Nuevos caminos para el agua

Un proyecto rehabilitador que pone en el horizonte la eficiencia en el abasto de agua a la ciudad de Santiago de Cuba

Autor:

Juventud Rebelde

Unidas por termofusión, las nuevas tuberías de Polietileno de Alta Densidad ya dicen adiós a roturas y salideros en varios sitios santiagueros SANTIAGO DE CUBA.— En su humilde morada en el barrio Jagüey, del poblado de El Caney, la abuela Agustina aprieta las manos húmedas y enarbola la mejor de sus sonrisas: Ya no será necesario cargar el agua desde el pozo ni hacer malabares para consumir un líquido muchas veces contaminado, pues desde hace unos meses una acometida se lo trae, potable y apto para todo lo que necesite, hasta la puerta de su casa.

Cierto es que no siempre llega con la presión que se precisa y los días de intervalo aún son muchos, pero ella lo ve como el natural tropiezo de todo lo que comienza.

La alegría de Agustina es también la de Luisa, vecina de Ciudamar, en el litoral sureño. Sus angustias de estar hasta 30 días sin agua y llenar los recipientes cubito a cubito, parecen tener fin. Todavía está lejos de lo óptimo, pero el ciclo se reduce, dice sin ocultar un gesto de incredulidad.

Agustina y Luisa son parte de los 65 000 habitantes de la cabecera provincial que serán directamente beneficiados en una primera etapa con el nuevo proyecto para rehabilitar el acueducto de Santiago de Cuba y acotar su ineficiencia.

Hace un año, el 60 por ciento del volumen de agua que entraba a esta ciudad escapaba por los incontables salideros de sus más de mil kilómetros de conductoras, consecuencia directa de la vejez de las redes y de la variedad de diámetros y materiales, que tenía y aún tiene su expresión en ciclos alargados y continuas averías, que condenan a la perpetua inestabilidad la entrada de agua a la urbe.

El elevado deterioro de las tuberías, aun en zonas de la ciudad en las que el agua llega con cierta regularidad, redunda en que la presión del líquido es muy baja, lo que dificulta el acceso hasta los lugares de mayor altura y obliga a extender el tiempo de entrega a los distintos sectores y, por tanto, a estirar los ciclos, y con cada rotura la situación se hace más tensa: detener el abasto, reparar, nuevos atrasos…

Contra esa molesta y adversa rutina se ha empezado a actuar, dice con toda la pasión de sus años el ingeniero Víctor Guzmán Garrido, especialista de la Dirección Integrada de Proyectos (DIP) Santiago, una entidad creada para encauzar y controlar las nuevas obras de rehabilitación hidráulica que se acometen en la Ciudad Heroína con el propósito de mejorar la capacidad de conducción, disminuir los índices de roturas en las redes y alcanzar un suministro estable, empleando la más avanzada tecnología.

Los trabajos, argumenta Guzmán Garrido, han comenzado por sectores muy críticos como el poblado de El Caney, la zona del litoral y Boniato: «En una primera etapa nuestro objetivo es reducir los ciclos de entrega en estos lugares, a partir de la rehabilitación de 130 kilómetros de redes y conductoras y 138,3 kilómetros de acometidas, incluyendo el tendido de una nueva conductora para mejorar el abasto a los barrios del litoral El Polvorín y Versalles.

«Intentamos perfeccionar el esquema de operaciones desde una concepción que permita una mejor explotación del acueducto y facilite el control de las entregas, las presiones de los nudos de entrada en cada sector hidrométrico, la localización de averías, el aislamiento del sector afectado y, en caso de ser necesario; el auxilio de un sector a otro, para disminuir hasta eliminar las interrupciones, tan comunes hoy».

La inversión, de 5,2 millones de pesos y 2,2 millones en divisas, incluye asimismo en su etapa inicial la rehabilitación civil de las estaciones de bombeo de Campo de Tiro, Santa Rosa, Versalles, Caney y Boniato, directamente vinculadas a las áreas de trabajo y aquejadas por el mal estado de la carpintería, filtraciones, falta de iluminación y fisuras en algunos de los tanques.

LÍQUIDOS KILOMÉTRICOS

De unos pozos a otros, y de ahí a la loma de Las Coloradas, el incesante ir y venir de obreros, técnicos y especialistas de la Empresa Constructora de Recursos Hidráulicos ha dejado huellas desde la acción que traducen la estrategia trazada.

«Nos encontramos en la fase de hacer operable el sistema con la nueva tecnología, pero podemos decir que se ha mejorado. La nueva conductora ha dado estabilidad al servicio hacia el litoral, que antes era un verdadero dolor de cabeza, y los ciclos han bajado, con la excepción de la zona de Versalles, en la que aún se trabaja», dijo a JR Irenaldo Despaigne, jefe del sistema de Acueducto San Juan.

En barrios como Ciudamar, Nuevo Santiago, Punta Gorda, Barrio Técnico, el Aeropuerto y Barrio Militar, que recibían el servicio en condiciones no idóneas, y Aguadores, que hacía años se abastecía por pipas, discretamente empiezan a notarse los beneficios. Recibirán el impacto de manera indirecta los residentes en los repartos Santa Bárbara Alta e Intermedia, 30 de Noviembre y El Polvorín, al acortarse sus ciclos.

El quehacer constante de los «hidráulicos» ha posibilitado también la rehabilitación de las conductoras internas en los barrios de Cayo Granma y La Socapa, esfuerzo que se completará con la instalación de más de un kilómetro de tubería submarina para conectar estas áreas ultramarinas al sistema de la ciudad, sustituyendo la entrega de agua por patanas, uno de los mayores problemas que enfrenta la urbe, pues el ciclo en esas zonas es de 40 días, y exige una turbina y muchos recipientes para conservar el líquido. Ya se instalaron los primeros 360 metros hasta La Socapa.

Ventajas similares deberán llegar en los próximos meses a la zona de Boniato, en la que se han iniciado los trabajos de excavación, y al poblado de El Caney en el que todavía no son muy palpables las bondades asociadas a las mejoras, si bien fueron instalados 68 kilómetros para sumar al sistema a otros 5 000 moradores de áreas intrincadas que antes no disponían del servicio de acueducto.

En barriadas como Fe del Valle, La Kety Alta, Las Lajas, 26 de Julio y otras, que asistieron con grandes expectativas al cambio de redes, por dificultades asociadas al insuficiente volumen de agua de que dispone el poblado, (con alrededor de 25 000 habitantes), y problemas con las conductoras no rehabilitadas, se mantiene el ciclo por encima de los 20 días.

Las ventajas del Proyecto para la Rehabilitación del Acueducto Santiago llegaron para quedarse, y auguran un mejor futuro. Más de un centenar de kilómetros de las vetustas redes y conductoras, de los más variopintos materiales, han sido sustituidos por otras de Polietileno de Alta Densidad (PEAD), material de fabricación nacional, mayor resistencia y con un tiempo de vida útil que supera los 50 años.

Unos 80 kilómetros de tubería de 16 milímetros homogenizará las redes, sustituyendo las hoy existentes, con dimensiones que van desde media hasta cuatro pulgadas, con lo que se anota otro tanto a favor de estabilizar las presiones.

Tal tecnología, cuyas uniones son soldadas por termofusión, pone a la oriental provincia al nivel de lo que se usa para conductoras exteriores en el mundo, y confiere al sistema de redes santiagueras una gran operatividad, tanto para los trabajos de instalación como para el posterior mantenimiento.

LA MISMA AGUA... MAYORES BENEFICIOS

Llegar a un mayor número de habitantes con el mismo volumen de líquido que hoy entra a la urbe es, según el ingeniero Víctor Guzmán Garrido, el impacto esperado del proyecto que encaminan. Esto exige reducir las pérdidas hasta parámetros de un acueducto eficiente: menos del 15 por ciento de fugas.

«No logrará resolver totalmente los problemas —enfatiza el experto—, pero sí prevé extender su influjo rehabilitador, en etapas sucesivas, a otros sectores hidrométricos y tramos de redes y conductoras santiagueras, siempre desde la máxima de dar prioridad a las zonas con situaciones más críticas».

Por ahora se centran en concluir las acciones previstas para este período y poner el sistema a la altura de su potencial en las áreas ya beneficiadas, muchas de las cuales, reitera Guzmán, aún no sienten del todo las ventajas.

Paso a paso, de manera pensada y estudiada, avanza Santiago hacia la eficiencia de su sistema de abasto de agua. Más temprano que tarde la alegría de la abuela Agustina, allá en El Caney y la de Luisa, en Ciudamar, será la de muchos otros santiagueros.

Para eso, aseguran técnicos y especialistas de Recursos Hidráulicos, hay voluntad, tesón y entrenamiento de un joven ejército de hombres y mujeres dispuestos cada día a prodigar nuevos caminos para el agua.

Del Acueducto en Santiago

La construcción del primer sistema de Acueducto de Santiago de Cuba data del año 1838, en que se puso en funcionamiento el conocido como Acueducto Carreño. En 1906 se construyó el Embalse Chalons, en 1913 se puso en explotación la cuenca subterránea San Juan, y en 1936, el Embalse Charco Mono.

En marzo de 1959 se termina la conductora Mogote, en 1966 el embalse Guilbert, en 1968 la presa Carlos Manuel de Céspedes, en 1986 se termina el sistema Parada y en 1992 el embalse Gota Blanca. Todos estos sistemas tributan parte de sus aguas a la ciudad de Santiago de Cuba, que recibe el líquido por intermedio de tres sistemas de abasto: Quintero, que garantiza el agua a la mitad de la población; San Juan y Parada. A pesar de las inversiones realizadas, en ningún momento han sido satisfechas todas las necesidades de esta ciudad, de aproximadamente medio millón de habitantes.

Unidas por termofusión, las nuevas tuberías de Polietileno de Alta Densidad ya dicen adiós a roturas y salideros en varios sitios santiagueros.

Disminuir las pérdidas y mejorar la capacidad de conducción, partiendo de las zonas más críticas, es propósito en marcha del nuevo proyecto para la rehabilitación del Acueducto de Santiago de Cuba, explica el ingeniero Víctor Guzmán Garrido.

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