¿Llegará Ulises a Ítaca? (I)

Según entrevistados por JR, muchos beneficiados por el programa de Construcción de Viviendas por Esfuerzo Propio, deben enfrentar disímiles trabas burocráticas  

Autor:

Yailin Orta Rivera

No acostumbradas al trabajo rudo, las manos de la correctora de prensa María Elena Rodríguez se aprestan a ser las víctimas más visibles de su actual empeño: construir una vivienda por esfuerzo propio. A fin de cuentas, las ampollas se llevan con orgullo si de conseguir la anhelada casa se trata.

Entre los abrazos y felicitaciones de sus compañeros, se veía ya en un refugio estable. El futuro se le pintaba todo optimismo, aun cuando la comisión había dejado claro que su construcción se inscribía en la variante de las llamadas por esfuerzo propio.

«Coge ahí...», le había aconsejado previsoramente un amigo bien informado. Y como su presente era tenaz batalla contra el tiempo y la necesidad de una vida estable, ya se imaginaba en los próximos días transformada en constructora, levantando su vida con las manos.

Sin embargo, y sin previo aviso, debió postergar sus anhelos durante ocho largos meses en los que estuvo sin noticia alguna.

Después de ese tiempo, comenta esta santiaguera, le dijeron: el lunes debes estar en la Unidad Municipal Inversionista de la Vivienda (UMIV). Indirectamente, pudo enterarse de que había problemas con la microlocalización de su parcela porque era propiedad de otro organismo.

Luego de resolverse aquellos inconvenientes le indicaron que podría construir una casa biplanta en un reparto residencial y ella y su próxima vecina de los altos, deberían abonar 4 800 pesos por el terreno, preferiblemente al contado, si querían evitar complicaciones.

Una vez pagado el terreno —le explicaron con toda la prolijidad del mundo los expertos— tendrían la resolución que les daría el estatus de dueños legales de la tierra, podrían encargar a un arquitecto los proyectos, se les tramitaría la licencia de construcción y entonces lograrían empezar a recibir los materiales, según la disponibilidad de estos en los almacenes.

Relata María Elena que la pregunta se le escapó apremiante como su necesidad de un techo:

—¿Se tiene idea de en cuánto tiempo tendré la casa?

—Bueno, eso depende de lo que usted pueda hacer...

—¿Garantías con los materiales?

—Según lo que nos asigne el balance provincial...

—¿Madera para encofrar, alambrones para el amarre de las cabillas y otros insumos necesarios?

—No, todo eso corre por su cuenta, lo mismo que la custodia y traslado de los materiales; y le advierto que no puede amarrar con alambres las armazones de acero, pues eso va contra las regulaciones establecidas y la seguridad de su vivienda. No olvide: es biplanta, donde la calidad depende de lo que hagan ambos propietarios.

—¿Y si no tengo quien me ayude?

—Será muy difícil, quizá lo mejor sería que algún organismo la patrocine y la incluya entre lo que denominamos Movimiento Popular, pero eso no lo decidimos nosotros...

María Elena Rodríguez salió de aquella reunión con la ilusión hecha trizas y mil preguntas: en qué tiempo y a qué costo iba a construir una casa, si según los propios especialistas, la mano de obra del repello de una habitación cuesta de 2 000 a 4 000 pesos y poner cada bloque, dos pesos.

¿Dónde adquirir madera, alambres adecuados y demás, sin caer en el mercado negro? ¿Cómo lograr el transporte adecuado para las tantas veces que es preciso acudir al punto de materiales, si según la experiencia de quienes lo viven, hoy te entregan cinco bolsas de cemento, un poquito de arena mañana, una ventana el mes que viene, sobre todo si tu organismo no dispone de ese tipo de transporte?

¿Cuánto tiempo deberá esperar para empezar a construir su vivienda su compañera, futura dueña de la planta alta, si las garantías del propietario de los bajos no son tales y el fluir de los materiales es tan inestable.

«Los recursos los recibes con cuentagotas, y el traslado hasta el área constructiva se convierte en un calvario o en un derrame para tus bolsillos», expresa la afectada.

Se sintió entonces a la deriva, aferrada únicamente a la tabla de su necesidad. ¿Cómo conseguir un patrocinador si su organismo no tiene brigada de construcción y hay resoluciones que le impiden contratar fuerza de trabajo alguna a nombre de y con el dinero de sus representados?

No tuvieron más opción que escribir cartas a todo el que estuviera dispuesto a ayudar, hasta que meses después apareció un patrocinador y las cosas parecieron volver a tomar su cauce.

Con todo el entusiasmo del mundo se reunieron con el patrocinador, quien también les brindó sus mejores frases de apoyo: ustedes verán que sale, cuenten con nuestra ayuda, ya les limpiamos el terreno para que empiecen...

Pero a la hora de la verdad, o sea, cuando se les dijo: ustedes, como está previsto, deben ayudarnos con un asesor, alguien que garantice la calidad de las paredes que levantemos; ustedes deben trasladar y custodiar los materiales, ustedes... Inmediatamente plantearon que no podían patrocinarlos. Es una pena, pero María Elena y sus compañeros han vuelto al punto de partida.

Con la sensación de que le han impuesto un castigo, más que de haber sido beneficiada, con un crecido récord de reuniones en su haber, esta santiaguera sigue esperando respuestas a tantas interrogantes. Hace 14 meses que le fue asignado aquel módulo para la construcción de su vivienda y no ha puesto ni una piedra.

Lo triste es que la historia de María Elena se repite a lo largo del país. Tras dialogar con más de una veintena de personas —escogidas al azar en diversas provincias— que construyen por esfuerzo propio, este diario constató que el laberinto burocrático al que se enfrentan los beneficiados por el programa no se compara ni con la odisea de Ulises, el emblemático personaje homérico, para regresar a su amada Ítaca.

CASI DOS AÑOS DE TIRA Y ENCOGE

El 14 de septiembre de 2005 Nilsa Morales saltó de la alegría cuando su colectivo le asignó un módulo de vivienda para que esta construyera su casa por esfuerzo propio. Ella es profesora de Educación Física en la provincia de Guantánamo, y asegura a este diario que desde esa fecha no ha vuelto a sonreír. «La alegría se convirtió en peloteo», se lamenta.

«En Planificación Física siempre me dicen que no existen áreas disponibles para darme un terreno y rechazaron mi petición de residencia en el reparto Caribe porque allí es para los médicos; me recomendaron que fuera a la Unidad Municipal Inversionista de la Vivienda (UMIV), a donde acudo cada miércoles y viernes y siempre me comunican que todavía el área de Casa de Piedra no está lista.

«No es fácil esperar ansiosamente, después del horario de trabajo, soportar la infinita cola que se arma allí, a veces hasta las ocho de la noche, para lo mismo: evasivas, justificaciones», denuncia la profesora.

Lo que sucede, y obviamente a ella le cuesta entender, es que muchas veces las áreas para construir están en proceso de urbanización y requieren inversiones en acueducto y alcantarillado, y por tanto, se dificulta responder de inmediato.

En otras ocasiones algunas personas desesperadas con todo este proceso suelen apoderarse de los terrenos; entonces van a Planificación Física para que los localicen y, mediante la autorización del presidente del Gobierno en el municipio, sean legalizados.

Aún después de esa firma, explica Nilda Morales, el terreno no es tuyo. Un funcionario de la UMIV seguirá la tramitación hasta facilitarte la resolución de propietaria. Para eso, ella o un inspector deben visitar el terreno y establecer los límites y linderos, hacer el documento y pasarlo a la Dirección Municipal de la Vivienda para que también sea firmado. Lo que a ojos vista pudiera demorar un par de días, se torna, en muchos casos, en espera agónica, incomprensible e innecesaria.

También puede ocurrir cierto litigio con la tierra. Si la parcela asignada originalmente es de un organismo que no la cede, el problema puede prolongarse días, meses, años.

Una vez pagado el terreno, tendrán la resolución que les dará el estatus de dueños legales de la tierra, podrán encargar a un arquitecto los proyectos, se les tramitará la licencia de construcción y entonces empezarán a recibir, según la disponibilidad en los almacenes, los materiales, que deberán transportar y cuidar, y luego contratar la fuerza y..., así explican los expertos.

Si se hace el pago en efectivo será muy sencillo; previo desembolso en la Oficina Nacional de Administración Tributaria (ONAT), podrías ir raudo y registrarlo en una oficina para el Control Territorial y, de ahí, viaja nuevamente el papel a la UMIV. Pero si necesitas un crédito entonces interviene el Banco.

«Son modelos infernales, esos que deben llenar el solicitante y sus dos codeudores solidarios», dice el economista Edgar Irbe Martínez, quien sirvió de codeudor a un amigo. «Después el Banco se toma algunos días para decidir si eres elegible para el crédito».

EL MISMO PELOTEO

Los beneficiados con el proyecto de construcción de viviendas con esfuerzo propio demoran meses y hasta años en poner el primer bloque. Foto: Franklin Reyes Entre las historias recopiladas por este diario acerca de la construcción de viviendas por esfuerzo propio se encuentra la del santiaguero Silvano Mendoza, quien está literalmente a punto de volverse loco.

Hace un año, en reconocimiento a su destacada trayectoria como chofer y su precaria situación de vivienda, la sección sindical de la Empresa Gráfica de Reproducciones para el Turismo le otorgó un módulo para la construcción de viviendas. Para ese entonces pensó que llegaba el fin de sus problemas.

Tenía la propiedad de una placa en el Reparto Marialina y, apremiado por la estrechez en que vive en casa de su suegra, había hecho sangrar su bolsillo para empezar a construir. De manera que, con algo adelantado, imaginaba, todo sería más fácil: era cuestión de legalizar lo hecho y avanzar.

«Los meses pasaban y aunque preguntaba qué documentos debía presentar, qué debía hacer..., nadie me decía nada... Después de mucho insistir ante la Unidad Inversionista del municipio santiaguero, de quejarme a la dirección de la CTC, apareció una técnica de la Vivienda.

«Vino y aunque no tenía los instrumentos, en un segundo, con un centímetro que le pedí prestado al vecino de enfrente, midió y empezó a preparar los documentos para la confección del llamado Expediente de Convalidación de Acciones Constructivas y todo se encaminó...

«Después de meses de trámites, en los que he tenido que faltar al trabajo, coger vacaciones y dar muchas broncas, logré tener todos los papeles, incluyendo el proyecto; entonces, inexplicablemente, mi expediente se extravió y con él, la posibilidad de obtener la licencia de construcción».

Silvano Mendoza ha cambiado su habitual sonrisa por el estrés constante. Tras meses de quejas, visitas infructuosas a la Dirección de Vivienda del Distrito José Martí, al que pertenece, y evasivas de los funcionarios de la UMIV, entrevistas en el Gobierno, logró localizar a finales del 2006 el documento de marras que le da derecho a seguir su camino constructivo.

«A finales de año fui por la licencia de construcción; primero me dijeron que como estábamos a finales de año, debía esperar el nuevo, pues ellos ya habían cerrado. En el año nuevo, la noticia fue que no había modelos oficiales...». Silvano se ofreció para reproducirlos, y ahí estuvo la respuesta: «Ese es un documento oficial, que viene desde La Habana y no se puede reproducir por cuenta propia...».

Silvano, con sus 19 zafras azucareras, sus años de vanguardia nacional, sus 26 meses de misión internacionalista en Angola, sus tantos años como mejor chofer, mejor donante..., ya suma seis meses y todavía no tiene en sus manos la licencia de construcción.

A FELICITA NO LE LLEGA LA FELICIDAD

La guantanamera Felicita Caridad Brook es un caso social desde 1998. Su casa está al borde del derrumbe, y desde el 2005 está entrampada en el mundo del papeleo.

Ella espera la firma de su Aval de Selección para entrar de lleno en el proyecto con el arquitecto de la comunidad. Quince o 20 días después está listo el proyecto y te lo llevas bajo el brazo, cuando efectúes el pago correspondiente a tales tramitaciones.

Después, plano en mano, Felicita deberá ir a la UMIV para que esta la reenvíe hasta Higiene y Epidemiología en busca de la Licencia Ambiental. Entonces, le dirán otra vez en la UMIV: «el viernes próximo ven a recoger la licencia de construcción».

Inversiones tramita lo que falta: pide tu documentación en otra oficina, la revisa, la registra, si lo solicitas gestiona el crédito para pagar los recursos, te hace la carta correspondiente.

Parece fácil, pero no se puede olvidar que cualquier documento que tenga que emitir algunas de las entidades correspondientes puede demorarse por varios motivos como que no hay modelo impreso, máquina de escribir, computadora para llenarlo, o el técnico no está y no hay quien se ocupe de estas responsabilidades.

No son pocas las personas que se llevan algún modelo para digitalizarlo por su cuenta, como hizo un buen día David Pérez, funcionario, cuando andaba en esos trajines. Él estuvo obstinado buscando una máquina de escribir de su centro de trabajo para donársela a una de las oficinas de trámites de la UMIV.

La última vez que conversamos con Felicita, estaba muy decepcionada. «Con tantos trámites y papeles que tengo que realizar a veces se me quitan los deseos de seguir adelante en este largo y escabroso camino. Lo hago solo por la urgente necesidad de vivienda que tengo, pero tantos inconvenientes disgustan mucho a quienes más necesitamos de respuestas rápidas», manifiesta.

CASI DIEZ AÑOS Y AÚN NADA

Desde febrero de 1998 a Ana Ricardo, la Dirección Municipal de la Vivienda y el Gobierno le entregaron un terreno en un área conocida por las «56 parcelas de La Aduana» con el propósito de que construyera su casa por esfuerzo propio en el municipio de Holguín.

La llegada de materiales a los constructores por esfuerzo propio es muy irregular. Foto: Roberto Morejón Luego de la entrega del terreno varios inconvenientes le impidieron materializar la construcción hasta tanto el área fuera urbanizada, labor que requería de múltiples recursos.

Ante tantas irregularidades, directivos de la provincia decidieron a finales del año 1999 que el MICONS asumiera la construcción de 56 apartamentos en Villa Nueva. Esta decisión se la dieron a conocer en una reunión efectuada el 20 de octubre de 2000.

Ana Ricardo asegura que este problema, que no solo le compete a su familia sino a otras, ha sido objeto de varios análisis. «Hemos recibido incontables respuestas, pero hoy el problema y las insatisfacciones recaen sobre un grupo de familias trabajadoras de diversos sectores», expresa Ana Ricardo.

«El día 22 de marzo de 2005, después de tantos años de espera, el director de la UMIV nos reúne y nos propone reubicarnos en otras parcelas para construir por esfuerzo popular con asignación de materiales, porque no cuentan en la provincia con mano de obra para construir nuestras viviendas».

«El día 3 de junio de 2006, al cabo de siete meses, nos volvieron a reunir para decirnos cuál era la parcela de cada uno y nos dieron la fecha en que se nos iba a replantear según el número de parcela. Después de 22 días cayéndole atrás al técnico y de llevar los clavos, las estacas, las alfardas, la manguera para coger el nivel y otras cosas más porque ellos no tenían de nada, replantearon las parcelas 1, 2, 3 y 5.

Comenta Ana que esas personas abrieron los huecos para los cimientos en el mes de diciembre. Después establecieron contacto con funcionarios de Vivienda provincial y estos les facilitaron solo algunos materiales para iniciar la construcción.

Los perjudicados argumentan que han sido víctimas de muchas justificaciones: que si no había arena y gravilla, luego entró arena y bloques y entonces no tenían carro para transportar. Finalmente se perdieron esos materiales.

Ana considera que ya se le han agotado todas las vías, porque nuevamente, quienes tienen que ver con los casos de las 56 parcelas —que ahora son 36— parecen no tener solución a este problema. Y ellos se sienten cansados de esperar por casi diez años y no obtener nada.

Las historias contadas hasta aquí, y otras que guardamos en nuestras agendas, demuestran claramente que la construcción de viviendas por esfuerzo propio, una de las iniciativas más prácticas y esperanzadoras del país para garantizarle un techo a los más necesitados, atraviesa por un mar de trabas burocráticas y de preguntas sin respuestas que, lejos de alegrarles la vida a los beneficiados, se las agobia cada día más.

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