La expedición continúa

Autor:

Juventud Rebelde

Una fecha y muchos seguidores. Un acontecimiento que cristalizó en el sueño de un pueblo

El 2 diciembre de 1956 es una fecha memorable en la historia de Cuba. Ese día, junto con el yate Granma, desembarcó también la convicción de que la única manera de vencer a cualquier enemigo —por poderoso que fuese— era convirtiendo a toda la Isla en un ejército bien preparado.

Esa era una de las ilusiones de aquellos expedicionarios. Muchos perdieron la vida en la gesta, tratando de predicar con el ejemplo. Haciendo el camino por donde millones de cubanos transitarían hasta contar con unas Fuerzas Armadas Revolucionarias (FAR) como las de hoy.

El 2 de diciembre dejó de ser solo el Día de las FAR, para convertirse en un día de la nación, que asumió como suya la filosofía y los conceptos de la guerra de todo el pueblo.

Hoy no solo celebran esa fecha quienes visten el uniforme militar, sino también aquellos que en algún momento lo portaron y muchos otros que en sus centros laborales o estudiantiles esperan el llamado de la Patria para salir en su defensa, en caso de una agresión militar.

Es muy difícil encontrar hoy en el mundo unas fuerzas armadas con características similares, donde pueblo y combatientes se funden en uno. Así lo corroboró este diario luego de entrevistar a jóvenes estudiantes de carreras militares y a expedicionarios del Granma.

El dos multiplicado

Los expedicionarios del Granma son espejo para Oriol y Sulenys, estudiantes del ITM. «La valentía de los expedicionarios del Granma fue una de las mejores virtudes que nos legaron aquellos hombres. Aunque sabían que el enemigo era superior en armas y hombres no cejaron en su intento, y, sin proponérselo, crearon un precedente que nunca olvidaremos los integrantes de las FAR», dice la joven Sulenys Suárez.

Ella es una futura ingeniera antiaérea que estudia el quinto año de la especialidad en el Instituto Técnico Militar José Martí, de la capital, y asegura que si tuviera que elegir nuevamente optaría por vestirse de verde, a pesar de la rectitud y el sacrificio que exige la profesión.

«Estudié en la escuela Camilo Cienfuegos de Camagüey y luego vine para esta, donde estoy a punto de hacer realidad mi sueño y el de mi familia. Aquí he aprendido a maniobrar todo el armamento relacionado con mi especialidad y me siento segura para transmitirles esos conocimientos a los subordinados que pronto tendré», dice esta cadete, quien no oculta su aspiración de continuar superándose para convertirse en una mejor oficial.

Para Oriol Díaz, alumno del mismo centro que Sulenys, el 2 de diciembre es una fecha multiplicada en el país. Según el joven, es un privilegio para él celebrar hoy el Día de las FAR, porque es una entidad con mucho prestigio dentro y fuera de la Isla, algo que, en buena medida, se le debe a los expedicionarios del Granma.

«Ellos son nuestros espejos. Tuvieron la oportunidad de enfrentar directamente al enemigo y lo hicieron con mucho estoicismo. A nosotros nos corresponde entonces prepararnos mejor diariamente. Es la manera que tenemos de proteger el país y las conquistas que ellos lograron».

El joven nos cuenta una anécdota que lo marcó para toda su vida. Hace poco tiempo el timonel del Granma visitó su escuela y le regaló un libro escrito y firmado por él: «Eso nunca lo olvidaré. Fue uno de los tantos hombres que ayudó a tejer la historia de Cuba».

Oriol es casi un ingeniero en aviación y en sus diferentes prácticas ha demostrado vocación y apresto. «He reparado algunos aviones y de esos equipos conozco un poco. Estoy seguro de que con más preparación podré maniobrarlos mucho mejor», dice modestamente el joven habanero.

Militares por convicción

Yanet considera que los Camilitos forjan el carácter de cualquier joven. Hasta la Escuela Militar Camilo Cienfuegos de Capdevila, en la capital, llegó JR para conversar con los futuros oficiales de las FAR. Allí constatamos que a pesar de su corta edad, estos muchachos están sobrados de entrega para la vida militar, la escogieron por pura convicción.

«Nací rodeada de militares. Mis padres lo son. Por eso desde pequeña me gustó ser camilito, y ahora que lo soy, siento que no estaba equivocada. A pesar de que esta es una vida dura, me gusta porque me da la oportunidad de sobreponerme a las adversidades, y eso forja el carácter de cualquier joven», dice Yanet Herrera Boiset.

Ella estudia el décimo grado, conoce al detalle la historia de los expedicionarios del Granma, y considera que aquellos revolucionarios marcaron el camino que posibilitó tener hoy las FAR con que cuenta el país.

«Esos hombres, tanto los que cayeron como los que aún viven, merecen todo el respeto del pueblo todos los días del año. Gestaron una obra titánica y expusieron sus vidas para limpiar a Cuba de aquella tiranía», manifiesta Yanet.

Similar a ella opina la camilito Ailen Reyes, de 17 años y estudiante de la misma escuela: «Cuando pienso en el 2 de diciembre de 1956 imagino a un puñado de hombres convencidos de que la lucha armada era el único modo de librar al país de la explotación en que estaba sumergido», expresa esta muchacha a quien le fascina la Marina de Guerra Revolucionaria.

«Los jóvenes cubanos debemos estar conscientes de que si ahora vivimos en un país donde todos podemos estudiar lo que queremos, y gratis, se lo debemos en gran medida a aquellos expedicionarios que un día decidieron cambiar para siempre el destino de Cuba», afirma.

Un tanquista y una leyenda

Para Juan Daniel, pertenecer a las FAR es una manera de aprender en poco tiempo los mejores valores de la vida. Con 18 años sabe lo que es disparar con un tanque de guerra. Lo ha hecho varias veces, y bien. Se llama Juan Daniel Lames y cumple el servicio militar en una unidad de la capital. Al principio de nuestra charla lucía tímido y había que sacarle las palabras.

Luego entró en confianza. Nos reveló que siendo un niño sus maestros y padres le contaron varias veces la historia de los expedicionarios del Granma, y que por eso desde temprana edad sintió una admiración especial por aquellos revolucionarios.

«Aunque aspiro a ser abogado, siento un gran orgullo en celebrar este Día de las FAR rodeado de oficiales y combatientes que han hecho de esta una unidad muy preparada y organizada. Con ellos he aprendido lecciones que me servirán de mucho por el resto de la vida», dice Daniel.

Este muchacho del municipio camagüeyano de Esmeralda confiesa que todo joven cubano debería vivir esta experiencia de cumplir el servicio militar, por lo provechosa que es: «A mis amigos les cuento todo lo que se aprende aquí y siempre les recuerdo que pertenecer a las FAR, más que un deber, es una manera de aprender en poco tiempo los mejores valores de la vida», asevera.

Nuestro último entrevistado es un joven expedicionario de 80 años del yate Granma: Esteban Sotolongo Pérez. Conversar con él es todo un lujo. Tiene tantas historias bonitas como años vividos, y las cuenta con una pasión y desenfado que enamoran a quien le escucha.

Podría decirse que es rebelde de nacimiento. Protestó en las calles habaneras cuando Fidel y otros asaltantes al cuartel Moncada fueron hechos prisioneros, colocó pancartas contra Batista y luego viajó a México, desde donde partió como expedicionario del Granma.

Al preguntarle qué siente por ser expedicionario y cuál es la contribución más significativa de aquel hecho, contesta rápido y seguro.

«Es lo más importante que he hecho en mi vida, y siento un gran orgullo por contribuir con ese pequeño esfuerzo a crear un país y unas Fuerzas Armadas como las que tenemos, donde las cosas se hacen por convencimiento y no por dinero, como en muchos lugares.

«Cada 2 de diciembre envejezco biológicamente, pero a la vez se me renuevan las ganas de continuar aportando mi modesta experiencia para que la sangre de mis compañeros se haya vertido por una buena, justa y perdurable causa».

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