Descontrol: el sedicioso agazapado

La economía cubana tendría un tronco más sólido y frutos más abundantes, si pudiera despojarse de sus lastres funcionales

Autor:

Yailin Orta Rivera

El principio socialista del Che, «la calidad es el respeto al pueblo», supone control, pero control durante todo el proceso de producción, distribución y comercialización, no para hacer la autopsia, cuando solo queda descubrir el robo, la malversación y la adulteración de los productos.

Esto es lo que se deduce tras una conversación tan extendida como filosa, con uno de los hombres que han dedicado su vida a analizar los intersticios de la economía socialista cubana.

Ernesto Molina, profesor titular del Instituto Superior de Relaciones Internacionales Raúl Roa García. Llegamos hasta la casa de Ernesto Molina, profesor titular del Instituto Superior de Relaciones Internacionales Raúl Roa García y presidente de la Sociedad Científica de Pensamiento Económico y Economía Política de la Asociación Nacional de Economistas de Cuba, para buscar luz sobre las causas profundas que abren el camino a la introducción de productos adulterados en las redes comerciales del país, un fenómeno denunciado en dos ediciones anteriores de este diario.

Y mientras más nos adentrábamos en el diálogo, más se convence el interlocutor de que la economía cubana —como los árboles del monte— tendría un tronco más sólido y frutos más abundantes y jugosos, si pudiera despojarse de sus lastres funcionales, esas enredaderas que estrangulan parte de sus propósitos, y que incluso —como advirtió el Comandante en Jefe Fidel Castro el 17 de noviembre de 2005 en el Aula Magna de la Universidad de La Habana— podrían amenazar la existencia misma de la Revolución.

El problema —para el especialista— es que cuando existen adulteraciones ya no se trata de un producto socialista, ni de un productor socialista, ese delincuente que florece a veces en la sociedad, tiene la «virtud», creada en nuestro sistema, de estar alfabetizado, educado, adiestrado y capacitado, para mal imitar al productor socialista.

Para evitar la existencia de un entorno favorable al desarrollo de estos infractores, el estudioso refiere que Lenin advirtió que no solo basta con el control estatal, sino también se requiere el control obrero. Y resaltó el planteamiento del líder de la Revolución de Octubre, cuando habló sobre las trampas para cazar burócratas, oportunistas y toda esa pléyade de parásitos.

Lenin definió al burócrata como el hombre para quien su puesto es más importante que la Revolución. Es bueno recordar cómo el Che concebía al cuadro, no solo como un hombre bien seleccionado por sus conocimientos técnicos, sino por su condición intrínsecamente revolucionaria, defensor del pueblo.

«El productor socialista tiene que crear todos los instrumentos necesarios para proteger su propiedad, pero este problema no es fácil resolverlo porque tiene que ser abordado desde muchas aristas», comenta Ernesto Molina.

El Che decía que la calidad es el respeto al pueblo, y una forma de expresarse ese respeto en la red comercial es que no solo se vele por la eficacia en la producción, sino también en el consumo, argumenta el profesor.

«La calidad se garantiza durante todo el proceso productivo, no al final únicamente. Antes del “control total de calidad” se pensaba que para obtener mayores logros había que incurrir en mayores costos, mientras que con esta práctica, garantizando la calidad durante todo el proceso de producción, se reducen los costos», precisa Molina.

«Llama la atención que en algunos manuales de Economía Política del Socialismo se proclame como ley económica fundamental, casi que como una cuestión de principio, la satisfacción en forma creciente de las necesidades materiales y espirituales de todos y cada uno de los miembros de la sociedad, y apenas se menciona que las dos fuerzas originarias de toda riqueza son el trabajo y la naturaleza. Ello incluye, por tanto, proteger a las generaciones futuras de consumidores, con producciones no dañinas a la naturaleza».

El experto manifiesta que hay que hallar las vulnerabilidades internas de los procesos de construcción socialista que conducen a las distorsiones que no garantizan la calidad que merece el consumidor.

«La lógica de la realización del productor socialista que hemos percibido hasta hoy es otra: si un producto no está apto para su consumo, se sustituye por otro; en nuestra economía, los vendedores tienen la primacía y la demanda insatisfecha hace que los compradores compitan entre sí por los productos y que los vendedores se esfuercen por utilizar las capacidades a su máxima explotación, pero los mercados succionan todo lo que se produce. La reducción del costo y la mejor calidad dejan de ser premisa de la realización», explicó.

FALTA EXIGENCIA Y MOTIVACIÓN

Lo que denuncia el prestigioso economista lo reconoce también Julio Vázquez Roque, viceministro de Economía y Planificación, un conocedor de la realidad cubana en términos económicos.

Este funcionario admite sufrir las grietas que enfrenta hoy el sistema empresarial de la Isla, aunque se muestra seguro de que se pueden cerrar con más exigencia y motivación.

Para este representante estatal la pérdida de valores es el peor daño que ocasiona el descontrol económico, y admite que el perjuicio material dificulta en ocasiones el cumplimiento de planes y estrategias y posibilita que algunas fábricas clandestinas continúen operando, en menoscabo de los consumidores, quienes pagan —bastante caro— por productos falseados.

—¿Cuáles son las principales deficiencias presentes en las empresas nacionales en términos de control económico?

—Aún encontramos problemas en la contabilidad. Una buena parte de las auditorías reflejan deficiencias en el control de los recursos y en las cuentas por cobrar y por pagar.

«Existe un alto ciclo de cuentas por cobrar, y esto es muy peligroso. Un documento de este tipo envejecido, y que no esté debidamente conciliado, puede ser fuente de robo o desvío de recursos, porque si el deudor de una empresa a la que se prestó servicio no lo reconoce, puede tratarse de una factura falsificada.

«También detectamos desactualización de documentos contables en algunas entidades, lo cual puede servir como puente para ilegalidades, sustracción de materias primas o productos terminados de una unidad».

Según el viceministro, las últimas pesquisas demuestran que uno de los principales problemas se presenta en el control de combustible asignado a las empresas. «No todas fiscalizan las hojas de ruta debidamente y estas no siempre reflejan el kilometraje real que consumió la entidad».

—¿Cómo garantizar entonces el control económico?

—El control de los recursos transita también por la planificación. Muchas veces para evitar las pérdidas se piensa solo en el control físico y contable en los almacenes. Método válido, pero no exclusivo.

«Cuando se elabora un presupuesto de gastos ajustado, con rigor, que evite holguras innecesarias de recursos, también puede contribuirse a un mejor control de estos, porque se deja menos espacio para sobrantes.

«En los últimos 40 años se ha desarrollado en el mundo la técnica de elaborar el llamado Presupuesto Cero, que significa concebir el plan económico desde abajo, olvidando los gastos del año anterior. Para eso hay que hacer un detallado análisis de cada uno de los gastos, y preguntarse siempre qué puede representar para el objetivo principal de la empresa, la eliminación o ejecución de algunos de ellos.

«En nuestro país estas ideas están introducidas en la metodología de la elaboración de los planes, pero no siempre logramos cristalizarlas. Unas veces porque la disminución excesiva de los gastos puede afectar el bienestar de los directivos y trabajadores, y otras porque algunos directivos temen elaborar planes muy ajustados y luego no contar con los recursos necesarios para su ejecución».

Por estas razones afirma que para lograr la eficiencia en la aplicación de esta variante se requiere —además del componente técnico— un buen trabajo ideológico y ético con cada uno de los integrantes de la empresa para que comprendan las ventajas del proyecto.

«Para alcanzar esa meta es necesario darle aún más participación a todos en la elaboración de los planes económicos, donde no solo se deben analizar las condiciones de trabajo y los recursos necesarios para cumplirlos, sino qué gastos pueden disminuirse o eliminarse para lograr más eficiencia».

—¿Cuál es la actitud de directivos y trabajadores con respecto al control económico?

—Las comprobaciones demuestran que tanto unos como otros están ganando mayor conciencia en la necesidad de incrementarlo. Eso es solo una aproximación al problema. La existencia de la Comisión Gubernamental de Control, las constantes auditorías, y la necesidad de que las entidades tengan contabilidad confiable para entrar en perfeccionamiento empresarial, son herramientas que han posibilitado este avance. Desde el punto de vista teórico están creadas las condiciones subjetivas para perfeccionar el control, la tarea principal ahora es velar porque se cumplan.

—¿Los problemas detectados son por incapacidad profesional o por afán de lucro de los implicados?

—No creo que sea por negligencia ni por incapacidad. Si algo hemos hecho en estos años es capacitar a los directivos y trabajadores de las áreas contables. Puede que escaseen, o que no en todas las empresas tengamos suficientes dirigentes, pero no es por incapacidad, ni negligencias masivas.

«Algunas deficiencias son generadas por ambas causas en algún momento, pero también hay otros problemas objetivos que ha tenido que enfrentar nuestro sistema empresarial en estos años, sobre todo relacionados con el tema de las cuentas por cobrar y por pagar.

«Puede que alguien para lucrar permita que la contabilidad esté desactualizada, pero no es una generalidad, como tampoco lo es la indolencia. Lo que más apreciamos es falta de cultura económica en los procedimientos».

—¿Qué pudiera decirnos sobre el criterio que esgrimen algunos de que los trabajadores no se esfuerzan más por los resultados de sus empresas, y hasta sustraen recursos, porque no participan en las ganancias de estas...?

—En este aspecto no estamos en cero. En la mayoría de las entidades productivas una parte del salario de los trabajadores está vinculado con el resultado de las ganancias. Si vamos a la agricultura, en casi todas las ramas hay una relación directa del obrero con los resultados. En la mayoría de las industrias se aplica un sistema de estimulación, incluso en divisas.

«Tenemos que seguir estudiando mecanismos de estimulación vinculados al plan, que también alienten a los trabajadores y que los motiven para en la medida que las ganancias se acrecienten reciban una mejor bonificación».

DESTERRANDO LA IMPUNIDAD

Al Ministerio de Comercio Interior se le escapan cada año millones de pesos por concepto de pérdidas y faltantes, evidencia del descontrol económico en muchas de sus unidades.

Algunos de los recursos sustraídos terminan en manos de personas inescrupulosas que luego los adulteran e introducen en la red comercial para obtener ganancias.

Así lo reconocen dos altos directivos de esa institución, quienes también admitieron que el principal problema que enfrentan hoy es el descontrol administrativo y la impunidad bajo la cual se arropan muchas de las deficiencias que se cometen.

«El deficiente control administrativo es lo que más nos perjudica. Cuando el encargado de velar por la custodia de los recursos de una unidad mantiene una conducta seria y no permite irregularidades, aunque su aparato contable no funcione como es debido, las pérdidas no son tan astronómicas como ahora exhiben muchas entidades», sostiene Damar Maceo Cruz, viceministra de Comercio Interior.

«Hemos conocido que en ocasiones se han desviado camiones de mercancías porque se han puesto de acuerdo los trabajadores de algún almacén con el transportista. Donde ocurre algo así es porque no existe un directivo serio que controle mejor el trabajo de sus subordinados, y algo similar nos sucede en muchas entidades donde se detectan problemas.

«El control contable tiene responsabilidad también, pero menos. Ese no puede impedir que se adulteren los productos. No se le puede echar la culpa de todo a la contabilidad. Es cierto también que tenemos problemas con el personal económico en muchas de nuestras empresas, porque esa actividad se deprimió en los últimos tiempos por falta de medios para trabajar, bajos salarios y otros factores, pero cuando hay buen control administrativo se evitan las transgresiones», afirma.

«Ahora estamos realizando varias acciones para frenar las pérdidas que tenemos y el desvío de recursos. Para eso comenzamos a centralizar las finanzas en la capital, y luego lo haremos en el resto del país. La contabilidad puede estar descentralizada, pero las finanzas no; cuando eso sucede facilitamos los robos».

—Hay quienes plantean que las pérdidas continúan porque se recicla en los puestos a algunos directivos que cometen ilegalidades...

Francisco Silva, viceministro de Comercio Interior. —Está establecido hace mucho tiempo que las personas que han sido sancionadas no pueden pasar de un establecimiento a otro. A quien se le aplica una democión definitiva de un cargo administrativo no puede aparecer en otro. Hay veces que la sanción es temporal y tiene derecho a ocupar ese mismo puesto u otro de igual rango», aclara el viceministro de Comercio Interior Francisco Silva Herrera.

También está establecido, añade, que las personas con antecedentes penales de carácter económico no pueden trabajar en este sector, pero aún así reconocemos que esos casos se dan.

«El que pone a alguien a trabajar como bodeguero no es el Ministro ni un viceministro. Es un jefe de unidad básica, o de una zona comercial de una empresa municipal. Sabemos que hay personas que han burlado estas orientaciones, y que a veces no se investiga profundamente, que pueden hasta haber comprado la plaza, pero en cuanto los detectamos tomamos las medidas pertinentes», asegura el funcionario.

«Nosotros ahora estamos luchando por parar la impunidad. Esa es una tarea a la que está volcado el Ministerio. La gente tiene que sentir la presión de los superiores y saber que no estamos con los brazos cruzados».

EL DESCONTROL NOS «MATA»

El descontrol económico y sus lamentables consecuencias son bien conocidos en el entramado del sistema legal del país, donde definitivamente terminan enjuiciándose.

No es extraño entonces que para la fiscal jefa provincial de Ciudad de La Habana, Patricia Rizo Cabrera, este fenómeno sea un problema serio. Así lo demuestran los últimos procesos judiciales abiertos contra individuos de diferentes entidades por desviar grandes cantidades de mercancías bajo su custodia.

Aunque reconoce que se ha perfeccionado el sistema de auditoría y control, de comprobaciones e inspecciones, apunta que todavía el mecanismo es vulnerable e insuficiente.

«Mientras el hombre siga jugando un papel fundamental en ese sistema y pueda “moverlo” a partir de su responsabilidad, seguiremos teniendo problemas. Todavía no se logra que los cuerpos de auditoría e inspección de las entidades detecten a tiempo las irregularidades. Por ejemplo, la debilidad en el sistema de contabilidad de muchas entidades es que las operaciones no tienen contrapartida, por tanto, muchas de las que se hacen no son verificadas».

Desde su perspectiva, la guerra campal contra los delitos de sustracción de productos y materias primas de las empresas, ha permitido que ahora se aprecien más casos, porque se controla más, lo que no quiere decir que se cometan más.

Las violaciones —agrega— en las empresas comienzan cuando los administrativos violan el objeto social de la entidad, y estas se cometen de varias maneras, falsificando facturas o vales, en combinación de comercializadores con suministradores.

A pesar de que los operativos policiales han desarticulado varias fábricas clandestinas y han demostrado que parte de las materias primas utilizadas en estas prácticas provienen de las empresas, en la Fiscalía Provincial de la capital supimos que nadie ha sido procesado aún por la elaboración de productos adulterados.

En opinión de la fiscal jefa Patricia Rizo, esto sucede porque ningún empresario denuncia nunca que le han sustraído materia prima de su fábrica. Eso solo se conoce cuando a la entidad le realizan una auditoría y le detectan la anormalidad.

Cuando la Policía Nacional Revolucionaria (PNR) opera alguna fábrica furtiva las medidas contra los implicados varían en dependencia del volumen de producción de estas y los recursos que se ocupen.

«Si se trata de algo sencillo se les pone una multa a los inculpados, pero cuando la situación es más compleja y los dueños de estas fabriquitas tienen muchos recursos sustraídos de la economía y hasta personal laborando para ellos, entonces el procesado debe responder ante la justicia por los delitos de apropiación indebida, actividades económicas ilícitas, enriquecimiento ilícito u otro delito, según determinen los expertos», explica el teniente coronel Ángel Díaz, jefe de Divulgación de la Dirección Nacional de la PNR.

A VIEJO PROBLEMA, NUEVO PENSAMIENTO

Joaquín Infante, Premio Nacional de Economía en el año 2000. Joaquín Infante, Premio Nacional de Economía en el año 2000, y profundo analista de los entuertos de nuestro funcionamiento empresarial, considera que hay que hacer un análisis sistémico e integral de los factores que generan las adulteraciones de productos en la red comercial del país.

«Los problemas no se resuelven con el mismo pensamiento que los creó, hay que buscar nuevos mecanismos para erradicarlos», apunta.

En su consideración el factor organizativo es fundamental en toda la cadena de producción, distribución y comercialización, a la vez que señala la necesidad de una contabilidad y un control interno excelentes.

«La contabilidad debe estar al día y debe efectuarse por un personal calificado que se preocupe por que se registren adecuadamente las operaciones», argumenta.

«El control interno no puede interpretarse como un aparato económico, sino como un mecanismo bien engrasado donde deben intervenir todos los factores porque todas las personas son responsables en la entidad».

El destacado estudioso refiere que el control interno es una concepción muy amplia, pero si lo aplicamos rigurosamente a la gran cadena comercial, se pueden evitar muchas de estas problemáticas.

«Este control se aplica —por ejemplo— cuando se ingresa mercancía en el almacén: quien la entrega tiene una factura del proveedor que no da a quien la recibe, este la debe contar, revisar y entregar un informe de recepción, y quien la entregó al almacén debe verificar que los datos de este informe coincidan con la factura. Luego en el almacén hay una tarjeta de destino en la que se anotan los productos y las cantidades, y cuando se sustrae cualquiera de ellos tiene que constar en los vales de salida», describe.

«Existen resquicios en el proceso productivo cuando no se establecen adecuadamente las normas de consumo. En la producción deben hacerse valer correctamente estas medidas, y muchas veces no sucede así, o en el margen de tolerancia que dejan para las pérdidas reportan una cantidad y otra la sustraen. Los inspectores generalmente son quienes detectan estas deficiencias, pero si tuvieran un buen sistema de control interno, de costo y una buena contabilidad, no sucederían tales desatinos.

«En la distribución se aplica también el control por factura. No tiene por qué haber fraude. Y quien recibe la mercancía en los centros de servicio conoce perfectamente todo lo establecido que le permite velar por la calidad de lo que recibe; este administrador es el responsable de que todo se expenda correctamente en su entidad, lo cual logra con el chequeo diario, por turno, realiza los cuadres y comprueba puntualmente.

Sin embargo —enfatiza— existe el peligro de que aunque tengas todos los controles del mundo las personas los burlen, y esto sucede a veces porque hay un problema organizativo.

«Antes estas cosas no sucedían, porque para las personas la principal fuente de ingreso era su sueldo. Luego de la crisis económica y la devaluación de la moneda cubana estos problemas se agudizaron», manifiesta.

«Las personas no se preocupan por la calidad de los productos que ofertan en su entidad porque sencillamente si se vende o no, a ellos no les perjudica. La gente no se siente identificada con su centro laboral y hay que lograr cambiar este comportamiento social, y no puede ser por decreto».

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