Querido Manatí...

El municipio de Manatí sobresale como un tétrico Everest en esta suerte de cordillera de la calamidad. En su geografía se cebaron durante cuatro horas los irracionales excesos del ciclón más siniestro del que se tenga noticias en Las Tunas Imágenes de los estragos del huracán Ike en territorio cubano Vea la cobertura completa sobre Ike

Autor:

Juan Morales Agüero

Así quedó la emblemática estación de ferrocarril de Manatí. MANATÍ, Las Tunas.— Si en algo están de acuerdo unánimemente los tuneros es que los demoledores efectos del huracán Ike clasifican como los mayores ocurridos en toda la historia de la provincia.

Pero aquí no se trata de elaborar un ranking que refleje cuál territorio sufrió más con la embestida del meteoro. Lo cardinal ahora es cuánto se puede hacer para convertir la recuperación en una constante.

El municipio de Manatí, empero, sobresale como un tétrico Everest en esta suerte de cordillera de la calamidad. Sobre su epidermis se cebaron durante cuatro horas los irracionales excesos del ciclón más siniestro del que se tengan noticias por acá. Sus rachas no se detuvieron en obstáculos, y fueron tan demoledoras que, incluso, les ganaron el pulso a postes de concreto y raíles.

La comarca muestra un extenso rosario de sectores vitales severamente dañados. A ello se añade el extraordinario perjuicio que recibió su espectro vegetal, conocido por Plan Manatí. Es apreciable desde el instante mismo en que se accede al centro urbano, donde una verdadera degollina ecológica cercenó y lanzó al suelo cuanta especie con clorofila estuvo a su alcance.

El municipio reporta afectaciones considerables, ratificaron fuentes del Comité Provincial del Partido. Las viviendas fueron las más afectadas. Sobre todo las antiguas, que eran de madera y databan de la época fundacional del antiguo central azucarero, en la primera mitad del siglo pasado. Muchas tenían paredes comunes, con cubiertas de tejas o cinc.

En la llamada Calle A, apenas quedaron viviendas ilesas. El estrago mayor se concentra en sus techos y «costillares». De acuerdo con el testimonio de vecinos, las tablas carcomidas crujían como galletitas ante el empuje del viento. Muchas cayeron reclinadas sobre sus costados, definitivamente vencidas por un contrincante que las superó en fuerza y al que apenas opusieron resistencia.

Cuadras completas ilustran con tintes grises esta suerte de acuarela de la tragedia. Y, como si no fuera suficiente con tanta desolación, la lluvia ha hecho acto de presencia. Colchones y efectos de todo tipo que ya estaban secos volvieron a mojarse. Solo la solidaridad de la gente, que en situaciones de desastre como esta se potencia hasta lo infinito, puede mitigar el infortunio.

Los almacenes municipales figuran también entre las grandes víctimas. El de la Empresa de Comercio Mayorista perdió casi toda su cubierta metálica. Allí estaban acopiadas aproximadamente 900 toneladas de productos alimenticios variados, que hoy están siendo recuperadas y procesadas por su colectivo de trabajadores. Casi toda la existencia de azúcar parda y refino se humedeció. Será convertida cuanto antes en caramelos y raspaduras. Importantes volúmenes de sal, frijol, chícharo y arroz también sufrieron deterioro.

El almacén municipal de Gastronomía tuvo similar desdicha. Gracias a la rapidez en el actuar, se salvó a tiempo un variado surtido de artículos pertenecientes a la Batalla de Ideas, tales como cocinas y ollas de presión eléctricas, calentadores, calderos interiores y refrigeradores, entre otros. La vieja estructura del local no corrió igual suerte, pues perdió la totalidad del techo y se desplomaron casi todas sus paredes de mampostería. Lo que no pudo lograr el bombardeo a Manatí el 2 de diciembre de 1958, lo consiguió Ike.

En la popular base de campismo de la Playa de Los Pinos, distante 18 kilómetros de la cabecera municipal, solo quedó para contarlo el grupo electrógeno allí instalado. Todo lo demás —casas particulares, cafetería, inmuebles diversos...— fue «engullido» por el mar, que penetró profundamente en tierra. Lo mismo ocurrió en el Puerto de Manatí, asentamiento poblacional que perdió la mayoría de sus viviendas y de sus instalaciones.

La agricultura también quedó sumamente dañada. Los platanales no resistieron los furiosos embates de Ike y se doblaron contra la tierra. Cultivos de la más diversa especie tampoco sobrevivieron. Incluso la caña, que el municipio tributa en temporada de zafra al coloso Antonio Guiteras, también acusa deterioro.

Las escuelas de Manatí, como las del resto de la provincia, presentan grandes afectaciones. El centro escolar Victuro Acosta figura entre los casos más representativos. Igual que el Instituto Preuniversitario en el Campo René Martínez Tamayo, que prácticamente perdió en el desastre toda su cubierta y gran parte de sus aulas.

Es un panorama desolador, pero hay que enfrentarlo con la decisión y la firmeza que las circunstancias requieren. Lo primero es asumir que ya Ike hizo de las suyas y que eso es irreversible. Ahora corresponde restañar las heridas con el concurso colectivo. En Manatí el pueblo comienza a despertar de la pesadilla y toma parte en las tareas de recuperación. Integrantes de los CDR, la FMC y la UJC están activos en primera fila junto a estudiantes y combatientes. Solo actuando en bloque se conseguirá la victoria.

Esta casa ya no podrá mostrarse a todos cual antigua joyita arquitectónica del poblado. Entre las decisiones más importantes adoptadas por el Consejo de Defensa municipal clasifica la puesta en servicio en la zona urbana de diez cocinas colectivas, capaces de elaborar y garantizar alimentos para un gran volumen de personas que no pueden utilizar sus fogones por carecer de electricidad. Esta alternativa se hizo extensiva a zonas de defensa como Dumañuecos, La Guinea, Cerro de Caisimú y Tasajeras.

En materia de recuperación figuran también los proyectos elaborados por las direcciones de las diferentes dependencias del municipio. En estos se establece que los encargados de cuidar los recursos y de hacer retornar a la normalidad sus instituciones son los mismos trabajadores, quienes deben volcarse a ese fin inmediatamente. Hoy no existe tarea de mayor prioridad que esa.

La recuperación plena de Manatí y del resto de los municipios tuneros debe transitar por el contexto de las orientaciones que cursó Jorge Cuevas Ramos, presidente del Consejo de Defensa Provincial, en reunión desarrollada ayer con cuadros, funcionarios y directivos tuneros. El dirigente partidista dijo: «El panorama es complejo, pero podemos salir adelante si todos los tuneros asumimos de inmediato la tarea que nos corresponde. En la comunidad, en el centro de trabajo, en la vía pública, ¡dondequiera! Con disciplina, organización y serenidad, triunfaremos».

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