Discurso de Adalberto Hernández Santos, presidente nacional de la FEU

Autor:

Juventud Rebelde

Foto: Roberto Meriño Sobrevivientes de los sucesos del 13 de Marzo y combatientes de la Revolución Cubana:

Compañeros y compañeras:

En este día de trascendental significación para todos los cubanos, quisiera iniciar mi intervención con palabras de Fidel del 2 de diciembre de 1964 desde los predios de esta noble e histórica universidad:

«Porque para que nuestra juventud de hoy tenga esto que tiene, no hay que olvidar cuántos golpes sufrieron nuestros jóvenes, no hay que olvidar cuántos atropellos, cuántas manifestaciones disueltas por la policía a tiros, a golpes».

Y para no olvidar sino para testimoniar la vida eterna de aquella juventud deseosa de libertad, que comandada por nuestro presidente de honor José Antonio Echeverría pasaron inmortalmente a fortalecer lo que Martí, desde su sapiencia patriótica, llamó el altar más sagrado de la Patria, es que esta tarde nos hemos reunido para una vez más rendir tributo a su altísimo ejemplo.

Y es que el 13 de Marzo, unido a su alto valor histórico y significado militar tiene para los tiempos presentes y futuros un profundo contenido ético y moral: es la expresión del bien a la Patria sobre la base del compromiso y el sacrificio a que se debe la juventud de esta tierra jamás sumisa y ya nunca más esclava.

Este aniversario tiene lugar en días que ante la firmeza y la fuerza de la Revolución, los sueños del gobierno del Norte y de su fauna proyanqui del sur de la Florida, se destrozan ante la unidad de los cubanos de todas las generaciones en torno al socialismo, algunos desleales apuestan a la juventud y los estudiantes cubanos, a mostrarnos claudicantes, sin futuro, lejos de los caminos de la Revolución.

Ante tanta ignominia y afrenta, y en esta jornada abonada en la historia con la sangre de valientes jóvenes, declaramos a nombre de las nuevas generaciones de la Patria que esta Revolución socialista de los humildes y por los humildes es y será por siempre de los jóvenes y los estudiantes, que estas banderas no las entregaremos sin pelear hasta la muerte y que, óiganlo bien enemigos de la nación, a Cuba y a la juventud cubana no las tendrán jamás.

Pero esa negación a la rendición no se mantiene solo con el deseo nuestro de que así sea. Sino que se fortalece con argumentos, con compromiso, con sacrificio cotidiano y callado. No olvidando que es y que ha sido en estos 50 años de lucha contra gigantes, de defensa de nuestra independencia, de muchas más luces que sombras, la Revolución Cubana, obra siempre perfectible, que cambiará lo que deba y tenga que ser cambiado pero dentro del Socialismo que construimos y defendemos con apego a sus conquistas y los ideales de justicia, igualdad, dignidad plena del ser humano, conscientes como el Che cuando, sobre nuestro proyecto, expresó:

«No se trata de cuántos kilogramos de carne se come o de cuántas veces por año pueda ir alguien a pasearse a la playa, ni de cuántas bellezas que vienen del exterior pueden comprarse con los salarios actuales. Se trata, precisamente, de que el individuo se sienta más pleno, con mucha más riqueza interior y con mucha más responsabilidad. El individuo de nuestro país sabe que la época gloriosa que le toca vivir es de sacrificio; conoce el sacrificio».

¿Y por qué debemos estar dispuestos al sacrificio y a las estrecheces económicas que nos imponen desde el Norte, pudiera alguien preguntarse? Porque es el precio que hemos de pagar por ser libres, por decidir labrarnos un camino independiente y ese desafío al imperialismo nos lo hace pagar con no pocas agresiones y presiones en el orden político y económico. Pero el volver atrás, al capitalismo despiadado y atroz del 30 por ciento de analfabetos, el de 60 niños muertos por cada mil nacidos vivos, de aquella caricatura de república traspatio de todos los vicios, el de la Universidad pintada de rico y no de obrero, no de negro y no de campesino. Solo en la mente de ingenuos, quienes hayan olvidado de donde vienen o simuladores que, bajo una falsa capa de revolucionarios, cabría la idea pusilánime de rendirnos antes de sucumbir por no entregar nuestra causa.

Compañeros y compañeras:

Quiso la sabia historia que marzo fuera un mes rebelde para los cubanos, donde la vocación de la intransigencia revolucionaria se multiplica en tradición para todos los tiempos. Conmemoraremos el día 18 el aniversario 85 de la Protesta de los Trece, donde un grupo de jóvenes estudiantes e intelectuales decidieron no padecer en silencio el latrocinio perpetrado contra el patrimonio de la nación y virilmente reivindicaron la vergüenza de los cubanos, dándole continuidad en la historia a la resistencia contra el entreguismo y la aceptación de una paz sin independencia y sin esclavitud, que fundara El Titán de Bronce Antonio Maceo, un 15 de marzo en Baraguá hará 130 años, con el arma siempre cubana de las ideas y la testosterona.

Hoy, cuando nos invitan a los jóvenes a olvidar nuestra historia, a sentarnos a un lado del camino, retumban en nuestros oídos como truenos fundadores las palabras estentóreas de Maceo en respuesta a la cobarde propuesta de Martínez Campos y que hoy son también las nuestras, pues:

Cuando se trate de renegar la Revolución, el Socialismo y sus conquistas, la sangre y el sudor que los han hecho posibles para todos los de estas tierras: NO NOS ENTENDEMOS.

Si se trata de renunciar a Martí, a Céspedes, a Agramonte, a Mella, a Villena, José Antonio y el Che: NO NOS ENTENDEMOS.

Si se trata de negar nuestra identidad con la Revolución y su obra imperecedera y negar a nuestra nación y cultura cubanas: NO NOS ENTENDEMOS.

Si se trata de no ser fieles a Fidel, a Raúl, al Partido, a la Generación del Centenario, a las ideas que nos unen y nos hacen un solo pueblo: NO NOS ENTENDEMOS.

¡Gloria eterna a José Antonio Echeverría y sus compañeros!

¡Viva la Federación Estudiantil Universitaria!

¡Viva la juventud cubana!

¡Vivan Fidel y Raúl!

¡Abajo el imperialismo yanqui!

¡Patria o Muerte!

¡Venceremos!

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