Las tres del domingo

¡Llamen al plomero!

Eso decía la esposa de Andrés, un comerciante español, cada vez que abría la llave del lavabo porque decía que había salideros. Dudoso ante tanta reiteración, el marido pensó exigirle al hombre un arreglo más eficiente. Mas, para confirmar, decidió que lo mejor era colocar antes una cámara oculta, para confirmar la calidad de su labor. Petrificado quedó el esposo cuando vio el video, y en vez de presentar la queja al trabajador puso el divorcio a su mujer que era, evidentemente, el objeto de los «arreglos».

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