Memorias de un cubano cuyo padre fue víctima fatal de atentado terrorista

Guillermo de Valencia Fonseca perdió a su padre en el atentado al avión de Cubana en 1976, organizado por el terrorista Luis Posada Carriles

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Desde el 6 de octubre de 1976 Posada Carriles privó a padre e hijo de momentos como este.

Este junio será igual para Guillermo de Valencia Fonseca. Como hace 30 años llegará el día de los padres y no tendrá siquiera la posibilidad de visitar alguna tumba, con la certeza de que allí descansan los restos de su papá.

El dolor de este cubano no se ha apagado. Él solo pide que se enjuicie al terrorista Luis Posada Carriles, autor del atentado al avión de Cubana con matrícula CUT-1201, donde viajaba como sobrecargo mayor Guillermo de Valencia Guinot.

«Que amanezca el día de los padres —dice ahora su hijo—, y no puedas felicitarlo. Pero además, que pienses en el motivo de por qué no está, en la manera en que te lo arrancaron, es algo indescriptible.

«No es fácil perder así a tu guía. A esa persona que te hizo hombre, te encaminó y luego te dio todo lo bueno que podía darte para que fueras lo que eres».

La última vez que lo vio fue en su casa en Ciudad de La Habana. «Como siempre, estaba alegre, pues nunca lo vi bravo. La bravura en él estaba por dentro, si algún día la tenía, porque nunca la manifestó. «En ocasiones se reía de accidentes que había tenido y en los cuales habría perdido la vida. No te resolvía los problemas, sino te sugería posibles soluciones; antes de imponer su criterio te preguntaba: ¿Y tú qué hiciste?

«Los momentos que pasé con él clasifican entre los más felices de mi vida. Cada vez que nos reuníamos era para reírnos. Recuerdo su costumbre de andar en short y pulóver blanco en la casa, las visitas al parque Lenin en los días de su inauguración, o las veces que nos convidaba a alguna tarea que luego repartía de tal forma que mi hermano y yo terminábamos haciéndola, a la vez que decía: “Si no hay quien dirija, la cosa se pone mala”.

«A la par de esa manera jovial con nosotros, asumía con tremenda seriedad su trabajo. Tenía como ritual llegar al aeropuerto dos o tres horas antes de salir el vuelo, pues no concebía que lo regañaran».

Guillermo de Valencia Fonseca.

Por más de 30 años Guillermo ha conservado el saco de uno de los últimos uniformes de trabajo de su padre. El traje que usaban entonces los sobrecargos en los aviones de Cubana devino símbolo para él.

«No te puedo decir que tengo a mi padre, pero sí que tengo algo que él amaba demasiado, a lo que le rendía tributo como a lo más puro de la labor que desempeñó durante casi 30 años en Cubana de Aviación.

«Por ello no dejo de conmoverme cuando oigo la frase ¡Eso es peor! ¡Pégate al agua, Felo, pégate al agua! La hermana del que dijo esa frase se reúne con nosotros en cada encuentro de los familiares de las víctimas y cuando la escucha ella llora.

«Yo durante este tiempo he pensado que el que abrió la puerta de la cabina fue mi papá; por la frase de ¡Cierren la puerta!, ¡Cierren la puerta! uno se puede imaginar tantas cosas...

«Es muy triste y muy doloroso, pues quieres saber lo sucedido y te preguntas de qué forma murieron, en qué pensaron entonces... Los sentimientos se agolpan cuando ves esas imágenes o participas en los actos y encuentros con el resto de los familiares».

Emociones que por estos días provocan la indignación de todo un pueblo al saber que el causante del dolor de miles de cubanos se pasea por las calles de Miami con el consentimiento del gobierno norteamericano.

«Nosotros —comenta Guillermo— nos aliamos a ese sentir del pueblo cubano, como parte de él, pero también como dolientes más cercanos, pues se nos suman otros sentimientos. Creo que si nuestros jóvenes son capaces de mantener esos sentimientos, de sentir lo que no vivieron o no vieron por no haber nacido antes, estarán demostrando que tenemos un pueblo que conoce al imperialismo.

«Lo que está sucediendo ahora ya lo habíamos previsto, porque del imperialismo se puede esperar cualquier cosa. El colmo es que para el gobierno estadounidense Posada Carriles no cumple los requisitos para ser juzgado como terrorista.

«¿Será porque no ha matado a neoyorquinos, o que Posada debe tener más de mil muertos en ese país para poder llegar a ser asesino o terrorista? Su libertad será siempre algo incomprensible, pues este personaje asesina sin escrúpulos y ha enlutado a muchas familias cubanas.

«Hay un asesino en la calle y yo le pediría al gobierno de Estados Unidos que termine de una vez con esa farsa y haga justicia; creo que así lo pediría cualquier familiar, no por sed de venganza, sino por derecho».

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