Jóvenes del Contingente Piti Fajardo narran sus experiencias

El Contingente, integrado por licenciados de Cultura Física, cumplió esta año una década de existencia

Autor:

Juventud Rebelde

BAYAMO.— En sus relatos sobre el pasado abundan los lugares salvajes y las escenas de escalofrío, como aquellas vinculadas con culebras o serpientes.

Kirenia, por ejemplo, cuando estuvo en Betania (en el municipio de Gran Sabana), en Venezuela, se espantó en un aula cuando vio víboras sobre las mesas, «pero los niños de primer grado las mataron». En ese tiempo en la selva, diseñaba ejercicios físicos para pobladores indígenas.

Alfredo. Alfredo —otro profesor de Educación Física— en los dos años que vivió en las laderas de la Sierra Maestra, en San José, durmió sobre tablas, cruzó ríos endiablados y cazó un majá enroscado que, según sus palabras, «nos comimos completito».

Yunior. Yunior, en su estadía en Ortega, en las montañas de Guisa, debió de inventar pelotas de voleibol elaboradas con papel maché y otros materiales, y hasta ideó una net con sacos de yute.

Mayais desgastó zapatos loma arriba y loma abajo en busca de ancianitos para incorporarlos al círculo de abuelos en la época en que hacía de entrenadora en El Jigüe. Luego supo aclarar sendas a fuerza de carácter cuando impartió clases en el estado bolivariano de Portuguesa.

Y Yaima pasó la prueba del siglo al verse convertida en profesora de fútbol frente a varones con rasgos machistas. «Una de mis primeras lecciones consistió en hacer una demostración de recepción de pecho, imagínense», expone con una risa extendida.

Las vivencias de estos jóvenes bayameses se entrecruzan en un punto: todos se vincularon en una etapa temprana de la vida al contingente Piti Fajardo, creado para licenciados de Cultura Física en octubre de 1996, hace exactamente diez años.

Todos, por maravilloso azar, trabajan hoy en la universidad deportiva de Granma, subordinados al decano José de Jesús Caballero, fundador y primer «decimista» de este movimiento germinado una década atrás en las serranías del Escambray espirituano.

Kirenia. Los cinco ocupan cargos en la Facultad: Kirenia Boza Torres está al frente de las investigaciones científico-técnicas, Alfredo Vázquez Itumaya encabeza el área de superación y posgrado, Mayais Muela Matos es la jefa del departamento de Método de análisis e investigación, Yunior Guerero Soto funge como asesor del Decano, y Yaima Castillo Pumarol se desempeña actualmente como secretaria del Comité UJC.

Otra casualidad hermosa: todos nacieron en 1978, excepto Yaima, quien vio la luz en 1982.

SALTOS DESDE LA SIERRA

La conversación con ellos se va poblando de colinas a medida que galopa el reloj. Es entendible: el contingente Piti Fajardo brotó y creció, esencialmente, con graduados destacados, para llevar fuerza técnica especializada a sitios intrincados del país.

En esas elevaciones trabaron amistad con lugareños que todavía no han podido olvidar, se convirtieron en líderes comunitarios e implantaron fórmulas para revivir el deporte.

Varios llegaron a parajes donde «no había nada», en los que el aburrimiento y el alcohol pendenciero se enseñoreaban.

Los integrantes del Contingente se convirtieron en líderes comunitarios e implantaron fórmulas para revivir el deporte. Foto: Franklin Reyes «Algunas personas empezaron a vernos como delegados de circunscripción o como si fuéramos médicos; por eso fue más que una misión relacionada con la Cultura Física», apunta Alfredo.

«Aprendimos mucho, lo que nadie calcula. Yo tuve que dar clases en una escuela con pelotas ponchadas, y fui profesor, subdirector de internado, guía de pioneros, director de un equipo de softbol, jefe de exploración y campismo... un hombre orquesta», señala Yunior.

Recapitulan casi a coro que, en ocasiones, pasaban 45 días sin «bajar a la casa», pero ninguno se «ablandó».

Kirenia, muy apegada a los suyos, es quizá la más sentimental en ese aspecto. «Siempre mi mamá iba a verme los domingos a la escuela donde trabajaba, en el municipio de Bartolomé Masó, nos cuenta. «Me llevaba una jaba con chucherías; los alumnos y el resto de los padres se reían bastante cuando ella comentaba: “Voy a ver a la profesora Kirenia”, como si yo fuera una niña».

Poco a poco llegó la adaptación, y a los dos años ya esta joven y el resto de sus coetáneos se dejaban dominar por los encantos de la Sierra Maestra.

Mayais. Fue entonces cuando tres de ellos, Yunior, Kirenia y Mayais, llamados a cumplir misión, saltaron mágicamente a Venezuela.

En suelo bolivariano, en el que pasaron 18 meses, los tres repletaron el baúl de vivencias únicas: llevaron la bailoterapia a los indígenas, contestaron preguntas de Fisiología a los incrédulos, hicieron de karatecas algunas veces o comieron hormigas vivas.

«Es cierto que me asustaron las serpientes. Sin embargo pronto le cogí la vuelta a aquel panorama y me llegaron a nombrar “la domadora”», reconoce Kirenia.

Mientras, Mayais acentúa que los venezolanos se impresionaron al límite «con nuestra juventud; nos imaginaban maduros o viejos. Allá, al igual que en la Sierra Maestra, dejamos un pedazo de nosotros, otra parte de nuestra familia».

EL EJEMPLO DE PITI

Yaima La más nueva, Yaima, expresa que el Contingente ha asumido hoy otros desafíos, distintos a aquellos del principio. «Ahora, por ejemplo, desempeñamos un rol importante en la universalización de la Enseñanza Superior. No hay que ir necesariamente a la montaña».

No obstante, según sus palabras, «no es fácil», sobre todo para las mujeres, quienes todavía son miradas con recelo por algunos en las clases prácticas.

«Pero ahí vamos», indica con picardía, al tiempo que remarca uno de los principales empeños del Contingente en la actualidad: realzar la figura del Comandante Manuel Fajardo Rivera, nombre de todas las universidades deportivas cubanas.

«Nos hace falta saber más de ese hombre que cayó combatiendo contra los bandidos en las montañas de Cuba en el año 1960», manifiesta enfática.

Los cinco muchachos avalan ese criterio. Creen que los «contingentistas» y los estudiantes de las facultades del músculo requieren sumergirse en el ejemplo de un ser modesto, leal, caballeroso, inteligente y culto.

«Necesitamos la figura de Piti», dice Alfredo. Lo afirma con la convicción de que la obra del héroe puede domar cualquier serpiente física o espiritual que se atraviese en el complicado camino de la vida.

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