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Los accidentes del tránsito: la sal de la vía

Autor:

Yailin Orta Rivera

Los reportes muestran un despunte peligroso de estos siniestros en calles y avenidas cubanas, que se cuentan no pocas veces en muertos y lesionados

Los accidentes de tránsito en Cuba han oscilado en estos últimos años entre la cuarta y quinta causa de muerte. Pero es la primera en el grupo de edad comprendido entre uno y 19 años. Dramática tendencia.

Los reportes de víctimas confirman que durante 2008 murieron 778 personas y alrededor de 7 707 resultaron heridas.

En el año anterior, comparado con el 2007, se reportaron 835 accidentes más, los lesionados aumentaron en 96 y en dos el número de fallecidos.

El deterioro, visto así, quedaría simplificado a la frialdad de las cifras. Sin embargo, tras ellas está la inmensa tragedia que viven las familias que no recuperarán a su ser querido, las profundas marcas de dolor que llevan los lesionados y las secuelas del estrés postraumático que sufren los ilesos. El fenómeno es descomunal.

Luego de un 2006 en que la accidentalidad y sus saldos cayeron en picada, los reportes muestran un despunte que puede contenerse, en mayor medida, con la prudencia que demuestren conductores, ciclistas y peatones.

Aunque los registros de las tasas de fallecidos por cada 100 000 habitantes (7,16 en 2008), desde el año 2000 tienen un comportamiento cada vez menor, en lo que influyeron directamente las modificaciones al Código de Vialidad y Tránsito, el más mínimo repunte de estos episodios nos afecta a todos, porque se traduce en pérdida de vidas y recursos.

Otra de las enseñanzas que muestra la tendencia es que la mesura que provocó entre los choferes la entrada en vigor de los cambios de la Ley 60 en 2003, fue posible además por el acompañamiento creciente de los niveles de prevención y enfrentamiento de la División Nacional de Tránsito y de los efectivos de la PNR.

Sin embargo, aunque el registro de accidentes aumente en uno, el fardo se siente muy pesado, porque algo —evitable— quedó por hacer.

No obstante, el panorama tuvo indicadores más loables en los meses de verano —julio y agosto—. Esta etapa, comparada con otras similares, está considerada entre los últimos seis años como la de resultados más halagüeños.

Imprudencias en la vía

Las principales indisciplinas son la distracción al conducir, el exceso de velocidad, no mantener la distancia de seguridad entre vehículos, no adecuar la conducción a las circunstancias del entorno, el irrespeto a las señales del tránsito, manejar bajo los efectos del alcohol o medicamentos, y la presencia de personas de avanzada edad en la vía.

Sobre este último detalle la sociedad debe meditar profundamente, más cuando la población cubana tiende al envejecimiento.

Son sucesos provocados también por el deterioro de la red vial, el deficiente estado de la señalización y la insuficiente ejecución de medidas dirigidas a la seguridad vial en puntos de conflicto y tramos de concentración de accidentes.

A lo anterior se añade el deficiente estado técnico de los vehículos, el incumplimiento de las normas de transportación de personas, la violación de lo establecido por parte de los peatones, el irrespeto de los conductores al derecho del peatón y la diversidad y heterogeneidad del parque vehicular en nuestro país.

El coronel Francisco Buzón Macías, jefe de la Dirección Nacional de Tránsito, precisó durante el V Taller Nacional de Prevención de Accidentes de Tránsito, que de 16 a 65 años de edad se concentra el mayor rango de víctimas fallecidas durante los accidentes. Cerca del 70 por ciento de las víctimas de 2008 tenían entre 31 y 45 años de edad; el nueve por ciento fueron personas mayores de 60, y otro 9,6 por ciento superaba los 70 años.

«No cambiar las luces mientras se cruza con otro carro en horario nocturno causa en los choferes un posible deslumbramiento que puede llevarlos a no divisar la presencia de un peatón, un ciclista o un bache. O adelantar en la cercanía de una curva de visibilidad reducida a un tractor, por el desespero, puede llevar al conductor al borde de la muerte», sostuvo el mayor Eduardo Creach González, jefe de la Sección de Educación Vial de la Dirección de Tránsito.

El inventario de accidentes muestra que en la actualidad la carga más pesada se debe al traslado masivo de pasajeros. Por el exceso de personas, imprudencias al conducir, o desperfectos de los vehículos, las estadísticas de pasajeros fallecidos se han disparado considerablemente. Siguen en el fatal cómputo, conductores, peatones y ciclistas.

«Debemos ser más exigentes con el control de los vehículos que se dedican al traslado masivo de pasajeros. Con frecuencia la altura de la baranda no es la adecuada, la distancia necesaria entre un pasajero y otro no es la establecida, y así aumentan los factores de riesgo. Todos tenemos que poner los ojos sobre esto, lo mismo las administraciones, los inspectores del transporte público, que los agentes de Tránsito», resaltó Buzón.

Sobre la necesidad del cumplimiento de lo establecido por el MITRANS en un documento que indica que todo transporte estatal que recorra ininterrumpidamente distancias mayores de 300 kilómetros debe llevar dos choferes, alertó también el Jefe de la Dirección Nacional de Tránsito, quien consideró que la violación de lo establecido ha conducido a terribles desenlaces. «Un chofer agotado atenta directamente contra la seguridad vial».

En el examen minucioso de las posibles causas de la accidentalidad en Cuba, Francisco Buzón retomó otra de las disposiciones que con frecuencia se pasan por alto. «Las administraciones —según se concreta en otro documento—, tienen que velar por el estado de las licencias de los conductores del centro, lo que se ha facilitado con el registro automatizado del expediente de los choferes: tan solo tienen que marcar el 106. Otra cuestión que tampoco se exige son los exámenes de recalificación, y esto sucede incluso en bases de transporte con choferes profesionales».

Según el coronel Buzón, en pocas entidades existe un plan de medidas contra los accidentes del tránsito, al tiempo que informó que en estos incidentes en la vía tienen mayor presencia los autos, los camiones y las motos, e incurren también en menor proporción los vehículos de tracción animal y los tractores.

Bailar con la más fea

En el último año la indisciplina vial se «disparó» en Ciudad de La Habana, provincia que antes había experimentado un descenso en estos índices. Ahora aparece a todas luces como la responsable, en cierta medida, de que nacionalmente el fenómeno haya revertido su tendencia.

Conductores y peatones no acaban de interiorizar cabalmente las complejidades que trae el aumento de la densidad vehicular en este territorio.

El aumento del flujo de carros, los parqueos indebidos y la convivencia de alrededor de cuatro generaciones de vehículos junto a otras variantes como los bicitaxis, dificulta y congestiona la circulación en la capital.

También a partir del segundo semestre del año 2008 hubo un incremento del transporte urbano, que se incorporó a las vías principales. Otra de las prioridades tiene que ser poner en óptimas condiciones las vías secundarias para despejar la circulación.

Los matices del dilema los ofreció el teniente coronel Reinaldo Becerra Acosta, jefe del Departamento de Dirección de la Dirección Nacional de Tránsito, quien puntualizó que «si las vías no tienen la suficiente capacidad para sostener todo este flujo, los conductores tienen que ser más prudentes.

«Hay vías en las que aunque se indique 60 kilómetros por hora de velocidad máxima, no se puede conducir a tal rapidez, porque las posibilidades no lo permiten. O sucede que se reparan arterias y entonces los conductores manejan a exceso de velocidad, porque los autos modernos son más veloces», destacó.

Las mismas vías tienen además una deteriorada red semafórica con cierta falta de sincronismo. En estas intersecciones la demora y el nudo de autos incita al desespero y a la agresividad entre conductores, más el gasto de combustible que ocasiona el embotellamiento.

Sobre el mal parqueo en avenidas también puso la mirada el teniente coronel Becerra: «Continúa siendo una prioridad eliminar en la ciudad estas manifestaciones. Hay muchas entidades que han ocupado deliberadamente la vía con este propósito, con parqueadores incluidos, y una zona de parqueo en el lugar incorrecto reduce la posibilidad de circulación y aumenta las probabilidades de accidente».

Explicó que la Comisión Provincial de Vialidad y Tránsito en Ciudad de La Habana ha sido muy exigente con esta problemática, y hasta la fecha se ha frenado la tendencia.

—¿Quién está facultado para autorizar las zonas de parqueo? ¿En cuáles vías está prohibido el estacionamiento?

—Este espacio lo aprueba la Comisión de Vialidad y Tránsito. Una vía principal no permite parqueos; por eso es tan importante que cualquier obra constructiva tenga en cuenta esta necesidad, para que después no se genere el problema. Y en las entidades que presentan esta situación, son sus directivos quienes tienen que darle una solución inmediata.

«Ni en la calle 23, ni en 25, ni en las avenidas Rancho Boyeros, Paseo y Vía Blanca, entre otras calles principales, se puede estacionar. Hay ejemplos de cómo hay quien ha quitado la prohibición de parqueo, y hasta en una ocasión a alguno se le ocurrió poner debajo de una de estas señales un horario en el que se permitía parquear. Son hechos totalmente insólitos».

Otro grave peligro es la sustracción de las señales verticales. Sin el efecto preventivo de la advertencia alguien no para o no cede el paso y entonces... suponer el final puede ser escalofriante.

El trabajo que está haciendo Ingeniería del Tránsito, en medio de las limitaciones de recursos, caería por tierra de mantenerse estas actitudes irresponsables. «Quienes incurren en este delito son sancionados por la Ley», comentó el teniente coronel.

Las violaciones relacionadas con las matrículas enturbian también el panorama. Según Becerra, son nuevamente las administraciones quienes tienen la responsabilidad de velar porque sus choferes no cometan estas infracciones.

«Para burlar el sistema de vigilancia tapan el numerito de la parte inferior de la chapa, o lavan esta con determinados productos para que pierda su brillantez y resulte menos legible, o la recubren de forma tal que a los agentes se les dificulta la lectura desde los 40 metros».

Diariamente, según opinó el especialista, en la capital cerca de 30 conductores son multados por esta razón. «La Ley —recordó— establece que todas las infracciones relacionadas con las chapas pertenecen al primer grupo de peligrosidad».

La descarga de mercancía, que con frecuencia se realiza en horario diurno en calles principales, o la reparación de estas, provocan también serios conflictos.

El Jefe de la Dirección de Tránsito informó que se empezará a reordenar la circulación y que en la ciudad de Holguín será donde primero se implementarán las nuevas propuestas.

Advirtió que acometer nuevas obras ingenieras es muy complejo y costoso; que todos los esfuerzos se destinan a la recuperación de las arterias principales y a las señales, así como se estudian nuevas alternativas viales.

Buzón retomó el tema de los accidentes masivos y puso luces rojas sobre el mismo. «Cuando el conductor de un carro de transportación masiva viola lo establecido, las consecuencias pueden ser catastróficas. Es lamentable que se descuide el estado técnico de estos vehículos, o que quienes los conduzcan vayan a exceso de velocidad. Como también es incorrecto que los choferes de los camiones de carga trasladen a personas, por ansias de lucro».

En el año anterior, según confirmaron las autoridades de Tránsito, varios ómnibus Yutong estuvieron involucrados en accidentes masivos. Y otro hecho que se repite es la transportación de personas en carretas tiradas por tractores, cuando no es este su destino y está prohibido por la Ley hacerlo.

Que la vida gane

La curva de la accidentalidad, a partir de 1981, describe cómo el número de siniestros ha disminuido en más del 50 por ciento. Los resultados, aunque podrían mejorar, nos remiten a una serie de nuevas medidas que se han aplicado en estos años.

Las modificaciones a la Ley 60, la creación del Grupo profesional de la Comisión Nacional de Vialidad y Tránsito, el sistema automatizado del expediente del conductor, las estrategias de comunicación social, las acciones de reparación de vías y señales y el desarrollo con carácter anual de las Jornadas del Tránsito, fueron algunas de las acciones desarrolladas.

Reforzó además el trabajo de prevención y enfrentamiento la creación de la Policía de Carretera y la reanimación de los puntos de control, la formación de una cultura vial a través del sistema nacional de enseñanza y la nueva concepción de los sistemas de vigilancia.

Entre las nuevas proyecciones, informó Buzón, se encuentran el impulso de soluciones dirigidas a minimizar los factores de riesgo, el desarrollo del control semafórico nacional, incrementar las oportunidades de preparación teórica y práctica de aspirantes y conductores y aplicar nuevas soluciones viales.

Implantar en todo el país el examen teórico automatizado para la obtención de la licencia, extender la aplicación de los sistemas de video-vigilancia y ampliar sus posibilidades para el control del tránsito a distancia, así como elaborar un Plan Nacional de Seguridad Vial, son algunos de los propósitos pendientes.

Durante la celebración del V Taller Nacional de Prevención de Accidentes de Tránsito, Carlos Hernández Roque, subdirector de Seguridad Vial en Sancti Spíritus, presentó un estudio sobre algunas consideraciones que entorpecen la concreción de un plan estratégico de seguridad vial en el país.

Señaló que las prácticas diversas de los que integran las comisiones de vialidad y tránsito y las diferentes estructuras de cada uno de los organismos y entidades a las que los implicados pertenecen, enlentecen el proceso de gestión de las acciones de seguridad vial.

El especialista mencionó, entre las limitantes de las comisiones, que a veces no se completa el ciclo directivo de estas estructuras, ya que se disuelve, en parte, el control efectivo, la fiscalización y regulación de las acciones que desarrollan.

Carlos Hernández precisó que los diferentes organismos e instituciones tienden a desarrollar su propia apreciación de los objetivos de la Comisión y cómo lograrlos, y generalmente no coinciden en los mismos tiempos para solucionarlos, ni establecen los mismos niveles de jerarquía.

Se necesita —expresó— centralizar la dirección de la seguridad vial para ahorrar esfuerzos y mejorar la coordinación y colaboración, ya que el tratamiento multisectorial del tema le imprime un carácter especial a la gestión de esta Dirección.

«Como la confección del Plan de Seguridad Vial se debe basar en la aplicación de los principios de Planeación Estratégica, con todas sus implicaciones, es necesario realizar primero mejoras en el plano institucional que permitan pasar a su implementación», recomendó.

El sistema social cubano —concluyó— imprime un entorno muy favorable a estas acciones, a pesar de las limitaciones de tipo económicas del país y del bloqueo que nos imponen desde el Norte, porque existe una sensibilidad especial hacia la problemática de la accidentalidad.

Además de los problemas objetivos, queda ganar en conciencia. Quebrantar lo establecido puede llevarnos a vivir en ese infierno. Los saldos son duros: la vida propia, o las de otros.

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