Nueva galaxia - La tecla del duende

El Duende

La tecla del duende

Nueva galaxia

Junto a la Ceiba centenaria de Guaracabulla nos veremos este domingo. El Instituto de Cariñología anuncia un intenso aguacero de ocurrencias y ráfagas tecleras de cientos de travesuras por segundo.

A las 6:00 a.m. saldrá un ómnibus desde JR para los tecleros occidentales. Como siempre, nos apretaremos en orden de llegada hasta que el raciocinio y la amistad lo permitan. Cada quien, armado con lo central en su vida, llegue al kilómetro 295 de la autopista y gire hacia donde el polvo enamorado se levante.

Allí estaremos para regalarle a la Casa de Cultura el nombre del Genio; tertuliar hasta que la vida nos una, intercambiar libros de periodistas y escritores, y descubrir todo cuanto se hace con amor y arte desde el núcleo de la Isla.

Destellos

«Hace un año partió Guillermo a fundar otra galaxia», dijo su amigo Roger Ricardo y no hizo falta más para que quedara inaugurada la muestra de instantáneas sobre el Guille. En la segunda planta del Instituto Internacional de Periodismo José Martí, se le puede ver ahora de pequeñín con sonrisa pícara, de joven con aires aventureros, de hombre grande y periodista bueno, en La Higuera, y junto a Fidel, y con Katiuska, y en un trabajo voluntario, y en el Hueco, junto a la familia.

Allí con un bigote que recuerda a su hermano Manuel González Bello, acullá con melena, más cerca con una barba reidora... Está el Guille completo, como no se ha ido.

Así lo evocaron los acordes, A Guitarra limpia, de Silvio Alejandro y Mauricio, y la presencia callada de Víctor Casaus, su amigo de aquella generación que despuntó en Mella para comprender que «los amores cobardes no llegan». De Víctor son estas noticias...

De la historia universal

Me han contado que en Pompeya entre las ruinas/ dejadas por el paso de la lava/ una vez se hallaron mezcladas con vasijas/ que la ceniza conservó y perros que ahora duermen/ bajo el polvo/ dos figuras que hacían y deshacían el amor/ en aquel temprano día del año 79/ enlazados en ese abrazo que como se ha visto/ pudo más que la muerte

Nadie sabrá nunca en qué sístole en qué diástole/ estos cuerpos detuvieron su feroz armonía/ Ningún arqueólogo ningún historiador/ podrá contarnos con qué furor se amaban/ cuando el Vesubio los cubrió de materia ardiente/ (ellos creían al principio que se trataba/ del calor maravilloso que generaban sus cuerpos)

Pero los que ahora hacemos/ el amor sobre esta isla y sobre esta otra isla / enorme que es la Tierra los que violamos/ la soledad simulada de los parques/ los que huimos/ a escapadas a cuartos silenciosos en los que dejamos/ toda la alegría y toda la tristeza del amor/ conocemos sin embargo esa especie de furia/ en que estaban envueltos/ Esas figuras que ahora descansan en una sala/ de museo/ (algunos las confunden con estatuas)/ dejaron a medias la hermosa actividad de sus piernas/ no llegaron a decirse sus nombres al oído/ (no gritaron siquiera cuando la lava los cubría)/ Pero el fuego del Vesubio no acabó con su fuego/ que ahora arde en los parques quema los preceptos/ de las más extrañas iglesias estalla en los finales/ de nuestras celebraciones.

Graffiti

Loqui: Solo déjate amar. Reyner

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