La tecla del duende

La propina

...Un niño de diez años entró en una heladería y se sentó a una mesa. La mesera puso un vaso de agua enfrente de él. «¿Cuánto cuesta un helado con chocolate y maní?», preguntó el pequeño. «Cincuenta centavos», respondió la mujer.

El niño sacó la mano del bolsillo y examinó las monedas. «¿Cuánto cuesta un helado solo?», volvió a preguntar. Algunas personas esperaban y la camarera estaba impaciente. «Veinticinco centavos», dijo bruscamente.

El niño volvió a contar las monedas. «Quiero el helado solo», rogó. La mesera se lo trajo, puso la cuenta en la mesa y se retiró. El niño terminó, pagó en la caja y se fue. Cuando la mesera volvió a limpiar la mesa, vio que, ordenadados junto al plato vacío, había veinticinco centavos: su propina.

Veremos

Mi amigo tiene una granja. Como le encanta hacer las cosas a la antigua, usa un caballo para arar su campo. Un día, mientras estaba arando, el caballo se desplomó, muerto. En el pueblo todos compadecieron a mi amigo. «¡Qué terrible que le haya sucedido eso!», le dijeron. Él se limitó a contestar: «Veremos».

Estaba tranquilo y en paz; admirábamos tanto su actitud que nos pusimos de acuerdo y le regalamos un caballo. Entonces la reacción general fue exclamar: «¡Qué hombre de suerte!». Él expresó: «Veremos».

Unos días después el caballo saltó una cerca y escapó. Todos exclamaron: «¡Pobre hombre!». «Veremos», sentenció él de nuevo. Y lo mismo repitió una semana después, cuando el caballo regresó seguido por una docena de potros sin domar.

Al día siguiente, su hijo salió a pasear a caballo, se cayó y se rompió la pierna. «¡Pobre muchacho!», se compadeció todo el pueblo. Mi amigo suspiró: «Veremos».

Pocos días más tarde llegó al pueblo el ejército, para reclutar a los jóvenes en edad de prestar el servicio militar, pero a su hijo lo dejaron porque tenía la pierna rota. «¡Vaya chico con suerte!», comentaron los vecinos. Mi amigo sonrió: «Veremos». (Historias tomadas del libro: La culpa es de la vaca. Compiladores: Jaime Lopera y Marta Inés Bernal)

Risa avileña

El fin de semana último los tecleros avileños rieron juntos. La abuela Enma contó sus peripecias para llegar a Guaracabulla. Mario Potter, tan inquieto como el mismísimo Harry, leyó cuanto trajo en sus bolsillos. Los muchachos del Pedagógico, Damir y los demás, sorprendieron a Lisandra con una despedida de soltera. El grupo coincidió en la frase de Chaplin: «A fin de cuentas, todo es un chiste» (Reporte de Oscar)

Tecl@do

* Al guantanamero Lionnis Peña Matos (benedicto@infosol.gtm.sld.cu), le encantan los chistes...

Viaje al turquino

Algunos imprevistos organizativos han retrasado un poco nuestra expedición teclera. Rogamos a todos los ganadores y seleccionados para el viaje estar atentos al JR —no solo la edición del jueves—. En cuanto estén las indicaciones exactas, serán publicadas.

Graffiti

Bryan: Eres la luz que ilumina mis noches y el sendero que sostiene mis pasos. Tu pa’Oviedo.

Semilla

El vicio rara vez se insinuó oponiéndose a la honradez; casi siempre toma el disfraz de esta. Jean Jacques Rousseau

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