Una sede «amansa guapos»

Algunos llegaron hasta con un abultado historial de broncas, pero el trabajo personalizado, las iniciativas, la vinculación con la familia, el estímulo a la par de la exigencia, están cambiando el rumbo incierto de muchas vidas en las sedes de los Cursos de Superación Integral para Jóvenes

Autor:

Juventud Rebelde

Foto: Jorge Luis Guibert CONTRAMAESTRE, Santiago de Cuba.— «¡¿Qué, qué..., que me pagan por estudiar? Ahora sí que se volvieron locos!» La idea, entre la burla y el asombro, titiló ante los negros y pícaros ojos del muchacho.

El rostro del oficial de la PNR se mantuvo serio mientras argumentaba. «Mira muchacho, no queremos meterte preso, tú eres joven, vives solo... Te vamos a dar un último chance. Dicen que ahora hay un Programa que se llama Curso de Superación Integral para Jóvenes (CSIJ)...».

Con un abultado historial de broncas en apenas dos décadas de vida, que lo convertían en un verdadero problema en las calles de Maffo; seis intentos de salida ilegal del país, y otras «credenciales» como los 21 tatuajes en su cuerpo, José Puy Matamoros (Pinito), se presentó en la sede del CSIJ Tony Santiago, la que pertenecía a su Consejo Popular.

«Hacía justamente dos meses que le había dado dos puñaladas al hijo del director de aquella sede, ¿cómo crees que iba a aceptarme?... Entonces me dijeron: ve a “la Pepito” que el director de allí es buena gente.

«Entré con pena, hacía años que no estudiaba; después que perdí a mis padres lo primero que hice fue dejar la escuela. Un día, en una clase de Física, el profesor me llamó la atención ante un grupo de hembritas. Eso para mí era inaceptable.

«Al otro día llevé un cuchillo al aula, lo llamé y le dije: yo quiero que usted salga conmigo para la calle; mi intención era matarlo, y lo hubiera hecho. Por suerte, el profesor no aceptó mi provocación y me trajo para la Dirección...

«Le dije al director: Sáqueme de esta escuela, porque yo voy a matar al viejo ese... y el director me dijo: Usted de aquí no se va, aquí hay oportunidades para todo el mundo. A partir de mañana usted será el profesor de Historia del grupo de duodécimo grado.

«Este está más loco que yo, me dije por dentro. Cuando aquello yo estaba en el curso de nivelación, ahora es que estoy en décimo, ¿cómo iba a darle clases a los de doce...?

«Serpa, nuestro director, es profesor de Historia; él me hacía las clases y me decía: di esto... Así pude con aquel grupo, de como 60 alumnos... Después los muchachos empezaron a llamarme “profe” en la calle, muchachitas bonitas, sabes, entonces me dije: ah, soy famoso.

«Estuve seis meses con aquel grupo y llevé el aula a ser Vanguardia. Poco a poco se me fue metiendo el bichito y hoy soy el presidente de la FEEM de los CSIJ del municipio y me siento un dirigente estudiantil».

UNA ESCUELA COMO CUALQUIER OTRA

La historia de Pinito es la de algunos jóvenes de Contramaestre, que han reencontrado su camino en las aulas de la sede del CSIJ Pepito Tey, una de las 14 que funcionan en ese municipio santiaguero.

Una filosofía que parte del conocimiento del ser humano y el trabajo diferenciado según sus necesidades, la unidad de acción de un claustro preparado y enamorado de la tarea que asume, el despliegue de iniciativas, la vinculación de la familia en el rescate de sus hijos, el estímulo a la par de la exigencia, han sido claves, al decir de su director, el licenciado Norlenis Serpa Santos, para que este colectivo se ubique hoy a la vanguardia entre los de su tipo en la provincia y el país.

«No parece una escuela de esta enseñanza...», es criterio común entre quienes la visitan y pueden palpar la dinámica del centro que mezcla, en un horario único, actividades que defienden el aprendizaje y la preparación política de los muchachos, con trabajos voluntarios, encuentros deportivos, galas culturales, reuniones de padres, festivales de monitores, participación en concursos, visitas a centros de producción, sitios históricos y recreativos o el aporte a las múltiples misiones de la Revolución Energética y la Batalla de Ideas...

Según Serpa, la creatividad, la iniciativa, han sido decisivas para que la escuela alcance ese alto porciento de asistencia.

«Ante el hecho de que teníamos unos cuantos esposos machistas, que no dejaban que sus esposas vinieran a la escuela solas, de noche, creamos un aula para esposos celosos. Mientras las esperaban, ellos podían ver la televisión, leer la prensa, practicar en el laboratorio de Computación... Así logramos sumar a muchos a nuestras aulas.

«Para las madres solteras con hijos, alrededor de 30, creamos una ludoteca; hacemos reuniones con los padres, los invitamos a las actividades, visitamos sus casas. Todo esto, unido al buen funcionamiento del grupo coordinador que integran la FMC, los CDR y dirige la UJC, nos ha dado el éxito».

A pesar del amplio espectro de actividades en que se involucran, lo que está en el centro del quehacer del colectivo pedagógico y constituye su insatisfacción constante es que los estudiantes transiten por los tres niveles de desempeño, partiendo de una estrategia concebida para el aprendizaje.

ESTUDIANTES CON PASADO

—Oiga, alumna, a partir de hoy usted no viene a la escuela así... El gesto grave y prolongado del director contrastó con la brevedad del vestuario de la joven, de falda y blusa cortísimas; mas el regaño supo trascender las lágrimas para tocar la vergüenza.

Así fue que Yaneisy López conoció la voz de Norlenis Serpa. Problemas en su casa la habían llevado a abandonar los estudios en un Instituto Politécnico Agropecuario de su municipio, y en la calle, con sus veinte años, había desarrollado casi una adicción a la ropa corta.

«Al otro día en cuanto llegué a la escuela fui a la dirección y le dije: Yo no soy quién usted piensa. Y para probárselo le entregué la bandera y la credencial que me habían dado como delegada al Congreso de la FEEM, de 1991, en el que participé. A partir de entonces me acostumbré a andar con la ropa un poquito apretada, pero larga.

Las lecciones del CSIJ para la menuda muchacha, van más allá del largo del vestuario para dar cuerpo a lo que ella llama su «renacimiento».

«Antes yo estaba perdida, no miraba a ninguna parte, no veía futuro ni para mí ni para mi hija. Hoy me siento encaminada, confiada para escoger una carrera, que espero sea la Pedagogía. Si lo logro, no quiero ser una maestra cualquiera, quiero ser tan buena como el director Serpa y los demás profesores, que son de vanguardia».

Su sentir es común en la Pepito Tey. Esto es lo mejor de lo mejor. Futuro, coger una carrera, ser alguien en la vida, mi vida ha cambiado... son frases recurrentes para jóvenes como Bellaurora, Yanet, Yamisleidis, Yamilka y muchos otros.

«No siempre todos podemos mantenernos a la vanguardia», expresa Bellaurora Velis; «detrás hay mucho sacrificio, niños que se quedan con familiares, esposos que atender, madres y padres enfermos, contradicciones, problemas... pero tratamos de salir adelante y estamos muy embullados con la escuela».

Para otros, como Marisliannis, quien vive con VIH, la escuela es también refugio ante las incomprensiones de aquellos que no entienden su enfermedad y la rechazan. «Aquí, señala, he aprendido que puedo ser una persona de bien y realizar mis sueños...».

LA MAGIA DE «LOS SERPITA»

«No, yo no puedo trabajar en esta escuela», fue la primera impresión de la profesora Leyla Fajardo. Antes yo trabajaba como metodóloga en la dirección municipal, y vine para acá con una idea de trabajo. El primer choque fue violento. Los alumnos se paraban en el aula, fumaban, gritaban de la tercera a la primera planta... y aquello me ponía mal.

«Por suerte, luego se produjeron una serie de cambios, para bien, en los que ha sido decisiva la labor pedagógica directa con el alumno. El director dedicaba desde 15 minutos hasta una hora a hablar con los estudiantes en los vespertinos, a repetir sobre el reglamento, la importancia del Curso, por qué tenían que aprovechar esta oportunidad... eso ha ido calando en la conciencia de los muchachos».

Según la docente, a eso se unió el trabajo del colectivo, de los profesores guías, los análisis constantes de los problemas, la discusión con los ausentistas, las visitas a sus casas.

«Detrás de un problema conductual hay una situación económica difícil, una situación de convivencia pésima y entonces, ahí está el profesor. El otro día un alumno me decía: ¡Profe, usted es mi madre! Así yo quiero que me vean».

De esa manera ven también a la profesora Norma Reyes, al profesor Raúl González, a todos, siempre preocupados por cada detalle, por los alumnos que aún no han logrado incorporar... y sobre todo al director, Norlenis Serpa, cuyo sistema de trabajo, coinciden alumnos y profesores, ha sido vital en los logros del colectivo.

«No quiero que me vean como el director, sino simplemente como un hombre al que la Revolución le ha dado una misión.

«Trato de buscar en los alumnos sus aspectos positivos, sus cualidades, inculcarles que hay que prepararse, ser responsables. Cualquier ser humano comete un error, pero aquí la sociedad le permite rectificar; para eso es la Revolución y para eso estamos nosotros aquí», refiere el director del centro.

«Hay que buscar métodos creativos, motivar a partir del ejemplo. No vale enterarse de un problema y dejarlo así, es preciso ver las causas y diseñar un plan de intervención para tratar de resolverlo. «Yo no tengo familia aquí en Contramaestre, mis padres viven en San Luis; mi familia aquí son mis compañeros y mis estudiantes y me da mucha satisfacción cuando llego a algún lugar y alguien dice: “ese fue mi director”, o cuando en la calle le dicen a uno de mis alumnos: tú eres de los Serpita...».

SOLO UNA REVOLUCIÓN VERDADERA...

¿Que si ha sido fácil ser presidente de la FEEM? Qué va. Por la FEEM perdí mi matrimonio. Vivo solo, pero la escuela me ayuda.

«El otro día le dije al profesor Serpa: Director, yo me voy de aquí, no tengo zapatos... Antes yo hacía negocios, pero ahora gano $80.00 pesos y con tantas responsabilidades arriba...

Los negros y pícaros ojos de Pinito ahora se humedecen. «Entonces el director hizo una ponina y entre todos me compraron un par de zapatos. Eso solo se ve aquí. Solo una Revolución verdadera puede hacer cambiar a un desviado como era yo».

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