La naturaleza ¿culpable?

A propósito de los huracanes y de que este sábado se cumplen diez años de su muerte, JR reproduce un artículo de Antonio Núñez Jiménez, uno de los grandes geógrafos y espeleólogos cubanos Imágenes de los estragos del huracán Ike en territorio cubano Vea la cobertura completa sobre Ike

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Juventud Rebelde

El horroroso huracán Flora azotó principalmente la región oriental de Cuba en septiembre de 1963, donde hizo daños incalculables. Si bien el Flora fue naturalmente la causa directa de ese cataclismo con su lento movimiento de traslación y su caprichosa ruta, no fue el único causante de tantas desgracias; el golpe de agua fue posible porque la anterior tala exagerada en los valles y en las montañas había barrido con los bosques y ya nada ponía resistencia alguna al correr de las aguas. En el hato de Cauto Abajo

El hecho de la relación tala-inundación era conocido en Cuba desde fecha tan lejana como 1617, hace más de tres siglos, pues por ese tiempo el gobernador de Santiago de Cuba, Juan García de la Nivia Castillón, daba cuenta de lo que ocurrió en el valle del Cauto y exponía textualmente:

«...en el hato de Cauto Abajo había astilleros y los operarios para procurarse de algún sustento desmontaron grandes espacios de terrenos en ambas márgenes del río, haciendo este una espantosa avenida; las tierras que ya no tenían el apoyo de las raíces de los árboles fueron arrastradas y transportadas hasta la boca formando el banco que cierra el paso a los grandes bajeles».

Hasta aquella fecha el Cauto, el más largo del país, permitía ser navegado por barcos de mediano porte hasta la ciudad de Bayamo.

El huracán Frederic

El huracán Frederic, por el volumen de sus precipitaciones acaecidas en septiembre de 1979, pasará a la historia de la Ciclonología como uno de los meteoros más extraordinarios que han azotado nuestro archipiélago.

El escenario geográfico donde el Frederic dejó caer las mayores lluvias fue la región llamada por el autor Llanura Cársica Meridional de La Habana, donde se abren miles de casimbas, furnias, grutas, cavernas, y sumideros.

Recordemos que los jefes de Estado y de Gobierno, reunidos en aquel tiempo en el Palacio de las Convenciones, adonde habían llegado en automóviles, se vieron obligados a abandonarlo en botes, debido al enorme lago que se formó en el antes seco valle del río Quibú; los enormes aviones del Aeropuerto José Martí, de Rancho Boyeros, en el centro de la provincia habanera, flotaban sobre la llanura cársica inundada; la ciudad de San Antonio de los Baños parecía una Venecia tropical, donde el Sumidero del río San Antonio no fue capaz de evacuar el caudal desbordado de esa corriente fluvial. Muchos pensaron que la Naturaleza había sido la causante de aquellas inundaciones, pero, en verdad, el responsable había sido el Hombre, desconocedor de la característica esencial de esta región con la cual a lo largo de un complejo proceso geográfico, el drenaje superficial fue sustituido por el drenaje subterráneo donde, por las cuevas y furnias, se sumerge el agua que cae en esa región.

El Hombre tupió esos tragantes naturales con sus construcciones, carreteras y pistas de aviación, lo que produjo un hecho innegable: la inundación no tiene por donde evacuar el exceso de lluvia y el agua, en vez de hundirse, asciende y lo cubre todo. En una palabra, la llanura cársica es como una bañera a la que a su tragante se le ha puesto un tapón y no puede menos que desbordarse.

Tupir los sumideros: un mal que debemos evitar

Fidel recorre Ciudad de La Habana el 18 de junio de 1982, tras el paso del ciclón Alberto. A su lado en primer plano Antonio Núñez Jiménez. Foto: Cortesía de Liliana Núñez Velis, hija del autor En relación con el crimen ecológico de tupir con piedras y otros materiales los sumideros naturales de la llanura cársica habanera, realizado supuestamente con el propósito de ganar espacio para la agricultura, hicimos la siguiente información, al compañero Fidel Castro, el 1ro. de febrero de 1992, siempre teniendo presente su ayuda y comprensión para los problemas de la geotransformación negativa de la naturaleza cubana:

«Te escribo con una grandísima preocupación ante la noticia publicada por el periódico Granma del pasado 28 de enero de 1992, en que bajo el título de Terremoto provocado, se da a conocer lo que la Junta Directiva de la Sociedad Espeleológica de Cuba ha considerado un verdadero atentado a la Naturaleza en los campos agrícolas de Batabanó.

«Dice Granma: “Extrajeron piedras descomunales y las enterraron en furnias inmensas para luego recubrirla con capa vegetal. Así la tierra quedó lista para la nivelación y han convertido así en cultivables, 32 caballerías”.

«Ese hecho tan irresponsable denota que a pesar de lo que hemos predicado sobre las regiones cársicas de Cuba y de la consigna “Hacia una cultura de la Naturaleza”, al igual que los debates habidos en la Asamblea Nacional, todavía queda mucho por hacer en este camino. [...]».

A continuación le exponíamos a nuestro Comandante lo ya sabido en relación con las catástrofes naturales que se producen al sellar los sumideros y las furnias y así se imposibilita la evacuación de las lluvias, sobre todo en temporada ciclónica y le recordaba lo ocurrido durante el Frederic, agregando en nuestra carta a Fidel:

«Cuando ya creíamos superada la etapa de ese mal manejo de la Naturaleza, se produce el inconsulto hecho de que en Batabanó se han sellado los sumideros de la región y lo que más nos preocupa es que con ese triunfalismo se repita en otras partes del país».

Inmediatamente después de recibida esta carta, Fidel dio orientaciones muy precisas a la Empresa que había comenzado a obstruir las cuevas en el carso habanero.

El aeropuerto internacional José Martí

Después fuimos a observar las inundaciones de la gigantesca pista del Aeropuerto Internacional José Martí, donde comprobamos que la laguna allí formada se había originado en lo hondo de una depresión cársica a la que se habían tapiado sus sumideros naturales, lo cual, en parte, impidió un más rápido drenaje. Nos impresionó ver dentro de la inundación las naves aéreas que parecían flotar como metálicas gaviotas sobre aquel mar de agua dulce.

San Antonio de los Baños

Continuamos hacia el poblado de San Antonio de los Baños, donde por primera vez, según los vecinos más viejos, la enorme Cueva del Sumidero no había tenido suficiente capacidad para drenar las aguas desbordadas de la Laguna de Ariguanabo, las que corren a lo largo del río San Antonio. Esto hizo que las aguas fluviales comenzaran a ascender y a cubrir toda la profunda boca de la cueva y después el piso de las casas colindantes. El Sumidero que había servido de basurero durante años, tapiado en gran parte, propició la inundación.

El calor

Generalmente el cubano siempre se queja del calor, pero pocas veces piensa que esa alta temperatura ha sido causada, en no poca proporción, por los hombres. A veces el calor agobiante que se siente en nuestro país, en parte ha sido por la tala forestal, por las carreteras y calles de asfalto que casi se derrite a los 34 grados Celsius, a vivir rodeado de paredes que de día reciben la radiación solar y de noche, genera la irradiación del calor acumulado y a lo que es necesario sumar la combustión de miles de motores. Todo esto sin contar con que la actual arquitectura cubana heredó de la impuesta cultura colonialista, principalmente la norteamericana, estilos propios de países de baja temperatura, lo que debe compararse con la arquitectura colonial hispánica, con sus altos puntales, ventanas de hierro que dejan pasar el aire, mamparas internas con igual propósito, provenientes de la cultura arábiga que dominó a España y de ahí llegó al trópico cubano.

En los últimos años se observa en Cuba un movimiento arquitectónico, llamado bioclimático, que lucha positivamente por cambiar la situación anterior. Entre sus principios saludables está el oponerse al llamado estilo internacional que trata de aplicar mecánicamente a cualquier medio ambiente iguales soluciones a las viviendas.

La arquitecta Doctora Dania González, del Instituto Superior Politécnico José A. Echeverría, declaró al periódico Granma del 13 de junio de 1996:

«El enfoque bioclimático ha estado ausente de manera general en la arquitectura cubana contemporánea, porque en todo este tiempo no ha existido una clara conciencia de las implicaciones que tienen el planeamiento urbano y el diseño arquitectónico relacionado con el medio en la calidad de la vida del hombre, y también en la economía. En no pocas ocasiones se ha impuesto la tendencia a seguir modelos, adoptar facilismos y conceptos económicos erróneos en las construcciones. Comprobado está que la supresión de aleros, ventanas y otros elementos disminuye el costo de ejecución pero en definitiva encarece la obra en cuanto a reparación, mantenimiento y explotación a lo largo de su vida útil».

Es necesario recordar el evidente aumento térmico, comprobado global y científicamente en los últimos años y que a su vez genera una ligera subida del nivel marino, la retirada de los glaciales, la sumersión de la línea costera y otros fenómenos geográficos. Aparte de todo lo anterior, el ascenso y descenso del nivel marino a escala mundial se debe cíclicamente a fuerzas naturales.

Un planeta vivo y juvenil

En relación con las catástrofes naturales: erupciones volcánicas, terremotos, huracanes e inundaciones, debemos exponer que tales manifestaciones, responsables de tantas desgracias son, por otra parte, acciones propias de la juventud de nuestro Planeta. Comparemos esta realidad con Marte, sin vida, sin volcanes activos, un astro muerto, fósil pudiéramos decir, como la Luna. La lava que arrojan los volcanes terrestres, los terribles sismos que conmueven los cimientos de la corteza de la Tierra, los ciclones que devastan todo lo que encuentran a su paso, son los movimientos de un cuerpo vivo, palpitante y joven. De lo contrario, la Tierra, al dejar de ser activa, se haría inhabitable, sin agua, sin oxígeno, totalmente desértica.

(Tomado del libro Hacia una Cultura de la Naturaleza)

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