Son los sueños todavía

Recorre caravana 50 aniversario del triunfo de la Revolución sitios históricos de Yaguajay. En Morón estuvieron junto a la imagen de El Vaquerito. Hoy estarán en Camagüey

Autor:

Jesús Arencibia Lorenzo

Libertad, palabra de oro/ con sabor a sangre pura/ y en la conciencia madura/ de los hombres un tesoro./ En los hombres sin decoro/ prospera la indignidad/ porque sin la voluntad/ de los corazones bravos/ de semilleros de esclavos/ no brota la libertad.

Con esta décima que alguna vez improvisara, Humiliano Basso nos conquistó en El Pedrero. Él y Arnaldo Cabrera, otro combatiente de esta zona de Fomento, que nos acompañan, llenaron de juventud el enero que ahora llega a sus 50 años. Junto a ellos viene Héctor Bruche, arriero del lugar, que con voz casi inaudible y apretándose las pedregosas manos, cuenta cómo subía alimentos y otras provisiones a los revolucionarios. «Eso que pa’ mí no era ná —sonríe— pero me podía costar la vida».

En este sitio se firmó, en diciembre de 1958, el pacto de unión entre el Movimiento 26 de Julio y el Directorio Revolucionario, al que después se uniría el Partido Socialista Popular. «Y ustedes, los nuevos, son los que tienen que cuidar esa unidad», dice rotundo Arnaldo, casi cuando nos despedimos.

El recorrido avanza y el sombrero de ala ancha que abre las puertas de Yaguajay nos ve llegar en la tarde, a la plaza de Camilo. Allí la estatura que Telvia Marín le diseñó al guerrero, preside todos los empeños. Pronto nos vemos junto a las fotos del héroe niño jugando con un winchester, o golpeado después de una manifestación estudiantil, o junto al Che, a quien dedicó sus mejores humoradas. Allá está entrando triunfal a La Habana; primero con Fidel, luego al frente de una caballería mambisa. Por varios sitios los trazos irregulares de sus cinco firmas, y una sonrisa de barba descuidada y sueño grande.

Otra vez carretera, y en Morón la imagen temeraria de El Vaquerito. Multiplicado en su monumento, como los cien hombres que Guevara veía en él, sigue diciéndole a los que temen: «Una sola bala es la que mata a un hombre. Te coge lo mismo de pie, acostado, que detrás de una muralla».

Hoy amanecimos en Camagüey.

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