Las cartas sobre la mesa

¿Qué nos sugiere tanta correspondencia? Responder, claro está, pero la cuestión es hacerlo con sinceridad y profundidad. Está en juego el respeto al ciudadano y a sus problemas por parte de instituciones públicas y entidades

Autor:

José Alejandro Rodríguez

Llovieron las cartas en 2008, sin una escampadita. Las evidencias apuntan a que no amainará este diluvio de correspondencia. ¿Qué expresa esa pertinacia?: ¿Ansias insatisfechas de quienes han naufragado en expediciones fallidas, por los circuitos institucionales de atención a la población? ¿Confianza y apego al estilo de esta columna? ¿Válvula de escape? ¿Desfase entre las expectativas de esos ciudadanos y las posibilidades reales del país?

No merece la pena marearse con esas preguntas. Mejor uno se aferra al sano criterio de que ese auge de la interactividad con las vidas, criterios y aspiraciones de tantos cubanos —sintetizada en 6 023 misivas durante 2008—, es una muestra fehaciente de los alcances y posibilidades de nuestra democracia socialista.

Más allá del nivel de soluciones concretas que se alcance con la dilucidación, ya de por sí el que un funcionario a cualquier nivel le rinda cuentas por esta vía a una comunidad o a un solo ciudadano, e incluso los visite y se disculpe con ellos y se vea compulsado a buscarles soluciones y explicaciones convincentes, es motivo suficiente para mantener esta saludable conspiración por el respeto y la devoción al ser humano, móvil esencial de Acuse de Recibo.

Las estadísticas reflejan que en el último período analizado a fondo (entre el 1ro. de mayo y el 15 de octubre de 2008), el porcentaje de respuestas institucionales a cartas publicadas fue de 87,7. Positivo si tenemos en cuenta que en el corte anterior (1ro. de noviembre de 2007 al 15 abril de 2008) ese indicador fue del 83,6.

El caballo de batalla, del que no nos bajaremos, es la calidad de esas respuestas. El grado de profundidad, transparencia y sinceridad que muestren los esclarecimientos, expresa el respeto y consagración a la ciudadanía que tienen las instituciones estatales, entidades y empresas. Lo demás son formales adecuaciones, parches y curitas al paso. Engaños al final.

Dejemos al juicio de los lectores lo que subyace en las estadísticas: en el 53 por ciento de los casos, el problema se resolvió después de haber sido revelado públicamente en la sección, mientras que en un 36 por ciento se anuncia la solución con plazo específico de cumplimiento o sin él.

Lo más interesante es que aún un 44 por ciento de las entidades no se digna explicar los motivos por los cuales no habían atendido con anterioridad esas situaciones reveladas aquí. Incluso, son frecuentes los casos de organismos e instituciones que «se desayunan» con el asunto de su incumbencia en esta columna, aun cuando el ciudadano afectado lleva años haciendo gestiones a diferentes instancias. Ojo: ¿Qué sucede con la retroalimentación y el control de lo que sucede de abajo hacia arriba en esas estructuras?

Mientras aún prevalecen en diversos sectores de nuestra sociedad viejos métodos de dirección y gestión excesivamente verticalistas, reflejo de no pocas centralizaciones, esta columna sigue evidenciando que cada vez más el socialismo cubano necesita de consensos y ojos y oídos bien pegados abajo para alimentar su fortaleza. Atender las quejas y cuitas del ciudadano, consagrarse a él no solo en la prédica y en las decisiones y medidas globales, sino en lo individual, con lupa, es cuidar los cimientos de nuestra sociedad.

Sigue abierto nuestro buzón en 2009.

Respuestas institucionales a quejas más representativas publicadas entre el y el 15 de octubre de 2008. (Respuestas recibidas hasta el 15/12/08)

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