Un jardín donde crezcan las flores - Cuba

Un jardín donde crezcan las flores

Autor:

Rocío Trujillo Olivares

En el Gran Parque Metropolitano de La Habana los pequeños adquieren conocimientos sobre ciencia y técnica

Cada día que pasa, al despertar, me pregunto si un día ayudarán los niños del mañana en un jardín donde puedan saltar y sonreír, sin que falten las rosas ni el jazmín.

Así espera José A. Millán, autor del tema musical Los niños cantan al mundo, que podamos disfrutar del medio ambiente.

Con esta canción y otras manifestaciones que promueven el intelecto, muchos infantes capitalinos se divirtieron durante el II Festival Infantil y Popular de la Ciencia y la Tecnología, en el Gran Parque Metropolitano de La Habana.

Simultáneas de ajedrez, muestras de reacciones químicas, competencia de conocimientos ornitológicos, lanzamiento de cohetes, actividades deportivas como el equilibrio del balón, venta de libros y confituras, y las coloridas aventuras de La Colmenita y la Compañía de Giganterías de La Habana, fueron algunas de las opciones.

En esta ocasión la fiesta infantil contó con 14 áreas de exposición y más de 70 expositores del Ministerio de Ciencia, Tecnología y Medio Ambiente (CITMA), la Universidad de La Habana, el Instituto Superior Politécnico José A. Echeverría, el Ministerio de Educación Superior y otras instituciones.

«Aquí provocamos al asistente a que indague, a que toque las muestras y pregunte, porque esta es una fiesta del conocimiento en un medio natural muy positivo, que propicia además el intercambio con glorias del deporte cubano, por ejemplo», asegura Juan José Paretas, consultor asociado del Parque Metropolitano.

También se llegó hasta el Parque el campeón olímpico Félix Savón. Allí se sintió como un niño: «Siempre me ha gustado relacionarme con los más pequeños; por eso vengo, a coger aire puro. El deporte es una forma más de contribuir al bienestar social, y ellos serán hombres de bien si aprovechan este tiempo», dijo.

Fiesta de conocimientos

Esta es una fiesta infantil que cada año pretende reunir a más niños para incentivar en ellos el cuidado de nuestro planeta azul. Arturito solo tiene cinco años y no cabe en su alegría: «Ligué un blanco con otro blanco y tuve un amarillo. ¡Eso me gusta!».

Sus padres son científicos y les interesa que aprenda de todo. Dania, su mamá, considera que es bueno traerlo a estas actividades, porque de esta forma se va poniendo en contacto con cosas de la naturaleza que pasan normalmente y que ahora mismo no entiende, pero en algún momento les encontrará explicación.

Con sus ocho añitos Karla aprendió que las rocas se cortan y se ponen en un cristal para ver lo que tienen dentro. «Eso me sirve para la escuela y me gustaría estudiarlo en un futuro. Es muy interesante».

Alejandra también tiene ocho y quiere ser científica como su abuelo. «Él me enseñó algunas cosas de ciencia, porque de ellas se aprende mucho; por ejemplo, los paleontólogos saben de los dinosaurios, y otras personas saben de otras cosas. Si tú coges una tiza, le haces un redondel, y la pones en el sol unos minutos, se colorea sola».

Planeta para todos

Charlas sobre el cuidado de la naturaleza, la contaminación, y qué hacer para evitar el deterioro de nuestro mundo, llegaron a los infantes.

«En mi escuela hay un círculo de interés que estudia la naturaleza y cuando era más chiquito estuve en él. Allí aprendí sobre los insectos, las mariposas... Me gusta cuidar el medio ambiente y por eso vine hoy al Parque Metropolitano; los niños debemos convencer a los mayores de que si cortan los árboles dañan los bosques, pues estos absorben el dióxido de carbono y los devuelven en forma de oxígeno. Son los pulmones de la sociedad», explica Alejandro, de diez años.

A Reynaldo, de 11, le gustó mucho lo que enseñaron sobre el proceso de evaporación del agua, pues eso lo estudia en la escuela.

El Instituto de Investigaciones Científicas de Venezuela, a través del Ministerio del Poder Popular para la Ciencia y la Tecnología, realizó un convenio con el CITMA y en esta ocasión donó dos planetarios itinerantes.

Son carpas de seis metros de diámetro por tres de alto con capacidad para recibir hasta 70 personas. Estos planetarios pueden ser instalados en diferentes comunidades o escuelas con el objetivo de que niños y jóvenes disfruten y aprendan del sistema solar y las constelaciones.

«Los niños descubren cosas dentro del planetario que les permiten desarrollar su intelecto y aprender sobre el calentamiento global y la contaminación del planeta», afirma Yamira Rodríguez, coordinadora del Programa Ciencia para el Pueblo, de la República Bolivariana de Venezuela.

El Gran Parque Metropolitano de La Habana, con la belleza de sus árboles, la música de sus aves y su fácil acceso, es lugar idóneo para que niños y adultos se distraigan y a su vez adquieran conocimientos sobre el medio ambiente. Experiencias como las de este Festival Infantil y Popular para la Ciencia y la Tecnología deberían extenderse a otros terrritorios para que en cada uno haya jardines donde crezcan las flores.

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