El Duende

La tecla del duende

Santiago, el artista

Nadie que haya visto el rústico taller de Santiago Álvarez Cruz y no conozca su obra puede imaginar que de ese cuartico milagroso salgan instrumentos musicales de tan elevada factura. Con piedras y trozos de hierro como moldes, pesos y contrapesos, más unas cuantas herramientas imprescindibles, Santiago da forma a los recortes de madera preciosa, y casi se podría decir que les insufla música. Este artista, otrora integrante del dúo Los Felices, con su esposa Miguelina, lleva años fabricando joyas en su casa de la carretera a Punta de Piedra, en el artemiseño municipio de Bahía Honda. Allí fundó una familia con sentido del arte y ha alegrado cuanta parranda de vecinos se arma. Cada guitarra, laúd o tres que sale de sus manos es una filigrana de la constancia. Y sus décimas, premiadas en concursos regionales, confirman esa indetenible capacidad de expresión que brota, como los recios manantiales, para refrescarnos la vida. Les regalamos algunas…

A un tomeguín enjaulado. Pequeño tenor alado,/ desde tu cárcel de güín/ cantas buscándole fin/ a tu dolor enjaulado./ ¿Acaso te has preguntado/ con el trino de tu pena/ la causa de tu condena/ que no logras comprender?/ Solo es para complacer/ caprichos de un alma ajena.// No comprende tu agonía/ quien buscando espiritual/ tranquilidad a tu mal/ tergiversa en alegría/ ¡Con cuánto gusto abriría / la puerta de tu prisión!/ para que entres al salón/ clorófilo de los montes/ y cantes con los sinsontes/ tu libérrima canción.

La vejez del artesano. Cuando ya no pueda un día/ fabricar un instrumento,/ mi vida será un tormento/ enteramente vacía/ se perderá mi alegría/ porque con el desatino/ será para mí el camino/ sin aurora ni horizonte,/ como se muere el sinsonte/ cuando se le pierde el trino.// No vendrá la inspiración/ a rescatar las ideas/ que en hermosas odiseas/ afloran al corazón./ No existirá la ambición/ de ver las obras mejores/ ni existirán los rumores/ de los instrumentos nuevos/ cuando en mis dedos longevos/ solo canten los dolores.

Y los instrumentos viejos/ quedarán como tesoros/ de historiadores sonoros/ con musicales reflejos./ En sus cajones añejos/ los recuerdos vibrarán,/ mis manos no tocarán/ aquellos cuerpos que un día/ con amor y maestría/ modelaron con afán.// Sé que inexorablemente/ el tiempo me vencerá,/ pero mi obra quedará/ imperecederamente./ Cuando marchite mi frente/ y mis pupilas se apaguen,/ vendrán otros que me halaguen,/ ese es mi mayor consuelo:/ que por tierra, mar y cielo/ mis trabajos se propaguen.

Amor fugaz. Fuiste tan breve en mi vida/ que no sé si te soñé/ o fue que te imaginé/ en un sorbo de bebida./ Llegaste a mí convertida/ en un suspiro fugaz/ y cuando encontré la paz/ de mis sentimientos presos/ se me fueron con besos/ y no volvieron jamás. (S.A.C.)

Semilla

—Paca ¡Te Amo! / —¿Cómo lo sabes?/ —Porque pienso en ti y no puedo respirar./ —Eso es asma/ —Bueno, entonces ¡te asmo! (Colocado en nuestro foro digital por Jorge91)

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