Bush ordenó el descrédito

Secretos y mentiras, de eso se trata. Desde hace un par de años el asunto de la filtración de la identidad de la agente encubierta de la CIA Valerie Plame (aunque ahora ya es ex) viene dando vueltas y más vueltas en los medios, pasó a los círculos judiciales con la designación de un fiscal especial que está investigando y procesando a Lewis Scooter Libby, quien fuera jefe de personal y asistente de seguridad nacional del vicepresidente Dick Cheney, ronda los salones del Capitolio de Washington y señala al Despacho Oval de la Casa Blanca, pero el elefante no acaba de entrar en la cristalería.

Libby no ha sido juzgado aún; Karl Rove, el vicejefe de personal del presidente George W. Bush y prácticamente su «cerebro», a punto de ser acusado en mayo de perjurio, mentir a los investigadores y obstruir a la justicia, ahora casi ha sido exonerado a pesar de su participación en el entuerto; Dick Cheney flota más aún aunque el propio Libby dijo que escuchó la condición de Valerie Plame de boca del vicepresidente, que este le autorizó a nombrarla y que lo hizo luego que el presidente George W. Bush desclasificara la información.

Todo el mundo sabe que tras el asunto estaba el desquite contra el esposo de la operativo CIA, el embajador Joseph Wilson, porque este escribió un artículo en el que echaba por tierra la bien armada invención de las armas de destrucción masiva en manos de Saddam Hussein, que «justificaron» la guerra.

¿Y Bush? pues se ha zafado por ahora de este y otros muchísimos problemas de falta de ética, de secretos, de mentiras, de revanchas, de mal gobierno, de fraudes políticos y otros más tangibles y monetarios, de llevar a sus ciudadanos a dos guerras que parecen interminables y son cada vez más sangrientas y dolorosas, y de mucho más...

Todos pueden dedicarse al próximo combate, las elecciones de medio tiempo de noviembre, pero he aquí que el National Journal acaba de publicar que Bush ordenó a Cheney hacer todo lo posible para defender su administración, incluido el dar información de inteligencia clasificada, y desacreditar a Wilson.

La fuente es bien directa, las declaraciones que el propio mandatario hiciera a los fiscales federales durante una entrevista en el Despacho Oval, el 24 de junio de 2004...

Sin embargo, también Bush aseguró entonces que no había sido advertido de que Cheney se dirigió a Libby para que entregara esa información a la prensa antes de que siguiera un proceso formal de desclasificación gubernamental, por eso le adjudicaron al eslabón «más débil» el papel de chivo expiatorio.

¿Qué es lo nuevo? Pues que esta información, las palabras de Bush de que «sacarán las cosas afuera», similares a las empleadas por Libby para describir lo que Cheney le dijo: «saca todos los hechos afuera», están en los papeles testimoniales que presentó ante el gran jurado el fiscal especial Patrick Fitzgerald.

Ahora National Journal dice: «Dana Perino, una portavoz de la Casa Blanca, declinó comentar. James E. Sharpe, un abogado del presidente Bush, no respondió un mensaje telefónico dejado en su casa... La oficina del fiscal especial también declinó comentar».

Todo sigue entre secretos y mentiras, y por ahora en la impunidad.

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