Central camagüeyano Siboney cumple su plan de azúcar

Lograron ese propósito para el cuatro de abril. Ese ingenio ha debido incorporar jóvenes aceleradamente a su proceso productivo

Autor:

Juventud Rebelde

SIBANICÚ, Camagüey.— Unos 30 kilómetros separan al central Siboney de la capital agramontina. Desde lejos en la carretera se observa la humeante chimenea, que indica que la molienda de caña está al rojo vivo.

El pitazo, el más tradicional de todos los escuchados en el municipio de Sibanicú, saluda en esta ocasión a los precursores de la presente zafra, quienes el pasado 21 de diciembre de 2007 fueron los primeros en engrasar con melado de caña las enormes ruedas dentadas de esta fábrica.

Los miles de obreros del Siboney no se rindieron, ni ante las lluvias de estos días de molienda, ni mucho menos por el cansancio de varios meses de esfuerzo ininterrumpido.

Ellos decidieron, a todo tren, echar su suerte junto al surco, la caña, el acero tosco de la maquinaria y la sabrosa azúcar, salida de un largo y complejo proceso productivo, para que este ingenio diera el pitazo final, al cumplir su plan de producción, justo cuando el almanaque señalaba los nuevos aniversarios de la OPJM y la UJC.

Abril azucarado

Todo se mueve, incluso hasta el silencio, dentro del central. Por instantes, solo por instantes, alguien detiene el ritmo para quitarse un sudor espeso, picante... y casi por instinto tomarse un suspiro de reposo.

Así transcurre cada jornada. Experimentados y jóvenes incorporan granos y más granos de azúcar a la cuenta regresiva hacia la meta.

«Aquí no se para nada, hay que moler mientras haya caña, y si llueve comienza entonces el mantenimiento, por lo que aquí existe vida las 24 horas del día», comentó la joven Yamilet Collado Mendoza, quien además de ser trabajadora por más de siete años del pequeño coloso, estudia en segundo año de Ingeniería Industrial en la Universidad.

Muchos jóvenes son quienes controlan la producción en sus procesos y puestos claves. Foto: Yahily Hernández Porto «No es cuento de pasillo si ves a madres y padres comentar que durante los últimos días no han podido ni conversar con sus hijos. Hubo un compromiso para este 4 de abril y la familia tuvo que ayudar, como siempre, en lo demás».

Mientras Yuliet recordaba a su pequeña hija Lariemis, a quien no ha disfrutado por lo tarde que llega a la casa, la brigada del Almacén de Azúcar se jugaba el todo por el todo en las alturas.

«Es verdad que la mayoría somos jóvenes. Este trabajo requiere destreza, disciplina y fortaleza», dijo Yelovis, integrante de ese colectivo que, junto a sus compañeros, llevaban a cuestas los pesados sacos de azúcar hasta el mismísimo techo.

Multiplique entonces el peso del saco por más de 1 400 veces sobre la espalda. Sume, además, que todo marcha bien hasta que se empieza a sudar, después no hay jabón que quite el melado del cuerpo.

«Nos hemos acostumbrado a la carga y solo al terminar la jornada nos retiramos y damos paso a la nueva brigada de jóvenes», explicó Yenovis Pérez, de apenas 23 años de edad, también militante de la Juventud Comunista.

Algo estremeció el ambiente desde el Generador de Vapor: un calor humeante salía de unas ventanitas ardientes.

¿Quién se atreve a acercarse a estas?, era una pregunta sin aparente respuesta. Pero de un lado de aquel lugar, sin mucho miramiento, y como salido de un sombrero mágico, Osmany Suárez, con un gran gancho en las manos, movía la candela como si fuera un pequeño horno de carbón hogareño.

«Hay que andar liviano —afirma sonriente—, pero se aprende a punta de bagazo quemado y calor en todo el cuerpo. Cada cosa tiene su técnica. Ya llevo cinco años aquí sin problemas. De esta quemazón sale gran parte de la electricidad que genera el central».

Y es que en cada puesto de trabajo, en cada horario productivo, de día o de noche, y en cada brigada también, se encuentran los jóvenes, los cuales siguen creando el regalo de un azucarado abril.

Un pionero regala su dulce

El largo pitazo del ingenio anunció el triunfo esperado y al júbilo obrero dentro de la fábrica se unió la algarabía juvenil y de todas las edades, porque en el exterior también esperaban la señal: el central Siboney, en la noche del cuatro de abril, fue también pionero en la provincia en cumplir su plan de azúcar.

La víspera de esa meta cayeron 37 peligrosos milímetros de lluvia sobre los cortes de caña, y la táctica inmediata de mover las fuerzas y las combinadas hacia la UBPC El Entronque —único lugar donde el agua no llegó— fructificó para garantizar materia prima suficiente y asegurar la molida al 95 por ciento de la norma operacional de esa industria.

Tensas resultaron las últimas horas productivas para el cumplimiento del plan, aderezadas en cada puesto clave del campo y del central, con la sapiencia de los veteranos azucareros y la pujanza intranquila de los 329 bisoños que, en los pelotones de cortes y tiro, en las áreas del pequeño coloso Siboney, festejaron el 4 de abril con un triunfo económico más para un mes de históricas victorias.

El ingeniero mecánico de 36 años Lázaro Álvarez Padilla, director de la Empresa Azucarera de Sibanicú, sede del acto provincial por el Día de la UJC y de los Pioneros, aseguró que la fábrica cumplidora continuará en zafra hasta aportar unas 3 000 toneladas adicionales de azúcar sin bajar la guardia en la eficiencia tecnológica, para lo cual cuentan con caña, las combinadas necesarias y fortalecieron un cuarto turno en la industria compuesto por jóvenes capacitados.

Comentó que la zafra no hubiera sido la misma sin la presencia de los jóvenes, pues desde su selección en la comunidad y en la familia demostraron tener empuje para lo que se avecinaba.

—¿Cuáles fueron las motivaciones para incorporar en la presente contienda a toda una nueva tropa de jóvenes casi inexpertos?

—No solo es incorporar, sino mantenerlos. Asumimos esta tarea como la primera en el Central. Un seguimiento personalizado a cada uno de ellos, orientarlos en la práctica y demostrarles que su trabajo era y es importante para el territorio, creó un gran sentido de pertenencia.

«No exagero si afirmo que en menos de un mes los jóvenes se sumaron, y muchos de ellos son hoy quienes controlan la producción en sus procesos y puestos claves».

Guiados por Yuliet Peraza Broche, fémina de solo 20 años de edad y secretaria del comité de base de la UJC en el ingenio, constatamos que en las centrífugas, casas de caldera y de bagazo, en los tachos, molinos y el basculador, en el almacén, en todas las áreas... la nueva sangre bulle y contagia la realización eficiente de las disímiles faenas azucareras del Siboney, donde el futuro de la dulce economía está asegurado con los ingredientes de la juventud y la experiencia.

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