El Duende

La tecla del duende

Acabando

En algún diccionario, en alguna enciclopedia de dudas idiomáticas o una página web especial de la Real Academia Española habrá que hacerle un monumento a este gerundio. La pregunta puede cambiar de matices, ser singular o plural, masculina o femenina, y expresarse en varios tonos de jubilosa interrogante: «¿Y los muchachos? ¿Y la cría? ¿Qué tal los niñas? ¿Cómo van los fiñes?»... La respuesta, al menos en Cuba, es invariable: «Acabando».

Y uno, que de primera o segunda mano ha tenido pequeños cerca sabe que esas ocho letras significan demasiado, y, contrariamente a lo que sugiere la acepción simple del verbo, no indican algo que vaya concluyendo, sino más bien todo lo contrario. «Acabando» es encontrar cosas mientras gatean por la casa y se las llevan a la boca, con el instantáneo grito de alarma de papás, tías y abuelos. «Acabando» insinúa que ya salió el primer dientecito y que dio fiebre, y que mamá ya no tiene leche, pero el muy glotón quiere más. Y que abuela le cambió el culero, que tan caro salió, y a los dos minutos la traviesa volvió a hacerse caca. Y que en las rodillitas, blandas y perfectas, ahora hay una «yaya». Y que sí, que ya aprendió a decir «yaya», y que se toca además el bracito, porque después de la vacuna le quedó la roncha. «Acabando» es que el moño le dura lo que un merengue ya ustedes saben dónde, y que la bata limpia, la de retratarse, no estuvo inmaculada cuando llegó el flashazo. Y que no quiere tomar compota, pero le encanta el puré de malanga. (Por cierto, qué caras la malanga y la compota). «Acabando» se traduce en sudor de toda la familia corriendo para quitarle cosas de en medio y que pueda pasear en velocípedo por los pasillos de la casa. Es cuando quiere montarse en la moto del vecino o domesticar a la fuerza el perrito de los altos, que se llama Faraón. «Acabando», si a las dos de la madrugada está como si fuera pleno día y luego, a las siete, no quiere levantarse para ir al círculo. Cuando la maestra da las quejas porque mordió a un amiguito, o al revés, cuando los padres se asustan porque otra amiguita le hizo un chichón en la cabeza. Son las colas, de pie, y con él o ella cargados, para ver a la pediatra, que este día está consultando a muchos. O cuando hay que «camuflar» la medicina con algún dulce para que se la tomen, o amenazarlos con el Coco, el Brujo, o sabe Dios qué fantasma para que se porten bien.

«Acabando», en mis últimos dos años, ha sido recordar a Luciana, una chinita preciosa fruto de mi hermano y su esposa, y cuya última foto, número uno en el hit parade familiar, es posando para la cámara, pícaramente, mientras dibuja —papel y bolígrafo en mano— sentada para hacer pipi en su tibor amarillo.

Campismo y peñas: Tunas y Holguín

Este sábado, 3:00 p.m. en la Casa Iberoamericana de la Décima, se reunirán los duendes tuneros. Tema: la ciudad y el cumple de la tertulia, con campismo del 4 al 7 de noviembre próximos. Interesados, contactar a Nieves (031 340553).// En Holguín los ocurrentes también se encontrarán pasado mañana, 10:00 a.m., en la Casa de la Prensa. Tema: nuevo curso, nuevos bríos.

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