, recuerdos que continúan arraigados en nuestros corazones.

«Es reconfortante saber que las nuevas generaciones de indómitos siguen el ejemplo de patriotismo que siempre caracterizó a sus progenitores. Esos jóvenes, al cumplir tan honrosa misión, alcanzan un patriotismo sin par, que inculcarán a sus hijos. El solo hecho de rendirle tributo al hombre que tuvo la virtud de cohesionar a los más relevantes jefes mambises; al fundador del Partido Revolucionario Cubano, que al servicio de la patria ofreció toda su vida; al más universal de los cubanos, constituye un inmenso privilegio. Honrar, honra…

«Gracias, Odalis, por este hermoso artículo, por el reconocimiento a esos jóvenes de la Unidad de Guardia de Honor a Nuestro Héroe Nacional, y por traernos gratos recuerdos de la ciudad que amamos». (Nelson Leyva de la Torre)

«En la reseña del encuentro que sostuvo Eduardo Galeano con alumnos y egresados del Centro Onelio Jorge Cardoso (América Latina: la tierra que más me duele, José Luis Estrada Betancourt, 22 de enero), aparece en un recuadro una anécdota sobre Fernando Ortiz, que alguien contó al escritor hace muchos años. Supuestamente, el padre le dice al jovencito Fernando, al cruzarse con Martí por las calles de La Habana: “Míralo bien y no lo olvides. Cuidado con ese, porque ese es blanco por fuera, pero negro por dentro”.

«Tal encuentro no pudo ocurrir: Ortiz nació el 16 de julio de 1881. Como es conocido, de su segunda deportación (1879) Martí solo pudo regresar a Cuba el 11 de abril de 1895, para incorporarse a la guerra que había sido capaz de organizar. Lo que ocurrió realmente es que el abuelo de Ortiz, acérrimo racista, le dijo un día a su nieto: “Martí no era de color, pero como si lo fuera; ese fue mulato por dentro”. Lo narró el gran sabio cubano en la conferencia Martí y las razas, que pronunció el 9 de julio de 1941.

«Sirva la aclaración, sobre todo, para promover la lectura de esa intervención fascinante de Don Fernando, que resume el ideario antirracista de nuestro Héroe Nacional». (E.V.)

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