Los piercing ¿Moda que mata?

Cada vez más jóvenes se perforan la piel sin percatarse de que pueden ocasionarse problemas de salud

10 de Junio del 2007 0:21:44 CDT

      Los jóvenes por seguir los patrones de la moda no saben los riesgos que corren al perforarse sus cuerpos. María y Carlos esperan impacientes a su hija Ana de 14 años. Ella aún no ha regresado de la escuela y ya son más de las 8:00 de la noche. El día anterior habían tenido una discusión porque Ana quería colocarse un piercing en el ombligo para estar a la moda cuando viniese el verano. La mayor parte de sus compañeras de estudios los exhiben en disímiles lugares del cuerpo y ella marca la diferencia. Además, su ídolo musical, Cristina Aguilera, posee 11 en su anatomía.

Una hora más tarde la jovencita regresó, pero los padres notaron algo diferente: se había perforado el ombligo sin autorización. Otra disputa provocó este cambio no acatado en el hogar.

Lamentable, ¿verdad? Pero lo cierto es que casos similares se suceden a diario. Los adolescentes y jóvenes, con el propósito de ser admirados y reconocidos en su grupo de amigos, asumen este comportamiento ante el asombro y la desaprobación de los padres. Los actores y cantantes preferidos se convierten en los modelos a imitar en todos los sentidos, aunque esto implique agredir, infectar y marcar de por vida el organismo. Además, modifican su cuerpo con fines estéticos para lograr, según ellos, una imagen acorde con las pautas que la modernidad impone o legitima.

En las últimas décadas se observa un creciente interés por los piercing, por eso ya no es difícil encontrar en nuestras calles a un joven con horadaciones en diferentes parajes de su cuerpo.

Pero, ¿conocerán los riesgos de esta moda para la salud?

ORIGEN DE UNA METAMORFOSIS CORPORAL

Desde tiempos inmemoriales el ser humano, impulsado por la religión, las supersticiones, el arte, la cultura, las costumbres, la estética o la moda ha colocado en su cuerpo insignias como los tatuajes o los piercing.

Aunque resulta imposible determinar con exactitud la aparición del anillado corporal o piercing, que en inglés significa perforación, se conoce que en Roma los miembros de la guardia del César usaban aros en los pezones para demostrar hombría, audacia y colgar las cortas capas que formaban parte de su vestimenta. Esta práctica también se extendió a la India, donde las jovencitas eran anilladas en la nariz antes de sus nupcias, como símbolo de devoción de la mujer a su marido.

En algunas culturas de la antigüedad se adoptaba esta forma de expresión porque, según sus creencias, los defenderían de malos espíritus o tragedias, en dependencia de la zona del cuerpo donde fuesen colocados.

Desde la época de la Inquisición, comunidades religiosas han utilizado el anillado genital como método de castidad y de expiación de culpas.

Actualmente diversos grupos étnicos en el mundo colocan un piercing entre las dos fosas nasales, con el propósito de defenderse, adornar su rostro, diferenciarse del resto de los grupos tribales y conocer el estatus social del que lo lleva. En Brasil, por ejemplo, existen tribus cuya costumbre es hacerse un pequeño corte bajo el labio o en los lóbulos de las orejas, que aumenta de tamaño hasta alcanzar el deseado. En él colocan una pieza circular.

La colonización, la ilustración, las revoluciones inglesa y francesa y otros procesos sociales de amplia repercusión, influyeron en que estos cambios trascendieran las fronteras europeas y llegaran al continente americano, fundamentalmente a Norteamérica.

¿POR QUÉ ADOPTAMOS ESA «MODA»?

      Estos aditamentos mal aplicados provocan la transmisión de enfermedades víricas. Asumir una moda, una conducta o un símbolo como lo es el uso de los piercing por los jóvenes, forma parte de los fenómenos vinculados con la globalización y el intercambio cultural de unas naciones con otras.

El acceso a internet y a otros sitios o espacios informativos donde son expuestas tendencias y costumbres de diversas regiones y la irradiación del consumo cultural, intervienen en la reproducción del piercing, principalmente, por los adolescentes que manifiestan en esta etapa determinadas necesidades desde el punto de vista material o espiritual.

«Muchos jóvenes perforan sus cuerpos porque esta práctica, importada de Europa y Norteamérica, determina aspectos de su actitud», afirmó la socióloga Eneycy Morejón.

«La filosofía de la mayor parte de estos grupos es desinhibirse con relación al cuerpo, obtener la libertad en toda su expresión, el respeto a su espacio, no reprimirse ante nada y estar dispuestos siempre a vivirlo todo con intensidad, y los que pertenecen a ellos adoptan ese estilo y conducta. Cuba no se encuentra aislada del crecimiento de esta tendencia global», sostuvo también la socióloga.

Por su parte la sicóloga Ingrid Pedré Chávez, especialista del Centro de Orientación y Ayuda Sicológica, es del criterio de que llamar la atención de manera descoordinada, sobresalir por encima de la sociedad que no acepta determinados patrones, o identificarse con un grupo que asume una forma de pensar y actuar diferente a la preestablecida, pudieran ser las causas que originan este comportamiento. También imitar a cantantes o actores, seguir una moda, encontrar un espacio de realización dentro del entorno familiar y manifestar sus deseos.

El tránsito entre la niñez y la adultez presupone una serie de cambios que incluyen la búsqueda de la identidad, asumir las transformaciones físicas y psicológicas que aparecen y adquirir poco a poco la independencia. Es por eso que intentan imponer sus normas, expresar sus demandas y autorrealizarse mediante el uso de estos objetos como insignia que los identifique o los distinga.

    Los piercing en la cavidad bucal dificultan la limpieza y propician la acumulación de bacterias causantes de enfermedades. «Los piercing muestran en el individuo la necesidad de diferenciarse de sus iguales produciendo marcas en el cuerpo, con el propósito de obtener el reconocimiento y el aprecio frente al prójimo», expresó además la sicóloga.

Algunos consideran esta técnica como una forma de expresión artística, donde las personas pueden manifestar sus inquietudes, aspiraciones; desarrollar sus ideas y buscar un mejor estado físico y espiritual.

Venus Carrillo, estudiante de Periodismo, posee un piercing en la ceja izquierda: «No lo uso por seguir una moda determinada. Lo considero como un cambio trascendental en mi vida y un modo de marcar la diferencia. Para mí es una forma de exteriorizar rebeldía; un símbolo, una prueba».

La mayor parte del fenotipo del cuerpo humano puede ser modificado deliberadamente. La poca aceptación social de quienes no cumplen con un patrón de belleza predeterminado, constituye uno de los motivos del aumento progresivo, en los últimos años, de esta tendencia a manipular el aspecto.

La alteración voluntaria del aspecto físico se considera una forma de expresión no verbal, que sirve como vehículo de disímiles informaciones del individuo y revela el grupo al que pertenece, la edad, el sexo, la personalidad, el estatus y rol social del que las emite. El «nuevo» cuerpo es un reflejo de los sentimientos e imágenes que desea suscitar en el resto de los seres humanos.

«Este fenómeno es resultado de una época histórica, donde determinadas corrientes o modas se expanden a diversos lugares del mundo y los jóvenes, que son los más vulnerables, reciben esa influencia», aseveró Ingrid.

Si bien un gran número de adolescentes adopta este comportamiento por un condicionamiento social, familiar o acaso para ser aceptados entre sus amigos, otra parte lo rechaza debido a múltiples cuestiones como daños físicos, riesgo de contraer enfermedades o que esa imagen no responde con la educación recibida en el hogar.

La estudiante de primer año de Medicina, Elizabeth Ocaña, considera que los piercing no son una opción positiva para la juventud: «El uso de estos es físicamente perjudicial. Constituyen una agresión innecesaria a nuestros cuerpos y, además, violan la primera barrera de protección al perforar la piel y propiciar la entrada de gérmenes patógenos, o la transmisión de enfermedades mediante instrumentos mal esterilizados.

«Muchos jóvenes piensan que porque luce atractivo es bueno usarlo, y otros lo hacen para estar a la moda. Cada persona debe emplear aquello que lo haga sentir cómodo y no dañe su cuerpo o su mente. Los jóvenes, al seguir las corrientes actuales, se vuelven clones de cualquier tendencia sana o no, y son capaces de violar sus principios, creencias y gustos por asumir los patrones de una parte de la sociedad y sentirse aceptados», explicó la estudiante de Medicina.

Los piercing pueden ser considerados interesantes pero, en realidad, constituyen una acción agresiva contra el cuerpo que requiere de responsabilidad y cuidado para no lamentar después las consecuencias.

RIESGOS AL USAR PIERCING

Los riesgos, por su vía de aplicación y método, son, entre otros, la transmisión de enfermedades víricas como Hepatitis (B, C y D) y el Síndrome de Inmunodeficiencia Adquirida (SIDA); además de tuberculosis, producto de la infección de bacterias u hongos. El contagio con alguna de estas enfermedades, debido al desconocimiento de medidas sanitarias, atenta contra la integridad física, psíquica y moral, por el daño que causa al cuerpo y a la imagen.

El empleo, en su fabricación, de metales derivados del níquel y no metales pesados como el titanio y el niobio ocasionan el rechazo a esos materiales por parte del organismo, lo que requiere una urgente retirada del piercing. También se producen infecciones bacteriales.

La doctora Mónica Álvarez Mesa, especialista en Dermatología del Hospital Clínico-Quirúrgico Calixto García, cuenta que en una ocasión atendió a un muchacho que poseía piercing en las orejas y en la lengua: «El de la zona bucal tenía el grosor de un tornillo. El material con que estaba hecho causó una dermatitis de contacto alrededor del mentón».

Los piercing colocados en la cavidad bucal dificultan la limpieza en esta zona y, por consiguiente, se produce una acumulación de bacterias propiciadoras de infecciones. En la lengua, afectan la función de ingerir alimentos, la fonación, la estética al infectarse y causa el bloqueo de las vías aéreas cuando se inflama, afirman especialistas.

Para prevenir problemas mayores, la dermatóloga Mónica Álvarez recomienda, mantener una higiene adecuada en la zona donde se colocó, evitar ponérselos en personas con acné o alérgicas a la bisutería y comprobar las normas básicas de higiene y esterilidad.

La enfermera del Hogar de impedidos físicos y mentales en el municipio de Playa, Georgina Pérez, plantea que, como madre y profesional de la salud, no aconseja el uso de esta prenda: «Muchos de los que se dedican a ponerlos no esterilizan las agujas y pueden infectar a cualquier persona. Además, ellos no conocen de acupuntura y colocar equívocamente el objeto en algún punto de la oreja provoca consecuencias adversas. Está el caso de una muchacha que adelgazó demasiado y al realizar los análisis médicos pertinentes se descubrió que la causa era un piercing colocado en ese sitio».

Este no parece ser el caso de Daibel Flores quien pone piercing en disímiles e insólitos lugares del cuerpo desde hace más de tres años. Según cuenta, muchos jóvenes del municipio habanero de San Antonio de los Baños han pasado por sus manos. Antes de dedicarse a esta práctica pasó un curso de acupuntura.

Sobre los procedimientos que sigue para la colocación de los piercing comentó: «Al emplear instrumentos como las pinzas de ojo, de mosquito, las agujas, el troquel y las joyas, los paso dos veces por el autoclave (equipo donde se desinfectan los instrumentos en los hospitales u otros centros de Salud) de la Clínica, cercana a mi casa. Al concluir cada perforación desecho el troquel, las agujas y el frasco de anestesia.

«Para evitar la infección de la herida les oriento a los jóvenes no exponerse al sol, no tomar bebidas alcohólicas, no dormir sobre el sitio donde se colocó el piercing, lavarse la zona con abundante agua y jabón, aplicarse la pomada tres veces al día, mover la prenda y no tener sexo».

—¿Los menores de edad deben ir acompañados de sus padres?

—El trabajo hay que cuidarlo. Los jóvenes de entre 14 y 17 años siempre vienen con sus padres. En una ocasión perforé en el ombligo a una niña de 10 años a quien acompañaba su mamá. Solo he tenido un problema con familiares. Una muchacha vino a comprar uno de la lengua para guardarlo hasta que tuviera el valor de ponérselo. A la semana, la madre formó un escándalo y quería que le devolviera el dinero. Para evitar problemas accedí a su pedido.

Sin embargo, Daibel afirma que en este municipio, un joven que se dedicaba también a poner piercing empleó el mismo troquel para perforar a más de 20 personas. Para desinfectar ese instrumento solo lo depositaba en agua caliente y, además, no usaba guantes. ¿Resultados? Infección, ombligos agrietados y queloides (malformaciones en la cicatrización y abultamiento en la herida o en las zonas periféricas).

«Con el tiempo, los agujeros de los piercing se agrandan y deforman. Un piercing colocado en el lóbulo de la oreja puede acabar en un desgarro de fácil arreglo quirúrgico; en la ternilla el resultado estético es mucho peor. La perforación en el labio puede dejar escapar la saliva, y en la nariz, la mucosidad interior», aseveró también la doctora Álvarez Mesa.

La enfermera Georgina Pérez opina, además, que para lucir bien y elegantes no hay que recurrir a estos métodos: «Si un día decidimos retirarlo de nuestro cuerpo, la perforación tarda en cicatrizar y deja marcas y heridas que atentan contra la estética. En las personas con predisposición a tener queloides, la cicatriz será muy difícil de corregir. Como enfermera he tenido que atender a jóvenes cuyos piercing se han infectado porque no se higieniza la zona y el objeto».

El joven Daibel Flores ha tenido piercing en el entrecejo, la membrana interdigital entre el dedo índice y el pulgar, la nuca, cuatro en la ceja derecha, anillado en la nariz, dos en un lóbulo de la oreja, uno en el pabellón de la oreja, otro a la entrada del conducto auditivo y en la campanilla. Confiesa que no seguir el procedimiento adecuado le ocasionó pericondritis en la oreja izquierda, la que se hinchó y se puso negra. De no retirarlos a tiempo hubiera perdido parte de ella.

Los más peligrosos, según la opinión de los especialistas, son los colocados en los cartílagos, la lengua, la campanilla y los genitales (en las mujeres, labios menores y clítoris; y en los hombres, el pene).

DIFERENCIAS ENTRE GENERACIONES

Los padres tienen distintos puntos de vista, criterios y posiciones. Muchos consideran que esta actitud es circunstancial, y que en un momento de la vida, el hijo va a cambiar, adquirir responsabilidades y a madurar en sus ideas. Otros, sin embargo, aceptan y comprenden el avance y desarrollo de la modernidad, que no cambia los valores del hijo en la etapa más difícil de su vida.

Nancy González, jefa del Departamento de Relaciones Internacionales de la Escuela Latinoamericana de Medicina (ELAM), y madre de dos hijas de 18 y dos años de edad, opina que si ellas algún día se pusieran un piercing, respetaría su decisión: «No me gustan las cosas que puedan ser agresivas al cuerpo por un problema de sanidad y dolor, pero todo tiene en la vida su momento, su lugar y su edad. Aunque como moda la considero bonita y en las muchachas luce bien, no se debe llevar ni a toda hora ni en toda oportunidad y espacio. No imagino a nadie en una sesión plenaria de la Asamblea Nacional del Poder Popular con piercing en el rostro, pero jóvenes de 18 años en una discoteca es normal que lo lleven porque es lo que se está usando».

También están los padres que respetan las tradiciones y tratan de presionar e imponerles a los hijos su forma de pensar y conducirse. La ausencia del diálogo y la reflexión en torno a este tema y el maltrato verbal o físico a los adolescentes, puede lesionar la autoestima y ocasionar, en estos últimos, sentimientos de inferioridad, tristeza y frustración.

«Desde pequeña los accesorios femeninos llamaron mi atención. Ninguna bisutería escapaba de mis manos. La primera vez que vi un piercing fue en el rostro de una compañera del aula. Entonces averigüé cuáles eran los procedimientos para tener uno en la nariz. Mis padres en un comienzo no aceptaron, e incluso, plantearon una serie de inconvenientes como las enfermedades y otros riesgos para que yo desistiera. Pero al comprobar que mi autodeterminación era intransigente, resolvieron dejar esta decisión a juicio de mi libre albedrío», comentó la estudiante de Periodismo, Cristina Escobar.

La mayoría de los adultos considera incorrecta esta forma de proceder, e incluso, catalogan de rebeldes, extravagantes, exhibicionistas y excéntricos a quienes llenan su cuerpo de perforaciones.

Esos adultos que hoy imponen sus criterios, un día vistieron similar a The Beatles, se peinaron como los afroamericanos, usaron minifaldas, estrenaron atrevidos bikinis, es decir, adoptaron los cambios frecuentes de la moda. Cabe preguntarse si de existir los piercing en aquella época, también los hubieran asumido.

En estas mutaciones tiene un papel preponderante el mercado que estimula psicológicamente a las personas para que compren, inviertan y consuman más allá de lo necesario. Por todo esto, es indispensable lograr un entendimiento, un equilibrio en la familia y una solución consensuada entre las partes en conflicto.

Es necesario orientar a los jóvenes y explicarles los riesgos que para la salud ocasionan estos objetos. Los medios de comunicación deben prevenir y alertar sobre las consecuencias de una moda efímera, que será sustituida pero, que a diferencia de otras, deja huellas imborrables.

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