Vicepresidentes

De todos los cubanos que ocuparon la Vicepresidencia de la República, solo uno pasó desde ese cargo a desempeñar la primera magistratura. Era el de vicepresidente un puesto poco apetecible en la vida política anterior a 1959. Se suponía que era la segunda posición de la República, pero en puridad esa segunda posición correspondía al Alcalde de La Habana, quedando para el vice la responsabilidad de sustituir al Presidente en caso de ausencia, y presidir el Senado, que por otra parte tenía su propio titular.

La Asamblea Constituyente de 1928, que reformó la Constitución de 1901, suprimió el cargo. Se otorgó entonces al Secretario de Estado —Ministro de Relaciones Exteriores— la facultad de sustituir al Presidente. Volvió el cargo en 1936 y la Constitución de 1940 lo restituyó en uno de sus títulos. Puede suponerse que, emergidos del mismo tique electoral, el Presidente y su vice trabajarían unidos. No ocurría así en la práctica, y no era raro que existieran rencillas y enemistades entre ellos. José Miguel Gómez nunca soportó a Alfredo Zayas y lo torpedeó en 1913, en sus intentos de alcanzar la Presidencia. No fueron buenas las relaciones entre Ramón Grau San Martín y Raúl de Cárdenas, y las fricciones entre Carlos Prío y su vicepresidente, Guillermo Alonso Pujol, fueron tantas y tan graves que el mandatario llegó a retirarle la escolta a su vice. Enrique José Varona, que fungió como vicepresidente del general Mario García Menocal entre 1913 y 1917, desistió de acompañarlo en la reelección, disgustado con la conducta de los conservadores y con el propio empeño continuista del mandatario. Con anterioridad, en el mismo año de 1913, había renunciado a la presidencia del Partido Conservador por entender «que habíamos llegado al poder para gobernar el país, no para repartir cargos públicos entre nuestros correligionarios». Se salió Varona a partir de entonces de la política activa, aunque no dejó de mostrar preocupación por los asuntos públicos hasta el mismo instante de su muerte, en noviembre de 1933, tras la caída de la dictadura de Gerardo Machado, que tanto combatió.

Varona es un caso curioso en la vida cubana. El pensador eclipsa siempre en él al político cuando, al decir de Cosme de la Torriente, era «la condición esencial del estadista la que concurría en Varona y que resaltaba sobre todas sus otras condiciones». Era, puntualizaba Torriente, «un político de mucha habilidad e inteligencia».

El suicida

Tomás Estrada Palma quiso llevar de vicepresidente al mayor general Bartolomé Masó. No aceptó este, pues habiendo sido, al igual que don Tomás, presidente de la República en Armas, insistió en aspirar también a la primera magistratura. En definitiva, las irregularidades y presiones del Gobierno interventor norteamericano en la Isla a favor de Estrada Palma forzaron el retraimiento de Masó, y el 31 de diciembre de 1901 Estrada Palma concurrió a las elecciones como candidato único y logró la victoria. Raros comicios aquellos en los que el aspirante no participó en la campaña ni se encontraba siquiera en Cuba.

Quiere el escribidor precisar que aquellas elecciones amañadas no agriaron los nexos entre ambas figuras. Ya electo presidente, Estrada Palma desembarcó por Gibara y se adentró en territorio cubano rumbo a Manzanillo. Atravesó el río Cauto por el llamado Paso de la Mula. Cerca de Yara lo esperaba Masó. Se fundieron en un estrecho abrazo entre aplausos y vítores. El «solitario» de La Jagüita se convirtió en anfitrión del «solitario» de Central Valley; lo alojó en su casa y comían como en familia. Evocaban, en amenas charlas, lejanos recuerdos, pero caían a veces en silencios abismales al abordar la actualidad. «Yo soy el presidente moral, y tú, Tomasito, el presidente material. Eso a mí no me traerá molestias ni disgustos. Tú, en cambio, cuánto vas a padecer. Perderás el sueño, la tranquilidad y el buen humor».

Al rehusar Masó integrar la candidatura presidencial de Estrada Palma, se barajaron los nombres de Manuel Sanguily y Luis Estévez y Romero. Sanguily rechazó el ofrecimiento y el otro lo aceptó luego de múltiples gestiones y de la intervención personal de Máximo Gómez, que lo visitó para ayudarle a decidir. Era un abogado distinguido y su matrimonio con Martha Abreu lo puso en relación con una de las familias más ricas de la región central y lo vinculó a la lucha por la independencia. Escribió varios libros, entre ellos el titulado Desde el Zanjón hasta Baire, que apareció en 1899 y que Sanguily consideró, en su momento, el estudio más completo del período encerrado entre dos grandes guerras. No acompañó Luis Estévez a don Tomás hasta el fin de su mandato. Renunció el 31 de marzo de 1905. Alegó motivos de salud, pero en opinión de García Garófalo, su biógrafo, la dimisión, por su fecha y por lo que en ese momento ocurría en Cuba, puede interpretarse como una expresión de inconformidad con la afiliación de Estrada Palma al Partido Moderado, recién fundado entonces, y a su intención de reelegirse. Se suicidó en París, el 3 de febrero de 1909, justo un mes después de la muerte de Martha.

Zayas y miguelistas

En su reelección, don Tomás lleva como vice al general Domingo Méndez Capote. Había presidido la Asamblea Constituyente de 1901 y ocupó la presidencia del Senado durante el primer período de Estrada Palma. Fue una vicepresidencia efímera; de poco más de cuatro meses, entre mayo y septiembre de 1906. Incapaz de sofocar la insurrección liberal de ese año —la llamada «Guerrita de agosto»— y negarse a llegar a un acuerdo con los alzados, Estrada Palma prefirió, en virtud de la Enmienda Platt, solicitar la intervención norteamericana, y antes de renunciar exigió la dimisión de todos sus ministros y la del vicepresidente, con lo que dejó acéfala la República y las puertas abiertas a la injerencia extraña.

La segunda intervención se extendería hasta el 28 de enero de 1909, cuando accedió al poder el tique José Miguel Gómez-Alfredo Zayas. Los conservadores y, con ellos, los derrotados de Estrada Palma, estrecharon filas en torno a García Menocal, su caudillo natural. Dentro de las huestes liberales pugnaban las facciones de miguelistas y zayistas, con José Miguel al frente del grupo «Histórico», y Zayas, del Partido Liberal propiamente dicho. Las elecciones parciales de 1908 demostraron a los liberales que de permanecer divididos podían olvidarse del triunfo. Fue así que ambas facciones se unieron para llevar a José Miguel de presidente y a Zayas de vice, con la promesa de que este último sería el candidato a la presidencia para el período 1913-1917. Así ocurrió, pero no resultó electo.

En esa ocasión Zayas, con Eusebio Hernández —general de la independencia y eminente ginecólogo— de vice, fueron derrotados por la maquinaria Menocal-Varona. En las elecciones de 1908, Menocal había llevado a Rafael Montoro como vice. Los liberales los derrotaron con facilidad. El pasado autonomista de Montoro restó votos a esa candidatura. Era previsible, pues antes su nombramiento como profesor universitario fue impugnado con tal fuerza que no pudo acceder al claustro. Los que se le oponían olvidaban que aquel hombre, de pulcra actuación personal y defensor únicamente de sus ideas políticas, de haberse ido a España al cesar la soberanía española en la Isla hubiera disfrutado de una prometida senaduría vitalicia y de todos los honores imaginables, entre estos un marquesado, con Grandeza de España, que nunca quiso aceptar. Decidió permanecer en la tierra que lo vio nacer. Era un hombre demasiado valioso para que la República lo dejara de la mano. Fue, con Estrada Palma, embajador en Inglaterra y Alemania: ministro de la Presidencia con Menocal, en 1913, y canciller en el Gobierno de Zayas. Pasó por la vida pública sin mancharse. Al final de su vida, el pueblo de La Habana hizo una colecta para que pudiera morir en casa propia.

Con las ganas

El general Emilio Núñez acompañó a Menocal en su segundo mandato, entre 1917 y 1921. Cuando Máximo Gómez murió el 17 de junio de 1906 impugnaba la reelección de Estrada Palma y promovía la candidatura presidencial de Núñez, un hombre que participó en las tres guerras por la independencia y que en la del 95 encabezó, con acierto, el Departamento de Expediciones. Estuvo en la Asamblea Constituyente de 1901 y fue Gobernador de La Habana hasta 1908, cuando se empeñó en organizar a los veteranos de las luchas patrias. Figura prominente del Partido Conservador, fue muy activa su participación en las campañas electorales de 1908 y 1912. Menocal lo nombró ministro de Agricultura, Comercio y Trabajo, sectores agrupados entonces en una sola secretaría, y en 1916 despuntó como candidato de los conservadores a la Presidencia de la República. Pero decidido Menocal a reelegirse, Núñez aceptó la candidatura para vicepresidente y, vencedor en los comicios, sustituyó a Varona como tal.

Otro general de la Independencia, Francisco Carrillo, llegó al poder con Zayas, en 1921. Zayas aspiró por el Partido Popular, organización minúscula, de bolsillo, que triunfó con el apoyo de los conservadores a cambio de que en las elecciones generales siguientes allanara la victoria de Menocal. Es decir, esta vez no es llevado por los liberales. Algo curioso. Zayas fue despojado de la presidencia del Partido Liberal en un ruidoso pleito. El hecho de ser derrotado ante los tribunales le abrió, por esos contrasentidos de la vida republicana, la oportunidad de llegar a la Presidencia. Su contrario, por los liberales, fue José Miguel, que llevó de vice a Miguel Arango y Mantilla, figura minúscula como político, pero con gran influencia en el sector azucarero. Solo el arraigo de José Miguel sobre las huestes liberales pudo hacer posible que se obviara para vicepresidente la candidatura del comandante camagüeyano Enrique Recio, hombre de gran simpatía popular. Ese revés electoral anticipó quizá la muerte de José Miguel, que falleció en Nueva York cuando todavía no había transcurrido un mes de la toma de posesión de su adversario.

Carlos de la Rosa fue el último vicepresidente electo al calor de la Constitución de 1901. El cargo, ya se dijo, desapareció con la reforma constitucional de 1928. Llegó al poder con Gerardo Machado y representó, aseveran especialistas, una modificación en la política electoral cubana desenvuelta hasta entonces entre «generales y doctores». Se asegura que peleó en el Ejército Libertador, pero alcanzó un grado tan, tan modesto, que sus panegiristas tienen a bien no consignarlo. Matriculó la carrera de Derecho, pero no llegó a graduarse. Su actuación en la vicepresidencia es calificada de discreta, que es un término que engloba, por lo general, el de mediocre, culminación de una modesta carrera que empezó como alcalde de Manguito y luego de Cárdenas. Machado, cuando desapareció el cargo, lo compensó con una senaduría vitalicia. Murió en 1933, poco antes del derrumbe machadista.

Federico Laredo Bru fue el único vicepresidente que ocupó la primera magistratura, luego de que el Senado juzgara y destituyera al presidente Miguel Mariano Gómez. Ocurrió en 1936. Fulgencio Batista ganó la presidencia en 1940, y tuvo como vice al eminente médico Gustavo Cuervo Rubio. Se mencionaron arriba los vice de Grau y Prío. Rafael Guas Inclán fue, entre 1955 y 58, vicepresidente de Batista. Renunció para aspirar a la alcaldía habanera en la farsa electoral de noviembre de ese último año. Ganó la plaza y debió tomar posesión el 24 de febrero de 1959. Triunfó la Revolución y Guas se quedó con las ganas.

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