Cambian entorno social en asentamientos rurales

Servicios de rehabilitación física, espacios para celebrar reuniones y bodas, bibliotecas se extienden por las serranías cubanas

Autor:

Juventud Rebelde

El tiempo pasa fugaz. La vida cambió para bien en recónditos lugares de la geografía cubana. Sus habitantes aún lo recuerdan con asombro: en mulos y hasta en hombros llegó el progreso a las comunidades rurales no electrificadas.

Transformación del modo de vida, disfrute de los programas televisivos, mayor información del acontecer provincial, nacional e internacional, crecimiento del número de mujeres de esas zonas que han interiorizado la necesidad de realizarse la prueba citológica y han conocido mejor los peligros de la gravidez temprana...

Todo esto forma parte del impacto social del Programa de Salas de Televisión, que abre nuevas puertas a la información y el disfrute de numerosos programas televisivos, ya sean docentes, culturales o de entretenimiento, a casi medio millón de cubanos que residen en esos territorios.

Solo en la provincia de Sancti Spíritus el programa abarca 22 comunidades. Más de 2 000 pobladores de zonas intrincadas se han beneficiado hasta la fecha con la puesta en marcha de estas salas.

Todas ellas funcionan con celdas fotovoltaicas, ventaja que contribuye a su dispersión como centros promotores de la cultura general integral que incentiva el país.

Los videos educativos sobre salud, historia, ciencias y diversas temáticas, animan los debates y las charlas con la participación de los pobladores, dando realce al protagonismo de médicos de la familia, maestros y combatientes del Ejército Rebelde, entre otros.

Todo ello ha propiciado una disminución del alcoholismo y el tabaquismo, sin contar el entusiasmo inmediato y los comentarios que generan las diez películas cubanas a las cuales han tenido acceso en estas instalaciones por primera vez.

Pero el suceso es algo más que pantalla: la versatilidad de las salas se extiende a una minibiblioteca en cada sitio y al servicio de rehabilitación física, con notables beneficios para la calidad de vida en cada poblado.

OPCIONES PARA TODOS

Casi sin proponérselo, las salas de televisión sobrepasaron el fin social para el cual fueron creadas inicialmente, y más allá de aglutinar a los interesados en la programación televisiva habitual se convirtieron en instituciones promotoras de buenas prácticas de convivencia.

En poco tiempo dejó de ser sorpresa la musicoterapia como método recuperativo ante la aparición del estrés, algunas afecciones neurológicas e incluso dolores o trastornos musculares.

Por otro lado, la práctica del ajedrez en el recinto despierta las potencialidades de una zona donde el juego ciencia era desconocido, y en el que ya tanto niños como adultos forman equipos competitivos.

En algunos casos hasta operan como base para la universalización de la Enseñanza Superior en lo más intrincado de una loma.

Por eso también hay alegría en Cienfuegos, a raíz de la introducción de marcos de convivencia familiar más placenteros como opción válida para estas comunidades, «aprendidos» en esta nueva especie de «puerta mágica» al mundo exterior, el de las urbes lejanas.

Ese es apenas uno de los éxitos de las salas de televisión sureñas, en las que se entremezclan salud, conocimientos y un concepto de recreación apropiado que deja más satisfechos a los pobladores de asentamientos aislados en la provincia.

De las 25 salas cienfuegueras, 23 utilizan el sistema de celdas fotovoltaicas, a excepción de las de Arimao y Barajagua, que de modo experimental trabajan en zonas electrificadas. Ocho de ellas se encuentran en la zona montañosa.

De la noche a la mañana se convirtieron en el lugar más importante de la comunidad, pues los vecinos hacen en sus locales no solo las reuniones sociales y de rendición de cuentas, sino además matrimonios, espectáculos culturales con conjuntos musicales creados en los propios asentamientos, cine-debates y otras actividades.

Tal abanico de opciones ha ayudado, también aquí, a disminuir el alcoholismo, y contribuye a distender las relaciones interfamiliares, merced al estímulo psicosocial que representan.

LA EDAD DE ORO ENTRA POR LA TV

A cientos de kilómetros del Escambray, más de 70 títulos de la literatura universal han sido colocados en cada una de las 447 salas rurales de televisión de Granma, territorio donde Fidel inauguró ese programa de la Revolución hace cerca de cinco años.

Desde entonces, más de cuatro millones de espectadores han traspasado el umbral de las nuevas instalaciones para tocar, no solo ver, la obra de la cultura universal.

La introducción en las salas de estas obras —que van desde La Edad de Oro hasta un completo diccionario martiano— busca fomentar la lectura entre los campesinos y convertir dichos recintos en referentes de cultura comunitaria.

Entre los textos más leídos por los pobladores se encuentran los antológicos El Principito, Aventuras de Tom Sawyer, Robin Hood, Memorias de Adriano y Sandokan.

Pero también destacan entre los ejemplares solicitados los de corte histórico, político o educativo. Desde mi altura (poemario de Antonio Guerrero), Pusimos la bomba... ¿y qué?, El Generalísimo, En la guerrilla junto al Che y Para expresarnos mejor, ya tienen la huella de numerosas manos.

Con la iniciativa han surgido talleres literarios, peñas y círculos de interés sobre la lectura, festivales de narraciones y lanzamientos de libros.

Los volúmenes impresos despiertan la «codicia» por mayor cubanía, y muchas de estas salas (muchas de ellas se encuentran en lugares sin electrificar) han incluido en sus vitrinas películas criollas, que se suman a los documentales didácticos y filmes sobre la convivencia humana, tema de gran expectativa entre los usuarios concurrentes.

Es como si la TV ayudara, además, a mirarse por dentro.

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