El cierre de las heridas

Las ciudades y poblados de Ciego de Ávila deben quedar limpios este fin de semana de los desechos dejados por el huracán

Autor:

Juventud Rebelde

Dentro de los daños dejados por Ike en Ciego de Ávila estuvieron las afectaciones a los árboles de los pueblos y ciudades. CIEGO DE ÁVILA.— Parecía un monolito en descanso. Era un almendro gigante, de unos 20 metros de alto y un tronco difícil de abrazar. Durante más de dos generaciones otorgó su sombra a quién sabe cuántos enamorados y niños, pero su final llegó con el último huracán.

«Tenía muchas ramas y madera, estuvimos tremendo rato dando sierra para limpiar el parque», contó Juan Martín, trabajador de la Empresa Citrícola de Ceballos y uno de los movilizados para la limpieza de la ciudad.

Al lado, su compañero de faena, Misael Rodríguez, se muestra sofocado y lleno de partículas de aserrín. Respira agitado y el pulóver de mangas recortadas y el pantalón oscuro se ven empapados de sudor.

«Empezamos a trabajar bien temprano en la mañana, hasta las 5:00 de la tarde —dice—. Hay mucho árbol grande caído, sobre todo en las afueras, aunque en la ciudad también hay algunos grandes como este».

Señala el almendro. El martes el árbol amaneció desplomado sobre el parque que está a un costado del Parque Zoológico, frente a la Carretera Central. Es de mañana y por la vía aparecen varios camiones cargados de desechos y ramas. Son las primeras heridas de Ike, que van a ser cerradas.

Todos para uno

En las ciudades y pueblos, junto con las casas derribadas o con daños, las primeras huellas visibles del ciclón fueron los árboles caídos. Durante el lunes se les vio inclinarse y volverse a erguir, pero el martes muchos aparecieron acostados por una furia que no pudieron soportar.

«Este es el temporal que más daño le ha hecho a los árboles en la ciudad; es verdad que ahora hay muchos más que antes, pero aun así es mucho el que se ha caído», asegura Wenceslao Thompson Brown, jefe de brigada de la Unidad Básica de Construcción de la Dirección Provincial de Servicios Comunales.

Thompson compara los efectos causados con los que dejó el huracán Kate en 1985. Entonces él se movió junto con otros trabajadores hacia la ciudad de Morón, donde las afectaciones a los parques y vías públicas se registraron entre las más grandes de la provincia en aquel momento.

«El daño se concentra en los espacios arbolados; pero no hay perjuicios de significación en ninguno de los parques de la provincia porque todas las luminarias y lo que se podía desmontar fue puesto a resguardo», apunta Osbel Díaz Báez, director de Comunales en la provincia.

Las máximas autoridades en el territorio han orientado que el próximo fin de semana todas las ciudades y poblados deben quedar limpios del despojo provocado por Ike en el ornato público.

«En la limpieza no están solo los obreros de Comunales —explica Díaz Báez—. El Partido y el Gobierno han indicado que todas las empresas y organismos de la provincia se vinculen con medios y personal movilizado, también el pueblo lo hará en las cuadras. Solo así podremos salir rápido de lo que Ike nos dejó».

El árbol salvado

Juan Martín, de la Empresa Citrícola de Ciego de Ávila, es uno de los movilizados para tapar las heridas dejadas por Ike. El primer esfuerzo de limpieza estuvo en abrirle paso a las principales calles, avenidas y accesos a puntos vitales, como los hospitales, policlínicos y centros de evacuación.

«Tuvimos que hacerlo con la llovizna todavía andando —expresa Díaz Báez—. Gracias a eso en menos de 24 horas las principales vías de la provincia y el acceso entre los municipios estaba garantizado, junto al de los hospitales y centros de evacuados».

Pero aún queda mucho por hacer antes del domingo. Y eso se nota al caminar por las localidades y barrios de Ciego de Ávila y observar las montañas de ramas y desechos sólidos a lo largo de las cuadras.

En ellas labora personal de diferentes entidades. Es el caso del comienzo de la calle Independencia, en el reparto Vista Alegre. Allí esa vía no es la calzada amplia que recorre el centro de la ciudad, sino un tramo estrecho y bordeado de pequeñas casas de barrio. Por un costado se divisa una alzadora de caña del MINAZ con varios obreros sudorosos, que aguardan la llegada de nuevos camiones para cargar con desechos.

En el cruce de la Circunvalación con la Carretera de Sanguily y las zonas colindantes con el Consejo Popular Roberto Rivas Fraga, vehículos de la Empresa de Mantenimiento Vial y del Sectorial Provincial de Salud, entre otras entidades, esperan a que sus camas sean completadas por los troncos y ramas cortadas.

«No todos los árboles derribados se pueden cortar —explica Thompson—. Muchos se pueden salvar al enterrarlos de nuevo. Primero hay que podarlos, prepararle las raíces y el terreno de resiembra y luego cuidarlos mucho. Eso es lo principal».

Para mediados de la tarde de ayer, su brigada, compuesta por cerca de diez hombres, replantó cerca de 80 ejemplares tumbados por los vientos de Ike. A esa hora se encontraban en el Microdistrito C, donde varios flamboyanes, de tamaño mediano, que rodean el Parque Infantil, estaban sobre la calle.

Unos hombres cortan las ramas, mientras que otros profundizan el terreno donde de nuevo será plantado. Ese sitio es uno de los más agradecidos del barrio por la sombra de los árboles.

Se dan las indicaciones finales y a puro brazo lo levantan. Después se riega la tierra y varios hombres la presionan para darle el firme. Parece un huérfano desnudo cuando se le observa podado y sin sus hojas y ramaje, pero Thompson lo mira tranquilo.

«En poco tiempo —dice— le empezará a salir el follaje. En tres meses le aparecerán las ramas, y en cinco —si no lo maltratan— nos estará dando sombra. Y todos —hasta él mismo— estaremos salvados».

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