Aborígenes cubanos eran más que recolectores de alimentos

 Los ciboneyes, según recientes descubrimientos arqueológicos, cultivaban además la tierra a escala no extensiva

Autor:

Juventud Rebelde

Las campañas de excavaciones realizadas en los años 2004 y 2005 en Canímar Abajo han contado con la decisiva colaboración del personal científico de la Dirección de Patrimonio en Matanzas, de la Sociedad Espeleológica de Cuba y del Instituto Cubano de Antropología. Foto: Roberto Rodríguez

 Los más recientes hallazgos en el sitio arqueológico Canímar Abajo, de la provincia de Matanzas, revelan por primera vez que los ciboneyes (también siboneyes), radicados en esta comarca hace alrededor de 3 000 años, eran ya capaces de producir alimentos a partir de plantas cultivadas en sus comunidades.

Hasta ahora estos grupos aborígenes estaban clasificados solo como recolectores, pescadores y cazadores; pero las pruebas reunidas en la nueva pesquisa permiten decir que no solo eran apropiadores de alimentos, sino que también cultivaban la tierra a escala probablemente no extensiva.

De este modo se podría deducir que los hombres prehispánicos del occidente cubano tenían ya un conocimiento acumulado sobre su entorno y poseían dominio de los recursos tecnológicos para poder acceder a otras fuentes de vida más allá de la recolección y la caza.

 Una de las herramientas de piedra que ha revelado la presencia de gránulos de almidón en sus poros y fisuras; primera evidencia del consumo de plantas en comunidades consideradas como preagrícolas. Según estudios de carbono 14, esta pieza procede de un nivel fechado en 2845 + - 90 AP (años antes del presente) y fue hallada a 1,70 metros de profundidad. Foto: Flor de Paz Tal resultado es fruto de las investigaciones realizadas a partir de las últimas dos campañas de excavación en Canímar Abajo, explica el doctor Roberto Rodríguez Suárez, investigador auxiliar del Museo Antropológico Montané, de la Universidad de La Habana, quien dirige este proyecto.

«Hallamos múltiples utensilios de piedra, catalogados como percutores o manos laterales, en los que identificamos gránulos de almidón procedentes de plantas como el maíz, el boniato y leguminosas», señala el especialista.

Los descubrimientos también podrían implicar la percepción de un posible distanciamiento del patrón continental, mediante el cual generalmente se concibe a los denominados grupos recolectores, pescadores y cazadores como bandas familiares que se mueven de un sitio a otro en busca de recursos alimenticios.

«Las características geográficas de las islas antillanas, así como su biodiversidad y disponibilidad de alimentos a distancias relativamente cortas, posiblemente permitieron el establecimiento de grupos nucleares de ciboneyes en las zonas donde practicaban alguna forma de cultivo, mientras que determinados individuos de la comunidad accedían a recursos más lejanos.

«Con estos nuevos hallazgos hay que pensar en la probabilidad de un mayor nivel de complejidad sociocultural para estas comunidades, porque evidentemente no solo eran apropiadores de alimentos», enfatiza el doctor Rodríguez Suárez.

CANíMAR ABAJO

El proyecto Canímar Abajo incluye excavar por completo el yacimiento en diferentes campañas. Conseguirlo permitirá disponer de una muestra muy significativa de restos humanos para estudios paleodemográficos. Foto: Roberto Rodríguez El yacimiento se ubica en la margen este del río Canímar; no ha terminado de excavarse y hasta el momento han sido exhumados restos pertenecientes a más de un centenar de individuos ubicados en diferentes grupos eterios.

«Este sitio se caracteriza por tres momentos importantes de ocupación: un primer tiempo, en el que es utilizado para enterramientos, como cementerio; una etapa intermedia, en la que tuvo lugar una acumulación de restos de alimentos formada casi exclusivamente por moluscos y peces que vivieron en la orilla del río, la costa y el mar cercano; y otra etapa, más tardía, en que vuelve a ser utilizado como cementerio", describe el doctor Rodríguez Suárez.

Según el investigador, en este último momento aparecen esqueletos casi completos, colocados en las posiciones características de los enterramientos realizados por las poblaciones prehispánicas de Cuba; las fetales: decúbito lateral derecho e izquierdo, y algunos restos humanos teñidos de rojo (el colorante empleado fue la hematita, de origen mineral).

«En esta etapa es bastante frecuente encontrar una asociación probable entre la Pinna carnea (molusco nacarado característico de esta zona y muy poco visto en la arqueología cubana) y un enterramiento.

 En el Laboratorio de Arqueometría del Museo Montané, el doctor Roberto Rodríguez Suárez ha estudiado los utensilios hallados. Foto: Flor de Paz «Un rasgo diferencial entre la etapa más tardía y la más antigua, o temprana, de ocupación del sitio, es que en esta última los restos esqueletales aparecen cubiertos con piedras, no están teñidos y en general se encuentran extendidos, lo cual habla de patrones de enterramiento bastante diferenciados.

«Dataciones recientes sobre huesos humanos le atribuyen al sitio Canímar Abajo una antigüedad de 5 000 años, similar a Levisa y Seboruco, en el territorio oriental de Mayarí».

Dentro de las labores que se desarrollarán en el yacimiento de Canímar Abajo, el especialista señala estudios de ADN, para comparar las dos ocupaciones del sitio como cementerio, así como una investigación antropológica integral.

«También pretendemos hacer estudios de paleodieta, en la búsqueda de precisiones sobre preferencias alimentarias de estas poblaciones, lo cual abundaría más en la determinación del nivel de importancia que tuvieron los vegetales en sus preferencias y si estas estuvieron dirigidas hacia los nutrientes marinos o los terrestre», concluyó el investigador.

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