Guillermo Cabrera Álvarez

La tecla del duende

El viejo ese

Este mes de octubre el amor de nuestros padres estuvo presente. Tertulia divertida, y la mayoría de los matrimonios coincidieron con alumnas enamoradas de sus maestros: el fruto narraba la ocurrencia.

Pero no solo asalta cunas, también asalta bocas; jóvenes cuya declaración amorosa fue un beso sorpresivo.

Las tertulias del país no tienen que parecerse como gotas de agua; la de Santa Clara, dedicó su día al Che ocurrente; la de Santiago, se consagró a la religión. Existe variedad de ocurrencias y eso es formidable.

Ahora les regalo la narración de cómo se enamoraron los padres —Gallego y María, de San Cristóbal— de mi colega Nyliam Vázquez, escrito especialmente para la tertulia:

Ella tenía 15 y él 25. Se conocían, pero para ella él solo era el amigo de su hermano. A él le gustó desde que la vio, pero era «el mejor amigo de su hermano». Ya había fracasado en un matrimonio anterior, y no tenía apuro. Asumo que la miró con el rabillo del ojo cuando visitaba la casa, y mi mamá me confesó un día que una prima le había llamado la atención sobre aquel muchacho y ella había exclamado asombrada: «¿Yooo con ese viejo?, ¡tú estás loca!»

Ha tenido casi 30 años para arrepentirse de esas palabras, aunque siempre repite «¡Quién lo iba a decir!».

No hubo promesas cuando él se fue a estudiar a la antigua República Checa, pero ella no aceptó a ningún pretendiente y él, aunque tuvo sus romances gitanos, regresó y le propuso matrimonio. Por supuesto que le pidió la mano a mi tío, antes que a mi abuelo y quién sabe si antes de declarársele a ella misma, pero este acogió la noticia feliz. Mi mamá es la menor de tres hermanos y era la niña de la casa.

Mi abuelo comprendió la naturaleza del alma buena de mi papá, supo que sería buen esposo y aceptó el noviazgo. Como correspondía a los vástagos de dos familias pobres, pero decentes, después de un tiempo «rompiendo sillones» fijaron la fecha de la boda. Ella cumplió 16 años y él 26, entonces se casaron. Qué bueno que mi mamá se casó con «el viejo ese», porque estoy segura de que él era el papá que yo quería.

Graffiti

May: Mi amor siempre va a ser tan ardiente como la misma temperatura del Sol a pesar de la distancia. Roly

Ania Pino

Ayer miércoles hizo un año, y ella sigue germinando en la memoria de quienes no la olvidan. Uno de sus amigos, Zener Caro, entrega estas palabras:

«Ya hace un año y para muchos, una parte de la vida sigue detenida en tu última sonrisa. Negados a extrañarte, a hablar de ausencias, subimos por La Rampa al encuentro de tus pasos, siempre apurados porque «voy un poquitín tarde». Volvemos a los noticieros con las mismas ganas de tu voz y tu carisma y seguimos preguntándonos por qué no sales en cámara, cual bálsamo contra el tedio de los informativos. No se añora a quien no se ha ido y sigue sonriéndonos, en el instante en que la vida se detuvo».

Regalo de jueves

La buena conciencia sirve de buena almohada. John Ray

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