¿Dónde está el culpable?

Productores, distribuidores y comercializadores se pasan de un lado a otro la responsabilidad sobre las mercancías adulteradas en las redes comerciales del país Adulteraciones (I)  

Autor:

Yailin Orta Rivera

¿En cuál eslabón de esta larga cadena ocurren las adulteraciones de productos que tanto afectan el bolsillo y la satisfacción de los consumidores? Es sorprendente la cantidad de medidas con que cuentan las entidades del país para frenar la venta de productos adulterados. Al analizarlas, uno se pregunta cómo es posible que con tantas disposiciones todavía algún establecimiento venda un producto falso.

A solo siete días de publicado el primer trabajo de esta serie, nos percatamos de que tanto las empresas productoras como las comercializadoras, incluyendo el sistema de almacenamiento y distribución de productos, tienen mecanismos de control que, de funcionar correctamente, ahorrarían tantos atropellos al bolsillo ciudadano.

Pero una cosa es la teoría y otra la práctica. Este gran andamiaje de normas y disposiciones no se sostiene por sí solo. Pasa obligatoriamente por la seriedad y disposición de quienes tienen que aplicarlo y hacerlo valer. Y es aquí donde se desmoronan algunos cálculos.

Examinando la información que hemos recibido de las entidades respecto al tema de las adulteraciones, resulta muy complicado, casi imposible, determinar los resquicios por donde se cuelan las falsificaciones.

FUERA DE SUCHEL

Según criterio de los directivos de Suchel, no existe adulteración de productos con su sello en las fábricas. De ocurrir, sería en los establecimientos de venta. Entre el personal que trabaja en estos y los usurpadores.

Así ocurrió en centros de Habaguanex en 2005. En algunos establecimientos que no tenían grandes almacenes, personas inescrupulosas rápidamente se aprovecharon para introducir productos falsos provenientes del mercado soterrado.

Por la queja de un consumidor se desenredó este ovillo de confabulaciones. Especialistas y técnicos de calidad de Suchel descubrieron el delito en inspecciones efectuadas tras el reclamo.

Esta empresa realiza controles, tiene sistemas de laboratorio e inspectores con nivel técnico para velar por la calidad productiva.

«El problema de las falsificaciones no lo generamos nosotros. Tenemos un sistema para evitarlas. En nuestras producciones cumplimos las normas establecidas, el producto sale con la calidad y llegamos hasta su distribución. Si algunos irresponsables introducen productos falsos en las tiendas, nuestra empresa no es la culpable», expresa José García, director de la Unión Suchel.

«Contamos con tres sistemas de protección, los agentes de SEPSA, Coraza y un Grupo de Seguridad Interna. Ellos funcionan en todas las empresas y se encargan de proteger las áreas».

El empresario manifiesta que si algún cliente se siente inconforme con uno de sus productos, puede contactar con la empresa y le darán respuesta en menos de 24 horas.

Según García, cualquiera de sus productos tiene más de 50 componentes, por lo que es prácticamente imposible sacarlos todos de la industria.

También apunta que el número de hechos que se reportan no son significativos como para alimentar estas «producciones caseras». La dirección de Suchel reconoce que no es invulnerable al robo, pero precisa que se toman medidas severas con quienes incurren en estos sucesos.

DESENGAÑOS EN BARES Y CANTINAS

Dicen que es en las unidades donde le entra el agua al coco, perdón, al ron. El sistema de control de la Unión de Bebidas y Refrescos parece un portentoso muro contra las adulteraciones, lo que no significa que sea inexpugnable.

Nancy Zamora Herrera, directora técnica de la Unión de Bebidas y Refrescos, refiere que en el caso del ron a granel tienen establecido que las pipas distribuidoras salgan, por ejemplo, con diez hectolitros, de los cuales deben repartir 9,8. El 0,2 restante debe analizarse cuando regresen a la fábrica.

Las propiedades de este ron deben coincidir con los resultados que arrojaron las comprobaciones aplicadas al producto antes de salir de la entidad.

Explica la directiva que esta norma limita que el pipero le eche agua o cualquier otra sustancia al ron y está plasmada en los convenios colectivos de trabajo.

«La capital es la mayor consumidora del ron a granel; por consiguiente, donde más ocurrían infracciones. Para evitarlas, seguíamos en un carro a las pipas durante la distribución, y detectamos con frecuencia a trabajadores de los centros de Comercio Interior en la “operación del agua”», argumenta Zamora.

Una de las prácticas más comunes es añadirle agua y alcoholes dudosos al ron. Pero una vez que se deposita el producto en las unidades, la responsabilidad recae sobre las administraciones.

La Unión solo se responsabiliza con la calidad de la producción y su correcta distribución. «Hasta el momento, no hemos recibido una queja sobre falsificaciones por parte de Comercio y Gastronomía», señala Nancy Zamora.

«Nuestras responsabilidades cesan una vez que los administradores admiten la mercancía y emiten la factura».

Sin embargo, algunas entidades dan margen a la desconfianza cuando una vez recibida la bebida, no la venden de manera inmediata.

«Mucho tiempo nos cuestionaron por la calidad y llegamos a demostrar en reuniones con Comercio que no teníamos nada que ver con las lamentables propiedades que tenían algunos rones que se le ofertaban al cliente. Entregamos el producto con un certificado de conformidad con las características del mismo, y se guardan los lotes testigos por si hay algún reclamo», señala la Directora técnica.

En el ron a granel, argumenta, la dureza del agua es cero y si está alterado, no salió de la producción. Fue que le echaron agua.

«En los rones embotellados hemos detectado ejemplares con agua con café, agua con colorante o mezclados con otros rones. Se aprecia en la bebida una turbidez y un sedimento que no es lógico en un producto de fábrica», señala Zamora.

«Siempre los comercializadores alegan que somos los culpables de entregarlos así. Hasta ahora no lo han podido demostrar. Es imposible que en una producción de miles de litros algunos estén bien y otros no».

Afirma que han tomado medidas con algunos almaceneros, a quienes se les sancionó por responsabilidad material o se les separó de los puestos de trabajo. Las medidas se aplican al jefe de almacén, porque en ese eslabón de la cadena es donde únicamente pueden ser sustraídos productos de las fábricas, apunta la empresaria.

«En la industria es muy difícil que ocurran estas ilegalidades, porque el jefe de producción hace un pedido al almacén y debe coincidir con el lote terminado. Y las mermas tienen que cuadrar. Por ello hemos reforzado el control permanente al almacén».

La directora técnica de la Unión de Bebidas y Refrescos reconoce que las fábricas clandestinas no tienen que alimentarse de materias primas provenientes exclusivamente de este sector, porque hay una amplia gama de industrias que emplean el alcohol.

A LO CRIOLLO

Mariela Cables, directora técnica y de Gestión de la Calidad de la fábrica de cigarros Lázaro Peña, en Holguín, dice que ellos lograron reducir la sustracción de materias primas.

«En 2006 controlamos mejor nuestros recursos y solo hubo que analizar a algunos trabajadores por intentar sustraerlos, aunque sabemos que no está solucionado completamente el problema. En lo que va de año hemos detectado cuatro casos de cigarros falsificados».

La funcionaria manifiesta que en 2007 realizarán un sondeo en todo el país para comprobar el nivel de aceptación del cigarro Criollos, y en dependencia de los resultados trabajarán para eliminar deficiencias.

Mariela afirma que, como tienen pocos especialistas para controlar a nivel nacional la calidad de Criollos, están dispuestos a preparar a inspectores del Ministerio de Comercio Interior para que identifiquen estos problemas en toda la nación.

CONTRACORRIENTE

Contrario a la práctica de la mayoría de las empresas a nivel internacional, algunas del patio tienen como prioridad cumplir planes y cifras, y a esa tarea dedican los recursos necesarios, olvidando otros deberes importantes.

¿Cuántas veces escuchamos decir que tal entidad es la mejor porque cumplió —o sobrecumplió— sus planes de producción y ventas? Sin embargo, ¿quién puede asegurar que a estas cifras las acompaña la debida calidad? ¿O si a manos del consumidor llegan los mismos productos fabricados por dichas entidades?

Muchos centros comercializan productos de marcas nacionales, sin recibir inspección alguna del fabricante para controlar la calidad de sus producciones, algo que conspira contra su imagen y los estatutos establecidos para proteger al consumidor.

«Los productores son responsables de garantizar la autenticidad y la calidad de sus productos hasta el cliente final, que es el consumidor», destaca María del Carmen Moreno, directora de la Oficina Nacional de Protección al Consumidor.

La funcionaria agrega que los comercializadores tienen una gran responsabilidad también en este sentido: «Son ellos quienes tienen que verificar los productos que reciben, según el contrato firmado con los proveedores».

Sin embargo, un recorrido de JR por varios establecimientos demostró que con frecuencia los fabricantes se divorcian del destino de sus producciones, y que otros tantos comerciantes las revisan de manera muy simple.

Según directivos de la Unión de Bebidas y Refrescos, Suchel, Cubita, la Empresa de Cigarros Lázaro Peña de Holguín y la Unión de Empresas de Productos Lácteos, entre otras industrias, ellos no están facultados para inspeccionar sus productos en venta.

EN CONFIANZA

El Rápido La Palma vende las 24 horas. Ubicado en el capitalino municipio de Arroyo Naranjo, es el elegido diariamente por decenas de personas, quienes hasta altas horas de la noche visitan el sitio.

Recientemente este diario llegó allí y conversó con Zulema Castro, administradora de la unidad. Ella nos dijo que ningún suministrador ha ido nunca a verificar la calidad de lo que ellos expenden.

El día de nuestro encuentro había en pizarra más de 20 productos: cigarros cubanos, refrescos de la marca Ciego Montero, cervezas Cristal y Bucanero y distintos tipos de confituras.

«Desde que dirijo aquí nunca ha venido ningún representante de la cerveza Tínima —ni de otros productos— a comprobar si la que vendemos es la misma que ellos producen en Camagüey», explicó Luis Prieto, administrador de la unidad El Segundo Dragón de Oro. (En el anterior reportaje demostramos que en este centro se expendía cerveza Tínima adulterada).

Algo similar ocurre en la tienda Brimart, de 10 de Octubre. Allí expenden cientos de productos en CUC y ningún proveedor se interesa por la integridad de sus marcas. Como ocurre también en los 25 establecimientos visitados por este equipo de trabajo.

ARMAS CONTRA EL ENGAÑO

Ninguno de los involucrados quiere cargar con la responsabilidad, y mientras esto sucede, solo unos pocos se benefician del engaño de muchos. En una encuesta realizada por nuestro diario, muchos administradores explicaron las acciones que realizan en sus unidades para tratar de frenar la venta de productos ilícitos.

Algunos dicen que no solo revisan la mercancía que reciben, sino que han implementado novedosos métodos para garantizar su autenticidad. Tal es el caso de Lázaro Borrero, gerente del mercado Rey Mono, en Centro Habana.

Lázaro tiene hasta un sello con su nombre y apellidos, el que estampa en algunos productos proclives a las adulteraciones. Dice que hasta ahora le ha dado buenos resultados, pero también emplea otros métodos.

«Cuando los proveedores traen la mercancía, la reviso minuciosamente. Miro que tenga el mismo número de lote, sellado y apariencia», agrega Borrero.

«En año y medio que llevo aquí he tenido muy pocas quejas relacionadas con la calidad de los productos. Cuando eso ocurre llamo al fabricante y le damos solución.

«Como únicamente un producto se vende a la población sin la calidad requerida es que lo hayan producido así en la fábrica, como ocurrió una vez con el ron Planchao Silver Dry.

«Los clientes notaron que no era el mismo. Y cuando analizamos con el proveedor, nos comunicaron que esa producción la hicieron con un alcohol comprado de manera directa en un central y por eso no tenía el mismo sabor. Recogieron la mercancía y la sustituyeron», añade Lázaro.

Lourdes Osorio, gerente del Pórtico, a la entrada del Barrio Chino, dice que ella revisa bien el sellado, presencia y lote de toda la mercancía que le llevan, pero asegura que eso no le da mucha tranquilidad.

«Las técnicas de adulteración se han sofisticado. ¿Quién me asegura que los falsificadores no hacen sus mercancías ahora con un número de lote también y con la misma imagen que las producidas en las industrias?», se pregunta.

«Los administradores deberíamos tener más conocimientos técnicos acerca de los productos para que nadie nos engañe. Los proveedores podrían ayudarnos mucho en ese sentido y constantemente ir variando algo en la producción para no darles tiempo a los tramposos a pensar. Esa sería una variante, pero seguro que existen otras, para frenar esta tendencia», dijo Lourdes.

Quedan en la agenda decenas de ejemplos de cómo algunos tratan de impedir la introducción de mercancías adulteradas en sus establecimientos. Pero la realidad demuestra que el problema persiste.

LA LETRA TAMBIÉN ENTRA CON SANGRE

Las respuestas de varios organismos evidencian que, aunque la venta de productos adulterados en la red comercial ha ganado terreno, al parecer las entidades no están de espaldas al problema.

El Ministerio de Comercio Interior, el que más incidencia tiene en estos hechos, nos hizo llegar varias de las medidas que aplican para que los estafadores no conviertan en regla lo que siempre tuvo que ser excepción.

Según esa institución, cuentan con un cuerpo de inspectores que realizan controles sorpresivos a sus unidades a cualquier hora, incluyendo la madrugada. En esas inspecciones hacen especial énfasis en el control económico y la introducción de mercancías.

Otra medida esgrimida por los funcionarios es la de escoger productos y hacerles pruebas en laboratorios para comprobar su legitimidad. También imparten cursos a sus controladores para que alcancen el nivel profesional necesario.

La Oficina Nacional de Normalización (ONN), con sus inspecciones, les tiende un cerco constante a las violaciones que tienen lugar en el entramado de la fabricación, comercialización, distribución y venta de productos.

En las 2 000 inspecciones de calidad de los productos y servicios del país que efectuó esta entidad en los diversos sectores, y las

1 005 supervisiones metrológicas que aplicó a instrumentos de medición de todo tipo en el año precedente, detectaron un total de 1 241 violaciones.

La ONN impuso más de 200 multas a infractores y 964 obligaciones para erradicar las deficiencias señaladas en los centros verificados. Sin embargo, de las medidas y disposiciones que establecieron los inspectores para cumplir en términos prefijados a más de 900 instituciones, 60 aún no les han encontrado solución a sus problemas.

«Se observa una disminución en las violaciones de las normas establecidas para los productos, lo que no se manifiesta de igual forma en los servicios. En el 60 por ciento de los servicios inspeccionados se evidenció incumplimiento en la atención al cliente y en la higiene, entre otros indicadores», valoró Nancy Fernández, directora general de la ONN.

Las normas cubanas obligatorias que más se violan en el país son el etiquetado de alimentos preenvasados y las prácticas sobre higiene de los alimentos concebidas y dirigidas a la protección y seguridad de los consumidores, afirmó la directiva.

La Policía Nacional Revolucionaria (PNR) también está detrás de los falsificadores. Según informó el teniente coronel Ángel Díaz, jefe de Divulgación de esa institución, en los últimos años han desmantelado varias fábricas clandestinas en el país, y por eso se ha logrado contener esas manifestaciones.

«La gente colabora porque sabe que quienes se dedican a ese negocio solo piensan en llenarse rápidamente los bolsillos. A muchas personas les preocupa que este tipo de mercancías llegue a los establecimientos, porque luego tienen que pagarlas como buenas», añadió el oficial.

¿QUIÉN TIRÓ LA PIEDRA?

La mayoría de los empresarios que contestaron al primer trabajo, dijeron cumplir cabalmente lo instituido para evitar el descontrol económico, algo que no ponemos en duda, pero resulta paradójico que la sustracción de materia prima de las entidades hacia las fábricas clandestinas sea el modus operandi más empleado por los falsificadores de productos, según demuestran los operativos policíacos.

Administradores y transportistas aseguran que cumplen lo establecido para impedir estas ilegalidades. Sin embargo, los cuerpos de inspección estatal siguen detectando violaciones. ¿Dónde están los resquicios para el fraude? Mientras nos llegan respuestas, la población y la economía del país continúan siendo los perjudicados.

Consejos contra la estafa

•Percatarse de que el punto de inyección ubicado en el fondo de los envases plásticos de los líquidos esté rugoso y no liso, además de que este no debe estar ensanchado.•Los rones embotellados son brillantes en su forma original, pero cuando están adulterados se observan turbios, como si tuvieran pelusas. No deben tener ningún sedimento.•A las botellas de cerveza hay que observarles bien las etiquetas. Si al pasarles la mano están lisas, quiere decir que no fueron pegadas industrialmente, ya que en las fábricas este proceso se hace con un rodillo que deja pequeñas estrías, las cuales se constatan al mirar la botella a contraluz.•Las cajas de cigarros Criollos de la fábrica tienen un número del 2 al 20 en la parte de arriba, el cual se observa por encima del nailon que envuelve la cajetilla.•Todos los paquetes de café Cubita deben estar bien compactados. Los que no cumplan con este requisito no pueden ser vendidos.•En el caso de los productos de Suchel, todos tienen el número de lote en su envase, el cual no debe tener ninguna anomalía, como rayado o suciedad.•Es muy efectivo exigir el comprobante de compra, y también perforar o cortar los envases antes de botarlos para que no sean utilizados por inescrupulosos que luego los rellenan, vaya usted a saber con qué.•Ante cualquier duda relacionada con Suchel, marcar el 649-0919 en Ciudad de La Habana.

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