Frescura caboverdiana - Los que soñamos por la oreja

Juventud Rebelde

Los que soñamos por la oreja

Frescura caboverdiana

Lura ha cautivado a multitudes con su voz voluptuosaPese a los lazos entre nuestro país y las naciones del Tercer Mundo, en los medios de comunicación cubanos y en particular en la radio, la presencia de la música de África, América Latina y Asia es prácticamente nula. Si en este instante realizamos un paneo por el dial, es casi seguro que en ninguna emisora podríamos escuchar, por ejemplo, una muestra del quehacer musical de Cabo Verde y que en la actualidad resulta noticia de primer plano.

El revuelo internacional por la música de dicha nación comenzó tras la publicación del fonograma Miss perfumado, tercer disco en la carrera de Cesária Évora y quien, con ese trabajo marcó un antes y un después en lo relacionado con el conocimiento mundial de las melodías de aquel archipiélago del Atlántico. Por suerte, la obra de «la diva de los pies descalzos» ha tenido alguna circulación entre nosotros, aunque tampoco su promoción local ha estado a la altura de la tremenda artista que ella es.

A partir del éxito de Cesária Évora, no pocos empezaron a prestar atención al panorama sonoro de Cabo Verde. Así, la morna, cercana pariente del fado portugués, pasó a ser un ritmo de mucha popularidad, en parte gracias al trabajo autoral de creadores como Tito Paris. Empero, aquella tierra es fuente matriz de otros ritmos, como son los casos de los denominados coladera, funana y batuque.

Una vocalista caboverdiana que ha cautivado a multitudes con una voz voluptuosa es Lura. Ella resulta tan joven como el país de sus raíces, pues Cabo Verde se independizó de Portugal en 1975, en el mismo año en que la hoy popular intérprete nació en Lisboa, hogar para una gran parte de la diáspora de la nación africana, de la cual proviene la cantante, dueña de un hermoso timbre y de una particular sensualidad al interpretar. De su primer disco, un material pensado sobre todo para discotecas, sobresalió el tema Nha vida, incluido luego en Red Hot + Lisbon, un CD recopilatorio en pro de la campaña contra el sida y donde participaron artistas como Caetano Veloso, Marisa Monte y Djavan.

El año de consolidación para Lura fue el 2004, cuando se publica su álbum Di korpu ku alma, de enorme éxito en Cabo Verde y entre la comunidad diaspórica de ese país en especial por el tema Vazulina, una historia sobre el uso desmedido de gomina por chicas africanas, con miras a alisar el pelo. La canción, que devino toda una declaración de identidad, fue compuesta por Orlando Pantera, joven músico fallecido prematuramente pero que estableció un particular estilo, el cual influenció a una generación de nuevos artistas.

En este recuento del actual panorama musical de Cabo Verde, no puedo soslayar el nombre de Sara Tavares, cantante afincada también en Lisboa. Ella irrumpe en el mercado de la World music hacia fines de los 90. Aunque perteneciente a una segunda generación de inmigrantes caboverdianos trasladados a Portugal, Sara ha ido incorporando elementos de la música africana a su labor. De tal suerte, en el CD Mi ma bo, elige de productor al congoleño-parisiense Lokua Kanza, quien le impregna a la grabación un aire de mezcla entre ritmos de origen afro y giros de un pop melódico.

Vendría luego Balancê, disco en el que Tavares no solo figura como intérprete, sino para el cual ella aparece como autora de todas las canciones y se desempeña como multiinstrumentista. Si bien en el fonograma uno percibe que el proyecto de la vocalista está más pensado para el mercado internacional que para un sitio como Cabo Verde, en ningún momento ello significa que la artista renuncie a su origen africano.

Por último, quiero referirme a Mayra Andrade, quien posee el aval de haber obtenido en el 2008 importantes lauros en su carrera: el premio de la BBC en el apartado Músicas del Mundo, en la categoría de Nuevos Talentos, así como nuestro Premio Cubadisco Internacional, por su álbum Navega, fonograma distinguido como Disco de Oro en Portugal y que en Alemania recibiera el galardón de la crítica musical de aquel país, el «Preis der deutschen Schallplattenkritik». Su propuesta, como la de las otras caboverdianas mencionadas, da idea de lo que en música el talento de un pequeño país puede aportar al panorama sonoro contemporáneo.

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