Cuba, una perla en la historia de África - Cuba

Cuba, una perla en la historia de África

El profesor Piero Gleijeses habla con JR sobre la gran epopeya de Cuba en África, su nuevo libro y futuras proyecciones

Autor:

Hedelberto López Blanch

El destacado investigador participó en la recién finalizada Feria Internacional del Libro de La Habana, donde se presentó la tercera edición de su obra Misiones en conflicto. El profesor italiano Piero Gleijeses, de la Universidad Johns Hopkins, de Washington, no se detuvo tras publicar su magistral libro Misiones en conflicto, La Habana, Washington y África 1959-1976, sino que continuó investigando para hacer una obra mayor porque «no existe ningún país en la historia moderna que haya tenido por un tiempo tan largo, una política exterior tan altruista y valiente como la Cuba revolucionaria».

Piero es un investigador contumaz que necesita documentos oficiales de todos los implicados en esa época para defender «las hazañas de esta pequeña Isla, porque en un mundo donde hay una hostilidad y tantas mentiras contra Cuba no se puede contar solo con entrevistas, pues dirían que se narran falsedades».

De su libro Misiones en conflicto dijo recientemente Fernando Remírez de Estenoz, miembro del Secretariado del Comité Central del Partido que «constituye una obra excepcional, donde se combina el rigor de un tratado histórico con la pasión de una novela de aventuras, protagonizada por cientos de miles de cubanos».

El destacado investigador, que participó en la Feria Internacional del Libro 2008 donde se presentó la tercera edición de su obra, asegura que «cualquier cosa que tenga que ver con la política cubana, la precondición para hacerlo de manera seria, es con documentos». Su libro resultó un éxito en Estados Unidos, donde se realizaron tres ediciones, a las que se añadió una en Sudáfrica y otras tres en Cuba. En 2003 obtuvo el premio al mejor libro del año de la Asociación de Historiadores de Política Exterior de Estados Unidos, lo cual fue un verdadero triunfo pues esa institución no se caracteriza precisamente por ser progresista.

Según Remírez de Estenoz, Piero «logró lo que quizá fuera lo más difícil: el acceso y apoyo de Cuba, no acostumbrada en divulgar su ayuda internacionalista a otros pueblos. La inclusión de todas las fuentes y ángulos, su justo y balanceado tratamiento, le dan a esta obra un carácter objetivo excepcional...

Este modesto, sencillo, profundo y persistente investigador, con el propósito de continuar la epopeya de Cuba en África hasta 1988, ha seguido, por años, buscando documentación en archivos y bibliotecas de varios países: Cuba, Alemania, Rusia, Estados Unidos, Angola, Sudáfrica y Namibia, por citar algunos.

Su dedicación profesional lo motivó a aprender otros dos idiomas, además de los cinco que conoce (español, alemán, portugués, inglés y francés). De esa forma estudió en forma autodidacta y valiéndose de diccionarios, el ruso y el afrikáans para leer los documentos originales de los archivos ex soviéticos y para analizar toda la información disponible de los agresores sudafricanos, quienes hasta su derrota en Angola eran los herederos del mito de 300 años de la supuesta invencibilidad del hombre blanco en África.

Para Piero hubiera sido imposible llevar a cabo estas investigaciones sin «el apoyo, la brillantez y la comprensión de Jorge Risquet Valdés», miembro del Comité Central, con quien ha trabajado muy unido desde que lo conoció en 1993.

—¿Por qué decidió trabajar en un segundo libro?

—Cuando empecé mi investigación, tenía una opinión muy positiva de la política exterior cubana y cuando terminé, tenía una visión aún mejor. Esto es poco usual. Por lo general cuando uno estudia un tema con profundidad, aparecen manchas, aspectos negativos, que matizan por lo menos en algo la primera impresión. Aquí fue todo lo contrario.

«De ahí surgió mi deseo de seguir escribiendo, de llevar la epopeya desde 1976, donde termina Misiones en conflicto, hasta finales de 1988, con los acuerdos de Nueva York que establecieron la independencia de Namibia y el cese de la agresión sudafricana a Angola.

«En los últimos tres años he escrito unos cuantos ensayos para publicaciones estadounidenses y europeas, basados en el libro que estoy haciendo.

«A menudo los que pidieron el ensayo me escriben un correo muy fino, un poco adoloridos, diciéndome que está muy bueno pero que por favor entienda que tendría más fuerza si matizara las conclusiones, es decir, si hablara menos a favor de Cuba. Tomo en “serio” estas críticas y añado páginas de documentación, fortaleciendo mis argumentos y jamás me han rechazado un artículo, jamás he tenido que matizar mis conclusiones».

—Para esta investigación usted viajó a Namibia, Angola y Sudáfrica en busca de documentos. ¿Cuáles fueron sus experiencias?

—Profesionalmente el viaje resultó un gran éxito por la ayuda de Cuba. Tuve tres puntales que desde La Habana me allanaron el camino y abrieron puertas: Fernando Remírez, Jorge Risquet y Rodolfo Puente Ferro.

«Gracias a esa ayuda y también a la embajadora de Namibia en Cuba, Grace Claudia Uushona, pude hacer 27 entrevistas en ocho días en esa nación.

«En el Ministerio de Defensa de Windhoek hablé con una sobreviviente de la masacre de Cassinga. Tenía ocho años cuando llegó a Cuba a finales de 1978 en el grupo de 601 jóvenes namibios que estudiaron en la Isla de la Juventud. Al comienzo tuvimos una conversación un poco fría hasta que le pregunté si prefería que habláramos en español. Me sonrió. Habla español mejor que yo y con un lindo acento cubano. Permaneció en Cuba hasta graduarse como médico en 1994 y hoy es general de las Fuerzas Armadas namibias y jefa de sus servicios médicos.

«Mi primer día allí caminaba por un pasillo del Ministerio de Defensa con el mayor que me ayudaría a concertar las entrevistas cuando este se paró a saludar a otro oficial. Me presentó como el profesor Piero Gleijeses y su interlocutor me hizo poco caso. Pero el mayor añadió, es un profesor cubano, y el hombre me abrazó y me habló en español. Había sido el enlace de la SWAPO con los cubanos para la escuela de Chibia, cerca de Lubango, la cual creó Cuba en 1977 para que los niños namibios aprendieran español antes de viajar a la Isla. Tenía, al igual que otros oficiales y soldados que entrevisté en esa nación, un inmenso agradecimiento y cariño hacia Cuba».

—¿Qué averiguó en Angola?

Los cubanos contribuyeron a derribar un mito. —Este país era muy importante porque quería que en mi libro se oyeran las voces de los angolanos. Hay dos grandes ofensivas que las FAPLA lanzaron, en el verano de 1985 y por segunda vez en el verano de 1987, en el sureste de Angola para alcanzar el cuartel general de Jonas Savimbi. En ambas ocasiones los cubanos se opusieron planteando que la operación terminaría en un fracaso y enfatizando que la Fuerza Aérea sudafricana intervendría. Los angolanos se dejaron llevar por los consejos de los asesores soviéticos que favorecían la operación y lanzaron las ofensivas.

«Tengo en el manuscrito del libro 15 páginas sobre la primera de estas ofensivas, la de 1985. Están basadas sobre todo en documentos cubanos. Aquí se ve la oposición de Cuba, cómo los angolanos se dejaron influenciar por los asesores soviéticos y cómo cuando Sudáfrica empezó a golpear, Cuba instó a las FAPLA a que se retiraran para evitar un desastre. Esas páginas evidencian los errores del alto mando de las FAPLA y la admiración de Cuba por la valentía de los soldados angolanos.

«Les leí estas páginas, en entrevistas separadas, a cuatro altos jefes militares angolanos que estuvieron vinculados a la operación: el general Ndalu, que era el jefe del Estado Mayor (EM) de las FAPLA; el general Ngongo, subjefe del EM y quien estuvo al frente de la operación; el general Foguetao, jefe de la Dirección de Operaciones, y el coronel Barros, jefe de Operaciones de la ofensiva.

«Todos reafirmaron que fue así. Esas eran las voces angolanas confirmando la versión de los documentos cubanos, una prueba contundente que hasta a un lector hostil le resultará difícil esquivar».

—¿Qué beneficios trajo a su libro la estancia en Sudáfrica?

—En Sudáfrica me interesaba entrevistar a los señores del apartheid, los altos jefes militares, los jefes de la diplomacia y recoger todos los documentos que pudiera. Mi entrevista más larga duró un fin de semana con el coronel Breytenbach. Él es un asesino, un criminal de guerra que fue jefe de los paracaidistas que cometieron la masacre de Cassinga en 1978. Había leído sus libros y comprendía que tenía rivalidades muy fuertes con los generales sudafricanos y antipatía a la UNITA, no por razones morales. Aceptó recibirme, para eso me sirvió ser profesor de una prestigiosa universidad estadounidense.

«Al sábado siguiente estuve seis horas con él en el hotel donde me hospedaba y aprendí muchas cosas valiosas para mi manuscrito.

«Otra larga entrevista, por siete horas, fue con Pik Botha, el canciller del apartheid, uno de los hombres más repugnantes con quien he conversado en mi vida. Aceptó recibirme un sábado por la mañana. Él sí había leído un largo artículo que escribí sobre Cuito Cuanavale publicado en el Mail & Guardian de Ciudad del Cabo.

«Comenzó increpándome, diciendo que no sabía si valía la pena hablar conmigo. Por suerte Pik Botha quería hablar y lo hizo por siete horas. Entre las tantas mentiras que dijo, salieron cosas interesantes y valiosas para mi manuscrito.

«Pero lo fundamental en ese país es que logré sacar 4 000 páginas de documentos desclasificados.

«Los archivos sudafricanos eran muy importantes no solo por lo que podrían aportar de la política de Sudáfrica, sino también por lo que podrían decir de la política de Estados Unidos. Los gringos no han desclasificado muchos documentos sobre la política de Ronald Reagan en África austral. No les conviene pues saldrían muy mal parados.

«En los archivos sudafricanos pude encontrar textos que arrojan luz sobre el contubernio de Washington con Pretoria».

Piero enfatiza que estos y otros documentos demuestran lo que los señores del apartheid y los altos funcionarios de la administración Reagan niegan desesperadamente: Cuba había logrado la superioridad militar y ellos lo sabían muy bien, y añade que esto también se ve muy claro en los documentos estadounidenses que han sido desclasificados: los sudafricanos se inclinaron frente a la superioridad militar de Cuba, por eso cedieron en las negociaciones y se vieron obligados a cesar sus agresiones, sacar sus fuerzas invasoras de Angola y aceptar la independencia de Namibia.

—Después de concluido este libro, en qué piensa trabajar.

—Hay un libro que quisiera escribir. Una editorial estadounidense va a publicar una serie de volúmenes sobre grandes estadistas del siglo XX. Me han pedido que escriba el volumen sobre la política exterior de Fidel Castro. Me encantaría proporcionar la evidencia de una política exterior que tanto admiro, la actuación del hombre que fue el arquitecto de una obra tan noble y que estuvo al frente con mano tan certera liderando al pueblo que lo acompañó y lo acompaña con valentía y sacrificio.

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