Raiko Martín

Tiempo extra

Tormentas

Podía utilizar estas líneas para hablar de la agitación mediática que ha generado en el mundo la confesión de Lance Armstrong. Después de muchísimo tiempo negando todas las sospechas sobre dopaje vertidas en su contra, el ex ciclista estadounidense reconoció sus trampas para ganar los siete Tour de Francia que ya le fueron despojados. Y de paso, amenazó con abrir la «caja de los truenos» para salpicar a todos aquellos que, desde su posición de poder, contribuyeron al gran montaje de su resurrección.

Pero otras «tormentas» más tropicales merecen este espacio. Y es que el anuncio de la nómina preliminar que nos representará en el III Clásico Mundial llegó como un ciclón fuera de temporada, dejando a todos con algo que decir.

Aclaro que seré completamente consecuente con mi criterio, expresado anteriormente en esta columna, donde hacía votos por la libertad —y la alta dosis de responsabilidad implícita— que debían tener Víctor Mesa y sus colaboradores a la hora de seleccionar los miembros del equipo. Así que ni apoyaré ni cuestionaré nombres, por más que mis particulares análisis disten algo de los suyos.

Ahora, eso no quiere decir que no plantee mis dudas sobre otros temas, como por ejemplo la ausencia de otra tercera base natural en el listado y la explicación dada para ello, pues iremos a un torneo en el que las improvisaciones se pueden pagar muy caras.

Claro que son muy pocos juegos y las probabilidades de que Yulieski Gourriel se lesione son muy bajas, quizá al mismo nivel de las que un jovencito de 19 años como Andy Ibáñez, al cual auguro un enorme futuro en este deporte, le pase factura su escasa confrontación al máximo nivel. Tanto una posibilidad como la otra pueden suceder, y creo que el éxito de determinada decisión descansa, en gran medida, sobre la respuesta que se pueda tener para adaptarse a cualquier escenario.

¿Acaso sería inamovible el antesalista espirituano si no se presenta como todos esperamos? ¿Quién sería su alternativa viable? Del listado, nadie me aporta seguridad. Dicen que para gustos, colores, pero si este fuera «mi equipo» —por suerte no lo es—, sobra un jardinero y falta un jugador de cuadro.

A su vez, por más que me declare acérrimo enemigo del inmovilismo, todavía no comulgo del todo con el momento elegido para echar a andar una renovación de tanta envergadura, como esta, valientemente realizada. Pero en este punto, puede que me equivoque.

De lo que sí estoy completamente seguro es que era innecesaria otra «tempestad», más a lo interno, generada a partir de ciertos cruces de criterios, cuyo infortunio no radica en su carácter público, sino en su propia existencia. Si algo le sobrará a este equipo es la presión, y sería extremadamente saludable un poco de concordia.

A pesar de todo —y ahí van mis gustos incluidos— confío y seguiré confiando en la alta capacidad de Víctor para timonear la nave. Tal vez hasta el próximo 19 de marzo. Quizá para toda la vida.

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