Emboscadas solidarias - Cuba

Emboscadas solidarias

El propósito de devolver el color a las localidades y componer parte de la geografía que Gustav devastó en municipios pinareños impulsa a un contingente de oficiales, soldados y trabajadores civiles de las FAR Vea la cobertura completa sobre el paso del huracán Gustav por Cuba Imágenes de los estragos de Gustav a su paso por territorio cubano

Autor:

Yelanys Hernández Fusté

«Pa’ arriba del lío, hasta que no se vea nada», decía un joven de verde olivo en Pinar del Río, para mí memorable y desconocido como el de aquella novela inconclusa de Pablo de la Torriente Brau.

«Gustav dejó un enredo tremendo en las vías y hay que caerles encima. Pero me preparo. A las 5:00 de la mañana hago mis ejercicios para mantenerme duro, de pelea. Desayuno para hacer estómago, y a las 7:00, ¡pa’ arriba del lío! Tomo mis diez en las meriendas y las comidas. ¿El baño? Se queda para antes de dormir. Pregúntales a los otros, que te hacen su historia entre ciclones».

El coronel tiene mucho que escribir

«Pa` arriba del lío, hasta que no se vea nada», dicen estos jóvenes de verde olivo a los que ha tocado la difícil tarea de limpiar los accesos a los asentamientos bloqueados por el huracán. «Este trabajo ha sido diferente a cuando se inundó La Habana en 2005. Lo que hacemos es “liquidar las consecuencias”. En la capital la penetración del mar destruyó parte del Malecón y trabajamos con las fuerzas ingenieras para reconstruirlo, también en la estación del agua de dos túneles habaneros. Pero en Pinar del Río encontramos poblaciones devastadas. En Los Palacios prácticamente no se podía avanzar, si no se hacía con una máquina ingeniera que abriera el paso. Vimos postes derribados, cables en el piso y muchos hogares destruidos.

«Buscamos la manera de dejar lo mejor posible las calles. ¿Casos difíciles? Tenemos bastantes. Gustav tiene un buen average en batir árboles encima de las casas, pero con la grúa los vamos retirando.

«¿Noticias del ciclón? Siempre las tuvimos. Desde que en la noche del 30 de agosto se nos planteó la misión de crear brigadas ingenieras, las cuales proceden de los ejércitos Occidental y Central, y del MINFAR.

«Desde que nos establecimos, comenzamos a liberar las principales vías de acceso a las ciudades y las de las montañas. Bahía Honda estaba interrumpida desde Candelaria, y esta última desde San Cristóbal. A partir del entronque de Soroa a Cinco Pesos, y desde este a Sabanilla, era lo mismo.

«Aquí laboramos oficiales, soldados y trabajadores civiles. Hasta la noche del martes los muchachos habían dado más de 790 viajes de camión botando escombros de las localidades. Que si lo miras bien, equivale a un volumen de 5 558 metros cúbicos en solo tres días, mientras en las montañas se les había devuelto el acceso a 200 kilómetros.

«Aún nos queda mucho por limpiar en los municipios de Candelaria, Los Palacios, Consolación del Sur y San Cristóbal, y en los viales de las lomas. La buena noticia es que ya se puede circular por las principales arterias de estas ciudades y llegar a los hospitales, a los mercados y a los centros más importantes». (Coronel Juan Carlos García Martín, al mando del contingente de oficiales, soldados y trabajadores civiles de las FAR que opera en estos momentos en los municipios más afectados en Pinar del Río)

El muchacho de la sierra

«Nunca me había enfrentado a un ciclón, pero en lo primero que pensé fue en ayudar. Desde que llegué a Pinar del Río el domingo, me dieron la motosierra y he picado un montón de árboles caídos. Pero no me pregunte cuántos, porque cuando cojo el equipo me olvido de lo demás y corto hasta que ya no quedan escombros.

«He visto árboles frondosos en techos de las casas y es duro, porque cayeron en el lugar que protege a la gente. Esta mañana, cuando trabajábamos en el parque de Consolación del Sur, un viejito me pidió que le diera una mano con un tronco “acostado” en las tejas de su casa. Arranqué pa’ allá y se lo hice tajos. Me sonrió. Con eso basta». (Soldado Yosbel Lorenzo Hernández, espirituano de 19 años)

Noticias para casa

Entre sollozos, María Elena, cuya casa quedó desnuda, se refiere con cariño a los muchachos de las FAR: «Ellos han cambiado el triste aspecto del pueblo». «Le he contado a mi familia por teléfono, sobre todo a mi hija de seis años, Adalys, que me pregunta mucho sobre lo que estoy haciendo. La verdad es que estoy impresionado, porque cuando llegamos todo estaba derrumbado. Pero vine con una tarea y la cumplo. Constantemente cargo en mi camión —que nunca se ha separado de mí— la madera y los desechos que ha dejado el huracán. Esta mañana (miércoles) ya he «tirado» como cinco viajes. Y continúo hasta que haya luz. (Ariel García, trabajador civil de las FAR, 31 años)

Amor en los tiempos de Gustav

«Mi prueba de fuego ha sido ese tramo. Me gradué hace tres años y me estreno en algo así. No fue fácil liberar el acceso desde Candelaria hasta Bahía Honda. Me tomó dos días. Lo hice con el esfuerzo de cinco hombres, y nos apoyamos en dos camiones, una grúa y un cargador.

«Cuando llegué allí todo era desfavorable. Prácticamente era una misión imposible, pues cada diez metros estaba el peligro. Y la gente te lo dice, te lo agradece, porque ellos también hacen lo suyo y tienen una voluntad grande. Hace dos días se lo contaba a mi esposa». (Primer teniente Axel Ramos Elías, ingeniero principal, de 25 años y tres de experiencia profesional)

De Noel y otros demonios

«Estuve en Santiago de Cuba cuatro meses después de Noel, y viví allí seis construyendo carreteras. Pero aquí llegamos al otro día. La gente no había tenido tiempo ni de empezar a recoger nada. Lo primero que hice fue un reconocimiento del terreno y la verdad es que el pueblo de Consolación del Sur estaba en ruinas, pero están todos vivos.

«Me dije: si hay salud, hay que seguir trabajando. Voy a seguir viniendo a este tipo de misiones, aunque esta no se parece en nada a lo ocurrido con Noel. Pero lo que ha hecho la brigada prefiero que se lo pregunte a los del pueblo». (Mayor Carlos Puente Fernández, jefe de una de las brigadas que laboran en la recuperación de Consolación del Sur)

Emma

«¿Los muchachos de verde olivo? Muy buenos. Perdona (me dice). Esto es lo que queda de la mata, ¿pueden cortarla? (le señala a uno de los jóvenes militares). Ese es un problema menos, ahora trataremos de poner orden aquí.

«Esta casa era nueva. Solo camino dentro de ella desde hace un mes y medio. Otro ciclón la dañó. Mira cómo nos quedó. Ese día Gustav se empecinó en nosotros. Primero nos metimos en el baño: mis dos niños, mi cuñado, de 20 años, mi tía y yo. Pero nada, allí no era seguro. Pensamos en la meseta de la cocina y arrancamos para allá. Los cristales de la vitrina se nos hacían pedazos y mi niña decía: “Se nos cae la casita, mamá”.

«Mi cuñado se decidió y sacó, de uno en uno, a los niños y ahora sufre una herida que no sabe cómo se la hizo. Yo resbalé. Mi tía se cayó cruzando un trillo allí al costado. Pedí auxilio y la gente vino y salvó mis pertenencias. Estaba sola, porque mi esposo es médico y cumple misión en Venezuela. Su madre, enfermera, también está allá, en el estado de Lara. ¿Ahora? Pa’lante». (Emma Miranda, enfermera que siempre ha residido en Los Palacios)

María Elena

«De estos muchachos de las FAR no tenemos queja. Ellos han cambiado el triste aspecto del pueblo. Con mi nieto, espero resolver el estrago que el ciclón hizo en el patio.

«Cuando el huracán del 44 yo tenía seis meses. Mi abuela guardó toda la vajilla en esa ocasión y yo me guié por ella. Tomé la precaución de recoger en cubetas y cajas algunas de mis cosas.

«¿Mi casa? Se quedó desnuda; solo la cocina resistió. Ahora duermo donde preparo mis mejores platos. Pero ya vinieron y vieron cómo nos quedó todo. Lo peor pasa. El daño mayor es la muerte, que gracias a Dios, no hubo. Lo demás se vuelve a tener». (María Elena Suárez Orozco, 64 años. Toda su vida en Los Palacios)

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