Recados

Durante los últimos meses he regularizado la costumbre de responder directamente y de inmediato todos los mensajes electrónicos que recibo, por muchos que sean y por más que tenga que esforzarme por localizar los datos que piden algunos de sus remitentes. Ya es una norma: mensaje recibido, mensaje contestado. Sin embargo, no me resulta fácil hacer lo mismo con los que llegan a través del correo ordinario. Como me molesta que mis corresponsales piensen que no doy importancia a sus cartas, dedicaré el espacio de hoy, hasta donde alcance, a dar respuesta a algunas.

GENERAL ALBERTO NODARSE

Desde Sagua la Grande escribe el lector Rigoberto Oropesa. Dice que es alumno del sistema Álvaro Reynoso, del Ministerio del Azúcar, y se ha interesado en los últimos tiempos en estudiar el combate de San Pedro, el 7 de diciembre de 1896, donde perdió la vida Antonio Maceo, Lugarteniente General del Ejército Libertador. Se trata de una acción de la que existen unos 50 relatos y que es de las más controvertidas de nuestra historia militar, pues las contradicciones de los testimonios han dificultado a los estudiosos establecer la exactitud de los hechos y despejar incógnitas sobre los probables errores que pudieron conducir a su trágico final.

Eso lo sabe Oropesa y lo que lo mueve a escribir a este columnista es su interés por la figura de Alberto Nodarse Bacallao, uno de los oficiales cubanos que acompañaban al Titán en aquella jornada aciaga y que intentó, en vano, subir a su caballo el cuerpo de Maceo, desplomado a consecuencia de las balas enemigas.

Oropesa supone que Alberto Nodarse, un ingeniero que alcanzó en la Guerra de Independencia los grados de General de División, era oriundo de Sagua la Grande. Allí, dice, hay un barrio que lleva su nombre y como tal lo dan algunos historiadores sagüeros que ha consultado. Precisa que en la parroquia local están registrados, como nacidos en esa ciudad, José Medardo y Claudio Nodarse Bacallao, hijos de Claudio y Rita, naturales, estos últimos, de Matanzas. A él le llama la atención que, según ha leído, fuese precisamente en Matanzas donde Nodarse Bacallao se alzó en armas contra España. Otras fuentes que Oropesa consultó dan a Nodarse como nacido en Cayajabos, Pinar del Río. Pero él no ha podido corroborarlo pese a que intentó localizar el dato en iglesias católicas pinareñas, lo que no le fue posible porque los archivos de los templos a los que acudió fueron destruidos por sendos incendios. Confirmar si Alberto Nodarse nació en Sagua o en Pinar del Río es lo que mueve a Oropesa a escribirme.

En el Diccionario enciclopédico de historia militar de Cuba, tomo I, publicado por las FAR en 2001, aparecen los asientos de Alberto Nodarse Bacallao y de su hermano Orencio, que alcanzó en la gesta independentista los grados de Coronel. Ambos se dan como nacidos en Cayajabos, en 1867, el primero, y el segundo al año siguiente. Orencio fue el primero en incorporarse a la guerra. Ingresó en el Ejército Libertador el 24 de julio de 1895 como miembro de la expedición del vapor James Woodall, que desembarcó ese día por Tayabacoa, límite entre Trinidad y Sancti Spíritus, bajo el mando del mayor general Carlos Roloff, a cuyo Estado Mayor se incorporó Orencio en el IV Cuerpo de Ejército.

Al Cuartel General de ese Cuerpo de Ejército, esto es, en Las Villas y bajo las órdenes de Roloff, se incorpora Alberto el 24 de agosto, y no es hasta el 5 de septiembre en que pasa a la primera brigada de la primera división del Quinto Cuerpo, en Matanzas. Allí, el 19 de diciembre de 1895, se sumó a la columna invasora e integró el Estado Mayor de Maceo, a quien acompañó como ayudante de campo hasta el final. Se dice que en San Pedro asumió las funciones de Jefe del Estado Mayor del Titán por enfermedad de su titular, el general de brigada Miró Argenter.

Muerto Maceo, Alberto Nodarse operó, con el mayor general Pedro Díaz, en territorio villareño hasta que en abril de 1897 asumió la jefatura de la Brigada Sur de la provincia de La Habana, cargo que desempeñó hasta el final de la Guerra de Independencia. Ascendió a general de brigada en 1898 y en el mismo año, a general de división. Recibió nueve heridas de bala, algunas de gravedad, durante la contienda. El 7 de diciembre de 1896, mientras intentaba incorporar sobre su cabalgadura el cuerpo ya sin vida de Maceo, lo hirieron en el pecho y en un brazo.

Fue uno de los nueve generales cubanos que asistió como invitado al acto en que España resignó su soberanía sobre la Isla y la traspasó al gobierno norteamericano. Ya en la República fue, y siempre por la provincia de Pinar del Río, representante a la Cámara y senador. Murió en Artemisa, localidad pinareña entonces, el 25 de abril de 1924.

¿Sagüero o pinareño? Quizá algún lector pueda aportar datos de interés en este sentido.

RIESGOS DEL EQUILIBRISTA

Hay gente que para (mal) vivir se las veía negras en la Cuba de antes de 1959. El lector Luis F. Trueba Peñate, de La Lisa, habla en su carta sobre Faustino, su progenitor, un hombre que para alimentar a sus ocho hijos no tenía otra ocupación que la de subirse a lo alto de un poste, y solo con un paraguas como cobija, mantenerse sentado allí el mayor tiempo posible, alimentándose con pequeños sorbos de malta Tívoli. Si lograba permanecer en su puesto durante toda una semana, la empresa patrocinadora lo recompensaba con cien pesos. Si no, sabrá Dios de qué vivía. Afirma Trueba que eso ocurrió en los años 30 y que las localidades de Regla, Matanzas (frente al teatro Sauto) y Sagua la Grande, entre otras, conocieron de las hazañas de su padre, sobre quien me pide información. Está convencido de que algo debe haberse publicado al respecto «pues tengo entendido que se le dio mucha publicidad en su tiempo por ser las suyas acciones de promoción de la famosa marca».

No he encontrado nada acerca de Faustino Trueba. Sí puedo asegurar que no fue el único «equilibrista». Tengo a la mano varios números de la revista habanera Carteles, correspondientes a 1937, que reproducen fotos de Genaro Castillo (Profesor Frankestein) a quien se le presenta como «campeón internacional de resistencia física». En una de esas fotos se le ve en Santa Clara, donde permaneció durante 185 horas, es decir, más de una semana, en lo alto de un poste sin otra protección que un techo frágil. En la otra, captada en Matanzas, Frankestein, siempre arriba, aparece rodeado de carteles que anuncian el ron Yucayo y, entre otras, una película de la actriz norteamericana Olivia de Havilland.

LA GUANTANAMERA

El lector Eduardo de la Cruz, del reparto D’Beche, en Guanabacoa, quiere saber quién es al autor de Guajira guantanamera ya que leyó, o cree haber leído, que no es de la autoría de Joseíto Fernández. No soy especialista en la materia. Habría que ver lo que dicen Helio Orovio y Radamés Giro al respecto. Pero citaré los criterios de Erena Hernández en su libro La música en persona (1986). Luego de recordar que en 1962 el músico cubano Héctor Ángulo la cantó con los Versos sencillos, de Martí, en la versión de Julián Orbón, en un campamento de verano de EE.UU., y que así la escuchó Pete Seeger, que la grabó más tarde con el título de La guantanamera, Erena precisa que musicólogos europeos negaron a Joseíto la paternidad de su música.

El mismo Joseíto aclaró en una entrevista que en 1940 conoció en la emisora radial CMQ a varios productores norteamericanos que lo invitaron a presentarse en EE.UU. No quiso acompañarlos. Ellos le pidieron entonces la Guajira y él respondió que la cedía para que la interpretase cualquier latino, pero que habría que indemnizarlo si se lucraba con ella. Parece que eso quedó por escrito y fue un argumento a su favor cuando se le negó la autoría de la música.

Se dice en La música en persona: «Los musicólogos argüían que era una tonada hecha por el pueblo, un aire folclórico del que Joseíto se apropió. Se pudo demostrar lo contrario diciendo que no pertenece a un género anónimo como el guaguancó o el son, sino que es una guajira-son, escrita a la manera de Ignacio Piñeiro, en compases de dos por cuatro. Ya el género musical conocido como guajira había sido recreado por Anckermann en los inicios del teatro popular cubano, tomando elementos del punto y de la clave que provienen de las raíces hispánicas de nuestra cultura; con la diferencia de que la guajira al modo de Anckermann era en compases de seis por ocho.

«Y es una melodía original porque no se registra testimonio literario alguno que confirme su similitud con otra tonada, aunque tiene giros y cadencias parecidos al punto, la guajira y el son. A pesar de que la versión cantada por Pete Seeger fue la que más se difundió por el mundo, todos sus elementos melódicos están incluidos en la grabación hecha en discos Víctor por Joseíto y su Orquesta Típica en 1941. Ese mismo año la registró con el título de Mi biografía y el subtítulo de Guajira guantanamera».

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