Las jóvenes cubanas se incorporan cada vez más al Servicio Militar Voluntario Femenino

Autor:

Dora Pérez Sáez

Desafiando prejuicios, lejos de sus casas y trabajando a veces mejor que los hombres, las jóvenes cubanas se incorporan cada vez más al Servicio Militar Voluntario Femenino, incluyendo el Ejército Juvenil del Trabajo

Cuando Yaimara Perdomo le anunció a su mamá que se iba de la casa para pasar el Servicio Militar Activo (SMA), no hubo sorpresas, ni miedo, ni llantos. «Si estás decidida, es para cumplir. Así que esfuérzate y trabaja bien», le dijo su madre.

A la joven le llegó la citación el pasado 21 de diciembre, justo el día en que cumplió 19 años. Dos semanas después ya estaba en Holguín, donde pasó el período de la preparación básica del soldado. Hasta que el 16 de febrero llegó a la capital, como parte del Batallón 901, perteneciente a la Jefatura Territorial del Ejército Juvenil del Trabajo de Ciudad de La Habana.

Pequeña y menuda, Yaimara considera que cualquier mujer puede pasar el servicio militar sin ningún problema.

«A mí siempre me llamó la atención la vida militar. En mi familia nadie me desalentó. Por el contrario, mis tíos y mis primos me aconsejaron mucho. Me advirtieron que el entrenamiento de las mujeres es igual al de los hombres».

—¿Y eso no te asustó?

—De ninguna manera. Nos levantamos a las seis de la mañana, hacemos gimnasia matutina en el polígono, y luego el resto de las actividades. Todo tiene un horario y hay que cumplirlo. Por la mañana son las clases de infantería, aunque ahora estamos todo el día en el trabajo autofocal.

Como Yaimara, muchas jóvenes han respondido ante la necesidad de que las féminas se incorporen a las tareas de la defensa.

En el Batallón 901, muchachas provenientes de las provincias orientales participan junto a sus compañeros en las labores de control antivectorial, como parte de la batalla contra el Aedes aegypti.

Para el primer teniente Deyni Castellanos, la presencia femenina en la unidad ha sido muy positiva.

«Ellas influyen en el mantenimiento de la disciplina y en el embellecimiento de la instalación. Ahora se hacen más actividades culturales y recreativas, como danzas y obras de teatro, que sin mujeres eran casi imposibles de realizar.

«También para los varones es beneficioso, porque se preocupan más por su apariencia personal, no quieren que les llamen la atención. A la hora de trabajar, lo hacen juntos. Ese es el intercambio que queremos. A veces un muchacho tiene un problema, y se lo cuenta a una mujer antes que a sus compañeros», concluyó.

Mi futuro primero

Cuando el novio de Ileana Tamayo le dijo que si ella se iba para el SMA, se olvidara de él, la muchacha no dudó un segundo en responder.

«Si me quieres esperar, bien. Si no, no lo hagas. Pero mi futuro está primero, y no lo cambio por ningún hombre».

Más de seis meses después de haber dejado su natal Campechuela, en Granma, esta joven de 21 años no se arrepiente de su decisión.

«Aquí una se hace más mujer —explica—, coges más fundamento. Recibimos una preparación muy buena, no solo para la defensa, sino para la vida en general».

—¿No causó asombro la llegada de ustedes a la unidad?

—Al principio algunos de nuestros compañeros en la unidad nos decían que si estábamos locas; que en vez de aquí, debíamos estar en la casa. Pero a mí no me importó. Hago lo que tengo que hacer.

«Creo que existe un poco de machismo en esa visión —añade Marieglis Rosales, de 20 años—; pero mientras una se dé su lugar, y sepa cuándo debe ubicar a cada cual, no hay problemas. Incluso muchos oficiales aseguran que nosotras trabajamos mejor que los hombres».

Sueños y añoranzas

«Siempre quise pasar el servicio; no había podido porque tengo un niño, pero mi mamá me lo sugirió. Me dijeron que en el Comité Militar Provincial estaban haciendo captaciones, y que luego podría optar por alguna carrera universitaria. Ese es mi sueño: estudiar Licenciatura en Farmacia».

Así relató a JR la holguinera Margleidis Pérez, de 24 años, para quien la lejanía de su hogar ha sido obviamente más difícil que para otras de sus compañeras.

—¿Quién te cuida el niño?

—Mi mamá. Él tiene ocho años. No es fácil, nunca nos habíamos separado, pero bueno, se trata de mi preparación y mi futuro.

Tampoco para Annié Sánchez, del municipio de Calixto García, en Holguín, ha sido fácil separarse de su familia.

«Mi mamá lloró cantidad, pero mi hermano me decía: “Vete, mi ‘herma’, que cuando yo sea grande también voy a ser militar”».

Todas estas muchachas continuarán superándose una vez concluido este período. Ellas reconocen que esta fase es una escuela, de donde egresan en mejores condiciones para incorporarse al trabajo o a estudios superiores.

Así lo reafirmó Maday Iglesias, miembro del Buró Nacional de la Unión de Jóvenes Comunistas, quien señaló que aunque es cada vez mayor el número de mujeres que se incorporan a las tareas de la defensa, las necesidades del país aún no están resueltas.

«Por lo que representan las Fuerzas Armadas Revolucionarias y dentro de estas el Ejército Juvenil del Trabajo, por su historia, tan ligada a la UJC, y por lo que deja en las muchachas esta etapa, debemos seguir potenciando la atención política y social a ellas.

«Esa atención debe ser diferenciada, pues ellas provienen de diversos sectores. Algunas estaban desvinculadas del trabajo y el estudio, pero todas han mostrado gran disposición para la salvaguarda de la patria».

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