Alertan sobre aumento de amenaza mundial para la fauna anfibia - Cuba

Alertan sobre aumento de amenaza mundial para la fauna anfibia

Casi el 50 por ciento de los anfibios del mundo están amenazados. Cuba está entre los 20 países con mayor cantidad de fauna anfibia amenazada

Autor:

Juventud Rebelde

En la zona de Topes de Collantes, en la región central de Cuba, se detectó el hongo chytrid, que ha causado muertes masivas de ranas en todo el mundo. SANTIAGO DE CUBA.— Se nos mueren en silencio, acelerada e irreversiblemente los anfibios. Lo hacen cual dinosaurios modernos, tras haber vivido en la Tierra durante millones de años: ranas, sapos, salamandras, se extinguen mundialmente, en lo que los expertos definen como la más grave pérdida de la biodiversidad reportada hasta el momento.

Según una evaluación global que, en el 2004, analizó el estatus de los casi 6 000 anfibios conocidos (5 743 especies), ranas y sapos han desaparecido de los hábitat en los que comúnmente se les encontraba, y muchos países reportan muertes masivas mientras los conteos muestran una declinación real de las poblaciones, según la Evaluación Global de Anfibios, realizada por la Unión Mundial para la Naturaleza (UICN).

Datos recientes dan cuenta de que casi el 50 por ciento de los anfibios del mundo están amenazados. En el Caribe, la alarma llega hasta un dramático 80 por ciento. En los últimos diez años, más de 150 especies de ranas, sapos y salamandras se han extinguido, la mayoría de ellas en meses recientes. El Sapo Dorado, de Costa Rica, y los sapos criadores en la boca, de Australia, son historia.

En Cuba, según afirma Luis M. Díaz, especialista en anfibios y reptiles del Museo Nacional de Historia Natural, las evaluaciones realizadas sobre las 62 especies de ranas existentes indican que el 95 por ciento de ellas son endémicas. De estas, el 15 por ciento están evaluadas como vulnerables, el 38 por ciento como amenazadas y otro 26 por ciento como críticamente amenazadas.

Las Ranas Toro, que hay quienes creen autóctonas de Cuba, en realidad fueron introducidas a principios del siglo XIX con fines esencialmente comerciales. Funesta conjugación

Los miembros de la «familia de las ranas» se nos van, víctimas de una funesta conjugación de causas, como la destrucción y fragmentación de los hábitat, consecuencia del desarrollo urbano; la contaminación y el calentamiento global; la introducción de especies exóticas y con ellas de depredadores y agentes patógenos; así como la aparición de epidemias como el mortífero hongo chytrid (quítrido, en español), que está devastando a gran velocidad a las poblaciones desde Australia hasta Costa Rica.

Todos estos factores tienen su impacto en la peculiar anatomía de los anfibios, de pieles porosas, lisas y permeables, dependientes de la humedad, que los hacen más vulnerables que mamíferos, aves y reptiles a cualquier cambio ambiental.

El hongo chytrid, por ejemplo, opera como un parásito que dificulta a las ranas el uso de los poros y causa su muerte rápidamente por deshidratación. Su presencia ya fue detectada en la Isla, lo cual indica que pudiera ser un peligro latente para las poblaciones de anfibios criollos.

Fieles hasta el último momento a su condición de barómetros de la salud de la Tierra, los anfibios, en su adiós, nos dicen que la salud del planeta anda mal.

Si las ranas se extinguen, reconocen ecologistas, la catástrofe está servida. Dada su función reguladora y de equilibrio, como controladores biológicos con un papel intermedio dentro de la cadena trófica (perteneciente o relativo a la nutrición) de los ecosistemas, la desaparición de los anfibios podría poner al borde del caos la vida en el planeta.

«Sin las ranas, todo el ecosistema caerá cual castillo en el aire», admiten renombrados herpetólogos, pues al faltar los anfibios el excedente de insectos amenazará la salud pública y los suministros de alimentos.

Aguijoneados por esa certeza, especialistas internacionales han desatado una cruzada mundial por la supervivencia de los batracios y sus similares. Así, han nombrado este 2008 como año internacional de las ranas y consolidan una red global con el fin de frenar la extinción, a partir de estimular el estudio de las poblaciones y la protección de los hábitat.

Incluso, entre otros aspectos, se habla hasta de crear una suerte de arca anfibia, para llevar a zoológicos, acuarios y jardines botánicos las especies más amenazadas.

Sin embargo, entre enconadas polémicas y tímidos pasos para frenar la pérdida, el croar de las ranas en la mayoría del mundo, sigue mermando.

En Cuba vive la que bien pudiera considerarse como la rana más diminuta del mundo. Se trata de la Ranita Monte de Iberia. Mide menos de un centímetro y se ha localizado en la zona de igual nombre, próxima a Baracoa. Desde el arca del conocimiento Delicados príncipes

Aunque difundidas por todo el planeta, el conocimiento que existe sobre ranas y sapos todavía no es muy abundante, e incluso en Cuba apenas ahora comienzan a consolidarse los primeros pasos en este campo.

Según Luis M. Díaz, el primer anfibio cubano se describió hace 170 años, y sin embargo es solo en los últimos 17 que se han descrito para la ciencia más de la cuarta parte de las especies conocidas.

Algo muy peculiar en el caso de Cuba, es que la mayoría de las especies de ranas tienen una distribución local o regional, o sea, su hábitat a veces abarca zonas muy reducidas.

«Por eso, aunque pueda haber una especie muy abundante en una zona, como está muy localizada, de ocurrir cualquier evento que la afecte, ya sea climatológico, la pérdida de su hábitat natural o la entrada de una plaga, la afectación podría ser mortal», explica.

De los factores que actualmente amenazan a estos animales en la Isla, el más grave es la destrucción de sus hábitat por la acción del hombre, seguido de las consecuencias del cambio climático, que se evidencian en la disminución de la humedad de los bosques, la escasa capa de detritus húmedos y de zonas acuáticas, lo cual, por ende, afecta la alimentación de las ranas.

A su vez, con su disminución, también se afectan otras especies animales que se alimentan de ellas, además de que aumentan las plagas de insectos, de los cuales son un importante controlador biológico.

Los datos indican que Cuba está entre los 20 países a nivel mundial con mayor cantidad de fauna anfibia amenazada, y el tercero con esta problemática a nivel neotropical.

Buena parte de esta situación está determinada por la escasa cobertura boscosa que hoy tiene la Isla, la cual, a pesar de todos los planes para incrementarla, todavía es apenas el 13 o 14 por ciento de la que existía originalmente, explicó a JR el investigador Luis M. Díaz.

«Incluso, si se hacen coincidir los mapas de riesgos de vegetación elaborados por el Centro Nacional de Áreas Protegidas, con los de localización de especies anfibias, muchos de estos coinciden».

Toda esta situación, asegura el especialista, se ve agudizada por los escasos conocimientos que hay sobre estas especies, ya que apenas existen estudios a largo plazo sobre ellas, y los conteos que se han hecho han sido aislados, por zonas determinadas, por lo cual la mayoría de las cifras se dan en base a estudios de campo realizados por los especialistas.

«De hecho, hasta la propia población las identifica como ranas o sapos, e incluye en este saco hasta a las Ranas Toro, que fueron introducidas en Cuba a principios del siglo pasado y algunos creen endémica, producto de este desconocimiento», asegura.

Además, aunque se han hecho algunos esfuerzos aislados para la preservación de las diferentes especies, como el protocolo de cría en cautiverio de una de ellas, realizado en el Museo Nacional de Historia Natural, no existe un proyecto nacional destinado a su conservación, y son necesarias campañas para concientizar a la población sobre la importancia de estos animalitos para la biodiversidad cubana, estima Luis M. Díaz.

Desde el arca del conocimiento

En medio de esta crítica situación global, y con un 95 por ciento de endemismo entre sus anauros (ranas y sapos), los únicos representantes de los anfibios que viven en Cuba, el país se enfrasca en la protección de estas especies.

«En nuestro país no habrá necesidad de llevar ranas y sapos hasta zoológicos, acuarios, ni jardines botánicos, pues están creadas las condiciones para su conservación y desarrollo en sus propios ecosistemas», afirma Ansel Fong, joven licenciado en Biología, el frente del grupo encargado del estudio de anfibios y reptiles en el Centro Oriental de Ecosistemas y Biodiversidad (BIOECO), una institución que este 5 de junio cumplió 15 años de tenaz esfuerzo en defensa de la biodiversidad y su entorno.

A pesar de que Cuba es uno de los países caribeños con un mayor porcentaje de sus especies de anfibios incluidas en la lista de amenazadas a nivel mundial (el 79 por ciento de las 62 especies registradas), según el es-pecialista, nacionalmente no se han reportado hasta el momento cambios significativos en esta situación, ni ningún caso de extinción ni de muertes masivas de ranas y sapos.

No obstante, y a tono con realidades mundiales tales como que América Latina pudiera tener hoy el doble o el triple de las especies de anfibios descritas, estudiar más a los representantes cubanos, específicamente a los del Oriente del país, es propósito de base para este colectivo de investigadores.

Por esos caminos, sin precedentes, andan desde el 2002. En esa fecha iniciaron, por

primera vez en el país, el monitoreo de poblaciones de batracios, en estrecha vinculación con los estudiantes de la especialidad de Biología, de la Universidad de Oriente.

En esfuerzo conjunto con otras instituciones del país, como el Museo Nacional de Historia Natural y el Instituto de Ecología y Sistemática, han comenzado a encaminar investigaciones dirigidas al conocimiento de la ecología de las especies endémicas, su alimentación y reproducción, aspectos muy relacionados con la reducción de las poblaciones y otra sobre las maneras de contribuir a su protección.

Al propio tiempo evalúan estrategias de conservación que buscan relacionar las áreas de distribución de las principales especies localizadas en el Oriente con las zonas protegidas existentes, y consecuentes con la certeza de que el saber es la mejor estrategia de defensa de una especie, desarrollan proyectos de educación ambiental.

Guías de campo y otros sistemas de gran valor, elaborados por estos apasionados jóvenes, ya extienden el conocimiento sobre ranas y sapos, sus características e importancia dentro de los ecosistemas, hasta escuelas y co-munidades.

Tras el croar de la noche

Todos los meses, en el paisaje natural protegido Gran Piedra y en la reserva ecológica Siboney-Juticí, dos sitios con condiciones de clima y altitud diferentes, la risa joven es sustituida por la cautela y el interés científico.

Tras el croar de la noche, la parte del día en que están más activos ranas y sapos, andan, desde el año 2002, grupos de estudiantes de la Facultad de Biología de la Universidad de Oriente, atraídos por el empeño del grupo de especialistas de BIOECO.

Más que la vinculación con un centro científico, les anima el poder participar en una experiencia sin precedentes como el conteo y monitoreo de las poblaciones de anfibios en estas áreas.

Es un primer paso en un sendero que, según confiesan muchos, los hará crecer hu-mana y profesionalmente.

Irelis Bingote, entre las iniciadoras de estos estudios en sus tiempos de estudiante, lo confirma hoy, ya graduada. Continuando aquellas noches de conteos y descubrimientos, aún con una corta experiencia laboral, ha podido exponer, ante renombrados expertos en eventos internacionales, los frutos de sus investigaciones en torno a novedosos aspectos como la reproducción de los anfibios en la Gran Piedra.

En lo vivido por esta novel santiaguera está la confirmación de que en la Isla caribeña hay un lugar para los anfibios, pues la defensa cubana de ranas y sapos, une la voluntad estatal con la protección científicamente fundamentada, y desde la acción.

Y en ello va también el sello y el vigor de los jóvenes, empeñados en que la princesa del cuento que harán a sus hijos, continúe teniendo una rana a quien besar.

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