Con mente y corazón

Autor:

Juventud Rebelde

Todos estuvieron muy atentos. Delegados sordos e hipoacúsicos siguieron el debate a través de sus intépretes Tengo mis manos y mis piernas limitadas, pero mi mente y mi corazón están al servicio de la Revolución, y me voy a formar como un joven incondicional a mi Patria», dijo Jorge Enrique Jerez, un pequeño delegado camagüeyano, que estremeció a los delegados e invitados participantes en la sesión plenaria del IV Congreso Pioneril en el Palacio de las Convenciones.

«Yo quisiera pedirle a Raúl que le lleve a Fidel un escrito que hice, en nombre de todos los niños que como yo, han sentido las manos generosas de la Revolución», manifestó con desenfado el niño, quien posteriormente se fundió en un abrazo tierno con el Ministro.

Como este pequeño, el resto de quienes hablaron lo hicieron con la plenitud y soltura que suelen tener los niños y adolescentes cuando conversan con personas a las que respetan, y a la vez quieren mucho.

No por casualidad los pioneros decidieron entregarle a Raúl el sello de delegado al IV Congreso, y también le dieron la encomienda de ser portador del distintivo reservado a Fidel.

Seguros y dispuestos —al decir de Miriam Yanet ellos no necesitan interlocutores, pues se saben defender muy bien— los delegados no se hicieron de rogar. Unas 30 intervenciones, en las cuales se abordaron sin reservas problemáticas que preocupan a los pequeños.

El tema del estudio, por ejemplo, fue de los más expuestos, quizá porque están conscientes de que esa es la primera tarea de todo pionero. La cienfueguera Elizabeth Yánez fue muy precisa: «mientras otros niños en el mundo no pueden ni soñar con los recursos que tienen nuestras escuelas, nosotros no podemos dejar de aprovechar esas posibilidades para aprender más. No hay justificación para no estudiar».

En esta misma temática hizo su intervención el pionero matancero Elián González, quien insistió en la necesidad del estudio individual, más allá de la realización de las tareas que se orientan en el aula, y que tienen solución en la Casa de Estudios.

«Quiero agradecerle a la Revolución, a la Organización de Pioneros y a Fidel, a quien además le deseamos una pronta recuperación, por todas las transformaciones que se han hecho en la secundaria básica», apuntó.

Para Wilfredo Ramos, de las Tunas, es necesario seguir promoviendo entre los pioneros el concepto de incondicionalidad, pues no todos saben poner el todos por encima del yo. En su caso prefirió ser maestro, porque con ello le es más útil al país.

Algo sorprendente en los debates, es que no se notaba diferencia en la forma de expresarse entre los niños de la ciudad y del campo.

Así lo reconoció Laura Valdés, de Sancti Spíritus, quien quiso resaltar que todos los niños cubanos, aunque vivan en un intrincado lugar, tienen las mismas posibilidades. Una escuela con las nuevas tecnologías y un maestro preparado se encuentran igual en el centro de la capital, que en una apartada serranía.

Esta no fue una «discusión de grandes», pues fueron los pequeñines quienes se robaron la simpatía de los presentes. Sobre todo cuando, además de plantear sus dudas y certezas, respondían con atrevimiento a las preguntas «provocativas» que la presidenta nacional de los pioneros, Miriam Yanet Martín, les realizaba para hacer más profundo y ameno el encuentro.

Rey Alejandro Ruiz, un pequeñín de Matanzas, fue uno de ellos, y quiso mandarle un mensaje a Fidel: «Decirle que lo quiero mucho. Quiero darle un beso muy grande, del tamaño del cielo. Tengo muchos deseos de verlo».

También provocaría asombro el camagüeyano Ariel Alejandro, un pequeñín de primer grado, quien tras hacer una disertación que ya quisieran algunos mayores, terminó agradeciendo a la Revolución, porque nunca se ha olvidado de ningún niño.

Con estos análisis finales terminó un Congreso que propició casi 200 intervenciones en los debates de las cinco comisiones del evento, las cuales se suman a los más de 700 000 planteamientos efectuados en los destacamentos, municipios y provincias.

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