Jóvenes colombianos pasan Luna de Miel en Cuba

Dos jóvenes colombianos decidieron pasar su luna de miel en nuestro país, como parte de una brigada internacionalista de solidaridad con la Isla

Autor:

Dora Pérez Sáez

«Hace dos años vine a Cuba por primera vez. Ahora estoy aquí con Mónica María, mi compañera, aprovechando nuestra luna de miel».

Quien así habla es Luis Zea Bustamante, enfermero colombiano de 29 años que decidió visitar recientemente nuestro país, a pocos días de casado. A su lado está Mónica Velásquez, de 28, y licenciada en Educación Especial. Se conocen desde hace ocho años, y dos meses atrás decidieron empezar una vida juntos.

Pero su luna de miel no es como la que usualmente todos soñamos. Ellos no se hospedaron en ningún hotel, ni pasan sus días en Cuba bañándose en la playa ni degustando platos típicos en restaurantes.

Luis y Mónica integran una de las tantas brigadas de solidaridad con la Isla que durante 15 días permanecen trabajando en diversas tareas, viajes organizados por el Instituto Cubano de Amistad con los Pueblos (ICAP). Él nos visitó hace ya dos años, y participó en la zafra. En aquella ocasión ella no pudo acompañarlo, por cuestiones económicas.

Pero este año vinieron los dos, junto con cuatro amigos, y durante dos semanas permanecieron en el Campamento Internacional Julio Antonio Mella, en La Habana, trabajando en la agricultura.

«Hace tres meses que estábamos planificando venir a Cuba, a celebrar sus 28 años y a hacer nuestra luna de miel acá, en el campamento. No conseguimos la plata, pero pedimos un préstamo en un banco. Venir era ya una cuestión de compromiso político con Cuba y de amor entre los dos».

—¿Cómo definirías tu estancia aquí hace dos años?

—Me dejó más enamorado de lo que venía, porque integrar la brigada, siendo un estudiante colombiano, es muy significativo, mucho más si se viene de un país tan oprimido como el mío.

«Al regresar a Colombia le conté a mi novia con pelos y detalles, y ella quedó tan emocionada como yo. Lo primero que le dije fue: “Dejé parte de mi corazón en Cuba. Tengo que volver por él, o ir a entregar el resto”».

SUEÑO CUMPLIDO

Luis Zea ya conocía bastante de la realidad cubana antes de visitar nuestro país. Estudió Enfermería en una universidad pública en Medellín, que a pesar de ser una ciudad pequeña, ha venido gestando un movimiento estudiantil de los más fuertes en Colombia. Eso le permitió encontrar una forma diferente de aprender lo que cotidianamente no se dicta en clases, y constituirse como un sujeto político.

«Durante toda la carrera fui dirigente estudiantil —relata— y eso me posibilitó estar en espacios donde se hablaba mucho de política. En mi caso, siempre hubo una atracción y un respeto por Cuba, no solo por el reconocimiento de la Revolución que triunfó en 1959, sino incluso desde mucho antes, desde Antonio Maceo y todo el proceso insurreccional contra España. Entonces, antes de venir, ya yo tenía una forma muy clara de ver este país.

—¿Ese criterio abunda en los jóvenes colombianos?

—No, porque no todos tienen acceso a la educación superior. Eso ocurre con quienes pudimos estudiar y, además, nos hemos enfrentado a la vida de forma diferente, porque venimos de la clase baja. Ver a los padres todos los días trabajar, sufrir, ser desplazados... todo eso también lo lleva a uno a constituirse como un sujeto diferente de la realidad.

«En Colombia los jóvenes, al igual que todas las familias, están clasificados por niveles económicos. Entonces, los que pertenecen a un nivel superior, están más lejos de una contextualización política latinoamericana. Y los de más baja categoría están separados del sistema educativo. Por eso tratamos de crear otros espacios, no educativos, donde podamos hablar con aquellos que no pueden estudiar».

—¿Qué se dice allá de nuestro país?

—La configuración de Cuba ha sido muy tergiversada. Los medios de comunicación están muy manipulados, y no permiten ver o comprender la realidad tan bonita que se puede llegar a vivir en un país con tantas conquistas que en el resto de los países latinoamericanos no tenemos. Solo te muestran la realidad norteamericana, donde la felicidad se adquiere por medio del dinero. Y a nuestros muchachos les queda muy difícil tener la posibilidad de ver otros contextos.

También para Mónica, Cuba había sido un referente importante desde hacía mucho tiempo. Ella trabaja en la Universidad Pedagógica, en la Dirección de Extensión, donde coordina y apoya a nivel académico y logístico el desarrollo de proyectos con jóvenes en sus localidades.

«Este viaje era una permanente motivación —reveló— y todo el tiempo decíamos: “Tenemos que ir”. Hasta que por fin se nos dio. Esto tiene un sentido que va más allá de conocer por conocer, de “turistear”. Es un encuentro con el pueblo cubano y con compañeros de otras naciones, y ese aprendizaje debe volcarse en nuestro país y en ese ideal que tenemos de que las cosa%3

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