¿El cerdo más longevo de Cuba?

El cerdo de José Antonio Sánchez Moisés ha sobrevivido a la soledad y las enfermedades durante 16 años

Autor:

Juventud Rebelde

«Toñín», el dueño del cerdo. ¿El cerdo más longevo? Fotos: Ernesto Font

Mayarí, Holguín.— Que José Antonio Sánchez Moisés, «Toñín», no haya perdido con el paso de los años ni un ápice de su buen tino para la crianza de cuanto animal caiga en sus manos, pese a su escaso tiempo libre, podría ser una discutible hazaña personal para los tiempos que corren.

Pero que su filantropía llegase hasta el casi inverosímil punto —según los términos con que lo han catalogado no pocos «entendidos en la materia»— de mantener estoicamente con vida nada menos que a un ejemplar porcino, durante, léalo usted bien, ¡los últimos 16 años! ¡Eso sí que es un récord, caballeros!

«Lo compré de cuarenta días de nacido, el 13 de marzo de 1991.Lo coloqué provisionalmente en ese corral, y ahí se ha mantenido durante todos estos años», confiesa con orgullo Toñín a JR.

Mientras tanto, nos señala al chancho por un resquicio que ofrece el viejo tanque metálico que le ha servido de eterno escondrijo, a un costado del taller automotriz. Nuestro fotógrafo tiene que hacer acrobacias para poder tomar las imágenes.

El local forma parte de las facilidades temporales que se erigieron para la construcción de la presa Melones, una obra que fue necesario paralizar desde los primeros embates del periodo especial en nuestro país.

«Como trabajaba aquí, mi objetivo era mantenerlo un tiempo y llevarlo a casa de mis padres en Cueto —continúa diciendo— pero transcurrieron los años, y yo no me decidía a sacrificarlo».

Para mayor curiosidad nos enteramos que, en 1996, Antonio sufrió repentinamente una isquemia cerebral, lo cual le mantuvo en un delicado estado de salud y, por consiguiente, dejó de atender a su mascota. Entonces la familia estuvo a punto de venderla.

«Yo les dije que no, que lo dejaran tranquilo, hasta que llegara mi hermano y lo cuidara. Los custodios del taller le daban agua y los restos de los alimentos que consumían, fue una gran ayuda, aunque el puerco se deterioró un poco», rememora.

Pero en cuanto nuestro entrevistado pudo reincorporarse al trabajo fue destinado hacia otras funciones, y así se mantuvo laborando durante ocho años en Moa y otros municipios de la provincia.

«El puerco seguía en el mismo lugar. Solo los domingos le llevaba dos latas de “salcocho”. Pero en septiembre de 2005 regresamos a la Melones. Debido a la intensa sequía que azotaba a la provincia, el país decidió reiniciar los trabajos».

Desde entonces no ha vuelto a faltarle atención. Algunos de los compañeros de Antonio le calculan al cerdo más de 400 libras de peso, por lo cual sería ya muy difícil poder sacarlo de su metálico enclaustramiento.

Lo cierto es que en el lomerío no pocas interrogantes continúan surgiendo alrededor del venturoso cerdo. Las más obligadas apuntan a cómo ha sido posible que su dueño no lo vendiera y haya escapado de los cacos, aun estando en un sitio tan retirado. Por qué nunca le han puesto nombre, y cómo ha resistido la soledad, las enfermedades...

Otras, por su parte, apuntan con agudeza hacia el mito, el misterio, el encantamiento, por no decir a cosas del más allá. (¡Solavaya, mira que se le ocurren cosas a la gente!)

Por su parte, Toñín le resta toda importancia a tales especulaciones y se mofa de quienes no se atreven ni a acercarse por los alrededores del corral.

«Es solo un puerquito criollo muy viejo. Mire usted que ya perdió uno de sus colmillos, y le quedan muy pocos dientes. Ahora está tan gordo que casi no se puede parar», desdice.

Nos confiesa que su amor por la naturaleza ha crecido desde aquel día que lo compró. Y los pocos minutos libres que su trabajo le permiten —como especialista principal de Equipos en la UBE de Movimiento de Tierra que construye la presa Melones, en las montañas de Mayarí— se los dedica a su longevo cerdo.

Sobre su proverbial amor por los animales asevera que lo heredó de su padre, el popular anciano Gervasio Sánchez, quien hoy ostenta 103 años de vida y a quien todos en Cueto conocen por el sobrenombre de «Caballito».

«En una ocasión crié un ovejo que llegó a pesar 172 libras, y casi lloré de impotencia cuando dos bandidos, aprovechándose de mi ausencia, lo apalearon y se lo llevaron», recuerda indignado Toñín.

—¿Será este el puerco más viejo de Cuba?

—Bueno, se dice que un cerdo sano, con todas las condiciones, debe durar unos 20 años o más. Habría que averiguarlo. Pero la verdad es que solo viven el tiempo necesario para el dueño. Si usted se entera de algún otro como este, se da un «saltico» por la presa y me lo dice.

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